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Nuestro Amor Quedó Pendiente

Nuestro Amor Quedó Pendiente

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Escuela / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

Un amor de adolescentes que a pesar de los años sigue pendiente

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El nuevo compañero

Valeria tenía quince años cuando conoció a Mateo.

Hasta aquel momento, su vida había transcurrido con la tranquilidad propia de un pueblo pequeño. Todos conocían a todos. Las familias se saludaban por las calles, los niños jugaban en las mismas plazas donde habían jugado sus padres y, en la escuela, casi nunca aparecía alguien completamente nuevo.

Por eso aquella mañana llamó tanto la atención.

Valeria entró al salón con sus libros contra el pecho y se sentó en su lugar habitual, junto a la ventana. Desde allí podía ver una parte del patio y, más allá de la escuela, algunas de las casas del pueblo.

—¿Ya hiciste la tarea de matemáticas? —preguntó Camila, su mejor amiga.

—Sí. Anoche.

—¿Me la prestas?

Valeria comenzó a reír.

—Sabía que me la ibas a pedir.

—Por algo eres mi mejor amiga.

Antes de que pudiera responder, la profesora entró al salón.

Pero aquella vez venía acompañada.

Detrás de ella caminaba un muchacho que Valeria nunca había visto.

Era alto, de cabello oscuro y mirada tranquila. Llevaba el uniforme nuevo, perfectamente limpio, aunque parecía incómodo dentro de él. Miraba a sus compañeros intentando descubrir dónde sentarse.

La profesora dejó unos libros sobre el escritorio.

—Buenos días. Antes de comenzar quiero presentarles a alguien. Él es Mateo. Desde hoy será su compañero de clase.

Mateo levantó ligeramente la mano.

—Buenos días.

Algunos estudiantes lo saludaron.

La profesora observó los pupitres.

—Como tenemos un lugar vacío junto a Valeria, puedes sentarte allí.

Valeria sintió que varias miradas se dirigían hacia ella.

Mateo caminó hasta su lugar.

—Hola.

—Hola —respondió ella.

—¿Puedo sentarme?

—Sí.

Mateo dejó su mochila en el suelo y tomó asiento.

Durante los primeros minutos permanecieron en silencio.

Valeria intentaba prestar atención a la clase, pero de vez en cuando miraba de reojo al nuevo compañero. Parecía estar bastante perdido.

Finalmente, Mateo se inclinó hacia ella.

—¿Qué página es?

—La treinta y dos.

—Gracias.

Unos minutos después volvió a preguntarle:

—¿Siempre dejan tanta tarea aquí?

Valeria sonrió.

—Sí.

Mateo hizo una expresión de preocupación.

—Entonces creo que voy a arrepentirme de haber venido.

Valeria soltó una pequeña carcajada.

—Todavía puedes escapar.

Mateo la miró y sonrió.

Fue una conversación insignificante.

Al menos eso parecía.

Ninguno de los dos podía imaginar que muchos años después recordarían aquel momento con una mezcla de nostalgia y tristeza.

Durante el recreo, Mateo se acercó nuevamente a Valeria y Camila.

—¿Me pueden ayudar?

—¿Con qué? —preguntó Camila.

—No conozco nada del pueblo. ¿Dónde queda la biblioteca?

Valeria se levantó.

—Te la puedo mostrar.

Camila la miró con una sonrisa que hizo que Valeria se pusiera nerviosa.

—¿Qué? —preguntó Valeria.

—Nada.

—No pongas esa cara.

—Yo no estoy haciendo nada.

Mateo las observaba sin entender.

—¿Vamos?

—Sí —respondió Valeria.

Mientras caminaban por el pasillo, Mateo comenzó a contarle que acababa de mudarse con sus padres. Su padre había conseguido un trabajo en el pueblo y, por eso, habían tenido que dejar la ciudad donde había vivido desde pequeño.

—¿Te gusta este lugar? —preguntó Valeria.

—Todavía no sé.

—¿Y qué extrañas?

—Mis amigos. Mi antigua escuela.

Valeria bajó la mirada.

—Te vas a acostumbrar.

Mateo la miró.

—¿Tú crees?

—Sí.

—¿Y cómo sabes?

Ella sonrió.

—Porque si eres amable, seguramente vas a hacer amigos rápido.

—¿Tú serías mi amiga?

Valeria se quedó callada un segundo.

—Supongo que sí.

Mateo sonrió.

—Entonces ya tengo una.

Después de clases, Valeria le enseñó algunos lugares del pueblo.

La plaza.

La pequeña tienda donde todos compraban dulces.

El camino que llevaba al río.

Y finalmente un viejo árbol detrás de la escuela.

—Aquí venimos cuando queremos estar tranquilos —le explicó.

Mateo se sentó bajo el árbol.

—Me gusta.

Valeria se sentó a su lado.

—¿Vas a quedarte mucho tiempo?

—Creo que sí.

—Entonces vas a terminar conociendo todo el pueblo.

—¿Tú me lo vas a enseñar?

Valeria sonrió.

—Tal vez.

Mateo la miró durante unos segundos.

—Me caes bien, Valeria.

Ella sintió algo extraño en el pecho.

No sabía qué era.

Solo sabía que le gustaba escuchar su nombre pronunciado por él.

—Tú también me caes bien.

Aquella tarde regresaron a sus casas.

Valeria llegó sonriendo.

Su madre estaba en la cocina y la miró con curiosidad.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—Estás sonriendo.

—¿No puedo sonreír?

—Claro que sí.

Valeria tomó un vaso de agua y trató de disimular.

Pero no pudo evitar pensar en Mateo.

Mientras tanto, en la casa de él, la conversación era muy diferente.

Su madre estaba colocando la cena sobre la mesa cuando Mateo llegó.

—¿Cómo estuvo tu primer día?

—Bien.

—¿Hiciste amigos?

—Sí.

—Qué bueno.

Mateo tomó asiento.

—Hay una chica que me ayudó mucho.

Su madre levantó la mirada.

—¿Una chica?

—Una compañera. Se llama Valeria.

El padre de Mateo, que hasta entonces había permanecido en silencio, dejó los cubiertos sobre la mesa.

—¿Valeria qué?

Mateo lo miró sorprendido.

—No sé. Valeria.

—¿De qué familia es?

—No sé, papá.

Su padre frunció el ceño.

—Deberías saber con quién te juntas.

Mateo no entendió aquella reacción.

—Solo es mi compañera.

—Pues ten cuidado.

—¿Por qué?

Su madre intervino rápidamente.

—Tu padre solo quiere que tengas buenas amistades.

Pero la expresión de ambos decía algo diferente.

Mateo terminó de cenar sin darle demasiada importancia.

Todavía no sabía que sus padres ya habían escuchado hablar de la familia de Valeria.

Y tampoco sabía que ellos tenían una opinión formada sobre aquella muchacha mucho antes de conocerla.

Para sus padres, Valeria no pertenecía al mundo que imaginaban para su hijo.

Pensaban que Mateo debía relacionarse con personas de su misma posición, con familias que ellos consideraban adecuadas.

Y aunque Mateo apenas acababa de conocerla, sus padres ya habían decidido que aquella amistad no les gustaba.

Pasaron las semanas.

Mateo y Valeria comenzaron a pasar cada vez más tiempo juntos.

Estudiaban juntos.

Caminaban después de clases.

Compartían sus secretos.

Se reían por cosas que nadie más entendía.

Y sin darse cuenta, aquella amistad comenzó a transformarse en algo diferente.

Una tarde, mientras caminaban junto al río, Mateo se detuvo.

—Valeria.

—¿Qué pasa?

—Quiero preguntarte algo.

—Pregunta.

Mateo parecía nervioso.

—¿Tú tienes novio?

Valeria abrió los ojos.

—No.

—Ah.

—¿Por qué preguntas?

—Por curiosidad.

Ella sonrió.

—¿Y tú?

—Tampoco.

Continuaron caminando.

Ninguno volvió a mencionar el tema.

Pero los dos iban sonriendo.

Aquella noche, Valeria escribió en su diario:

"Creo que Mateo me gusta."

Y en otra casa, Mateo permaneció despierto durante varios minutos pensando exactamente lo mismo.

Todavía eran demasiado jóvenes para comprender todo lo que significaba enamorarse.

No sabían que el primer amor podía ser tan hermoso como doloroso.

No sabían que algún día tendrían que separarse.

No sabían que la vida los llevaría por caminos completamente diferentes.

Y mucho menos imaginaban que, después de muchos años, cuando ambos creyeran que aquel amor pertenecía al pasado, el destino volvería a ponerlos frente a frente.

Pero aquella historia apenas estaba comenzando.

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Gloria Martinez Rodiguez
me gusta, pero tiene demasiados vacíos, k dejan inconclusa la novela. necesito una o dos capítulos más para un buen final
ariadna violet
☺️
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