Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 17
Nina
No supe en qué momento pasó.
Pero pasó.
Le había tomado cariño a Bastian.
Uno real.
Silencioso.
De esos que no se anuncian…
pero se sienten.
Pasábamos mucho tiempo juntos.
Reuniones.
Ideas.
Conversaciones que empezaban en trabajo…
y terminaban en cualquier otra cosa.
El programa de sensibilización crecía.
Y yo con él.
No tenía experiencia en ese tipo de proyectos.
Pero estaba aprendiendo.
Mucho.
Leía.
Investigaba.
Veía conferencias.
Tomaba notas.
No quería estar ahí solo para asentir.
Quería aportar.
Cuestionar.
Construir.
Porque por primera vez…
sentía que lo que hacía…
tenía sentido.
También estaba Sofía.
Su energía era completamente distinta a la mía.
Pero, de alguna forma…
encajábamos.
—¿Siempre eres tan seria? —me preguntó un día, sentándose frente a mí con un jugo en la mano.
—Siempre.
—Qué agotador.
La miré.
—Para los demás, tal vez.
Sonrió.
—Me caes bien.
—Eso es nuevo para mí.
Se rió.
—Mi hermano tiene buen gusto.
Fruncí el ceño.
—No es lo que crees.
—Ajá.
Me señaló con el dedo.
—Esa frase siempre significa lo contrario.
Negué suavemente.
—Somos amigos.
Sofía inclinó la cabeza.
—Por ahora.
No respondí.
Pero algo dentro de mí…
se movió.
Seguía trabajando desde casa.
Vendiendo documentos digitales.
Había mejorado en su creación por lo que los ingresos me permitían ahorrar.
Ese día, Bastian me llamó.
—Hola, Nina.
—Hola, Bastian. ¿Cómo estás?
—Bien. ¿Y tú?
—Bien.
Silencio breve.
—Aceptaré la oferta —dijo finalmente—. Pero con condiciones.
Sonreí levemente.
—Es lo mejor.
Me recosté en la silla.
—Puedes aprender de cada proceso, mejorarlo… y después decidir si te conviene crear tu propia línea o buscar otra empresa.
—Tienes razón —respondió—. Además… es una forma de mantenerlos vigilados.
Asentí.
—Exacto.
Silencio.
Demasiado largo.
Miré la pantalla.
Los segundos pasaban.
—¿Bastian?
—Perdón… —su voz cambió apenas—. Te llamo luego.
Me incorporé.
—¿Estás bien?
—Sí… estoy bien.
No sonaba convincente.
—Cuídate.
—Tú también.
Colgó.
Y algo no encajó.
Su tono…
no era el de siempre.
Guardé el teléfono.
Pero la inquietud…
se quedó.
Más tarde fui a reclamar los medicamentos de mi madre.
El lugar estaba lleno.
Tomé turno.
Esperé.
—Nina.
Cerré los ojos un segundo antes de girarme.
Camila.
—Qué grosera eres —dijo, con esa sonrisa suave que ya conocía.
La miré sin disimular.
—Lo dice la mujer que me juzgó durante más de un año por mi forma de ser.
Su expresión no cambió.
—Yo nunca te juzgué, cariño. Solo quería ayudarte.
—Claro.
—La única perjudicada de que seas… bueno, así como eres…
Hizo una pausa.
Me miró con lástima.
—Eres tú.
La recorrí con la mirada.
De arriba abajo.
Sin prisa.
—Sabiendo que eres una persona tan religiosa…
Me acerqué un poco.
—Quien juzga al hijo… juzga al padre.
Por primera vez…
titubeó.
Mi turno apareció en la pantalla.
—Permiso.
Reclamé los medicamentos.
Pero al salir…
seguía ahí.
—Eso de perseguir se les da bien —murmuré.
La ignoró.
—¿Ahora eres la novia de Bastian Kros?
Suspiré.
—No estoy obligada a hablar de mi vida personal.
La miré directo.
—Pero para que no se haga ideas equivocadas: no.
Hice una pausa.
—Somos muy buenos amigos.
Vi su molestia.
Sutil.
Pero real.
Y, por primera vez…
sentí algo distinto.
Satisfacción.
Camila siguió hablando.
Preguntando.
Insistiendo.
Dejé de responder.
—Que tenga buena tarde.
Y me fui.
Bastian no me había escrito.
Le envié un mensaje.
Nada.
La preocupación creció.
Horas después, respondió.
“Estoy bien. Resolviendo un asunto. Perdón si no respondo.”
Exhalé.
“No te preocupes. Si puedo ayudarte en algo, dime.”
“Gracias.”
Nada más.
No insistí.
Pero no dejé de pensar en eso.
Al llegar a casa, revisé unos paquetes.
Pedidos de clientes.
Material de trabajo.
Abrí el primero.
Normal.
El segundo.
Congelé el movimiento.
Dentro…
había cabello.
Mechones.
Oscuros.
Cortados.
Solté un grito.
La caja cayó al suelo.
Mi corazón se aceleró.
Las manos me temblaban.
Retrocedí.
No entendía.
Pero sabía.
Esto no era casualidad.
Mi teléfono vibró.
Mensaje.
Número desconocido.
“Te dije que podía encontrarte.”
El aire desapareció.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro