NovelToon NovelToon
Dos Mundos, Un Destino

Dos Mundos, Un Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:533
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
​Pero al caer la noche, todo cambia.
​Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
​Mientras la ten

NovelToon tiene autorización de anónimo 2710 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Diez cuadras de carrera y un profesor estricto

La mañana comenzó con un verdadero desastre en la residencia estudiantil. Alexandra estaba corriendo de un lado a otro junto a Vanessa, porque, para variar, esta vez las dos se habían quedado dormidas.

​—¡Corre, Vanessa, que se nos va el autobús! —gritó Alexandra mientras terminaba de ajustarse la mochila a toda prisa y salía disparada hacia la puerta principal de los dormitorios.

​Vanessa venía detrás de ella, intentando acomodarse el suéter mientras trotaba sin aliento:

​—¡Voy, voy! ¡Espérate un segundo que mis piernas no responden! —chillaba su amiga mientras corrían por la calle a toda velocidad.

​Sin embargo, cuando por fin llegaron sofocadas a la parada, la peor escena posible se dibujó frente a sus ojos: el autobús escolar ya se estaba alejando, doblando la esquina.

​—Ay no... el autobús se fue. Alexandra, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Vanessa con los ojos abiertos de par en par, deteniéndose a respirar con las manos en las rodillas.

​—Nos va a tocar irnos corriendo, Vane —respondió Alexandra con determinación, mirando la hora en su teléfono.

​—¿Estás loca? ¡Queda súper lejos! —protestó Vanessa haciendo una mueca de horror.

​—No está tan lejos, lo que pasa es que tú eres una floja de primera. ¡Vamos, muévete que llegamos tarde! —le recriminó Alexandra, agarrándola del brazo para obligarla a arrancar de nuevo.

​Y así lo hicieron. Se lanzaron a correr las diez cuadras que las separaban del instituto. Con el corazón en la boca y las piernas quemándoles por el esfuerzo, lograron hacer el recorrido en aproximadamente seis minutos. No obstante, cuando llegaron jadeando al portón principal, se encontraron con un obstáculo inesperado: el guardia de seguridad cruzó los brazos y se negó a abrirles.

​—Muchachitas, ya pasaron diez minutos de la hora de entrada. Saben las reglas —dijo el guardia con gesto serio.

​—Por favor, seño, déjenos pasar, se lo suplicamos... Le prometemos de verdad que no vamos a volver a llegar tarde nunca más en la vida —suplicó Alexandra juntando las manos con cara de perrito faldero.

​Vanessa, todavía intentando recuperar el aire, agregó con una gotita de sudor en la frente:

​—Bueno... trataremos de no hacerlo, se lo juro.

​Viendo la desesperación de ambas, el guardia soltó un suspiro, ablandó un poco el gesto y abrió el portón:

​—Está bien, pasen rápido antes de que las vea el director.

​No lo pensaron dos veces. Cruzaron el portón a toda marcha, corriendo por los pasillos hasta llegar a la puerta del salón. Al abrirla con cuidado, se encontraron con que el profesor de matemáticas, el estricto señor Carlos, ya estaba explicando en el pizarrón.

​El profesor se giró lentamente, las miró fijamente por encima de sus anteojos y cruzó los brazos:

​—Vaya, vaya... Ni una semana de clases llevamos y ya están llegando tarde. ¿Se puede saber cuál es la excusa de hoy? —les preguntó con tono severo.

​Vanessa dio un paso al frente, agachando la cabeza a modo de disculpa:

​—Disculpe, profesor... Es que el autobús nos dejó en la parada y tuvimos que venirnos corriendo desde muy lejos.

​El señor Carlos negó con la cabeza, esbozando una media sonrisa irónica:

​—Pues a la próxima párense más temprano, señoritas. Ahora, guarden silencio, siéntense en sus puestos y presten absoluta atención a la clase.

​Caminaron sigilosamente hacia sus pupitres y se sentaron de inmediato para sacar los cuadernos de cálculo. Durante un buen rato, Alexandra intentó concentrarse al máximo, prestando la mayor atención posible a las complejas fórmulas que llenaban el pizarrón para evitar ganarse otro regaño.

​Sin embargo, en un pequeño descuido del profesor, Vanessa se inclinó disimuladamente hacia el lado y le murmuró al oído, con una sonrisa pícara que intentaba ocultar:

​—Oye, Ale... cambiando de tema y aprovechando que el viejo no voltea... ¿Cómo te fue ayer con tu novio en el juego?

​Alexandra sintió que las mejillas se le calentaban de inmediato. Giró un poquito la cabeza para fulminarla con la mirada y le siseó en un susurro indignado:

​—¡Te lo he dicho mil veces, Vanessa: no es mi novio! Nos la pasamos peleando, gritándonos y discutiendo todo el maldito juego de principio a fin. ¡Punto!

​Vanessa soltó una risita burlona por lo bajo, acomodándose el lápiz entre los dedos:

​—Ajá, sí, claro... como digas. Ammm, pero supongo que al menos le dijiste lo que te pedí, ¿no? ¿Le mandaste saludos de mi parte?

​Alexandra rodó los ojos hacia el techo, recordando la caótica partida de la noche anterior, y le respondió en voz baja:

​—La verdad... le dije que no. Se me olvidó por completo con tantas discusiones. Pero bueno, no te preocupes, porque mañana nos volvemos a reunir para jugar otra vez, así que supongo que...

​—¡¿Mañana se vuelven a reunir?! —exclamó Vanessa un poquito más alto de la cuenta, ganándose de inmediato una mirada fulminante y un silbido de advertencia por parte del profesor Carlos desde el frente del salón.

​Alexandra se encogió en su pupitre, dándole un codazo disimulado a su amiga mientras intentaba contener la risa, con la certeza de que el próximo encuentro en el servidor iba a ser, sin duda, igual de explosivo que siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play