NovelToon NovelToon
Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

El sol de la mañana iluminaba la cocina de la mansión, pero el ambiente dentro de ella helaba más que el congelador.

Suki llevaba al menos diez minutos limpiando la misma taza de porcelana con una servilleta, con el corazón dándole vueltas en el pecho. Cada vez que escuchaba un paso cerca de la puerta, se ponía rígida como una tabla. Anoche, tras el beso bajo los fuegos artificiales, no había podido pegar un ojo en toda la madrugada.

La puerta de la cocina se abrió y Jeon Jungkook entró. Lucía una camisa blanca impecable, el cabello perfectamente peinado hacia atrás y una expresión que intentaba ser impenetrable. Sin embargo, sus ojeras delataban que tampoco había dormido mucho.

Suki dio un salto y casi deja caer la taza.

—G-buenos días, Sr. Jeon —saludó Suki rápidamente, haciendo una inclinación exagerada—. El desayuno está listo. Preparé café negro, exactamente como le gusta al... al director de la casa.

Jungkook se aclaró la garganta, sintiendo una punzada de culpa al ver la actitud tan formal de Suki. Él estaba aterrado. Jamás se había sentido tan vulnerable ni tan descontrolado como la noche anterior. Asustado por la velocidad con la que ella se estaba adueñando de sus pensamientos y temiendo hacerle daño en el futuro, había decidido poner distancia.

—Señorita Kim... —empezó Jungkook con una voz fría y formal que pareció un balde de agua helada sobre Suki—. Sobre lo de anoche... quiero disculparme.

Suki se congeló con la jarra de café en la mano.

—La atmósfera del festival, las luces... me dejé llevar por el momento —continuó Jungkook, evitando mirarla directamente a los ojos—. Fue irresponsable de mi parte como su empleador. Las cosas entre nosotros están yendo demasiado rápido. Espero que podamos olvidar lo sucedido y mantener una relación estrictamente profesional por el bien de la casa.

Cada palabra de Jungkook se sintió como un pequeño alfiler en el corazón de Suki. Sintió un nudo amargo en la garganta, pero tragó saliva y levantó la barbilla con toda la dignidad que le quedaba.

—Tiene toda la razón, Sr. Jeon —respondió Suki, forzando una sonrisa amable y profesional que no le llegaba a los ojos—. Fue solo una confusión del momento. No se preocupe, no volverá a repetirse. Me limitaré estrictamente a mis labores con Byul.

Jungkook apretó el puño a su costado. Quería retirar cada palabra al ver la tristeza en los ojos de Suki, pero su orgullo y sus miedos se lo impidieron. Se dio la vuelta y salió de la cocina sin probar un solo bocado de su café.

Durante los dos días siguientes, la mansión Jeon se convirtió en un desierto de cortesía fría.

Suki hablaba con Jungkook solo con "Sí, señor", "Entendido, director" y reverencias de noventa grados. Jungkook, por su parte, pasaba el día entero encerrado en su estudio, aparentando leer informes mientras se moría de ganas de escuchar las risas de Suki en el pasillo.

A la tercera tarde, Jeon Byul ya no pudo aguantar más.

El pequeño estaba sentado en la isla de la cocina junto al secretario Park Ho-jin, observando cómo Suki limpiaba la mesa en un silencio sepulcral que daba pánico.

—Tío Ho-jin —susurró Byul, tirándole de la manga al secretario—. La casa volvió a oler a cueva fría. Mi tío parece un zombi de traje y Suki ya no canta sus canciones tontas mientras cocina. Esto es una emergencia código rojo.

—Lo sé, pequeño amo —suspiró Ho-jin con pesar—. El director Jeon mira la pared de su oficina durante tres horas seguidas y suspira. Es insoportable. Tenemos que intervenir.

Byul sonrió con malicia y le hizo una seña a Ho-jin para que se inclinara.

—Tengo un plan —susurró Byul—. Necesito tu ayuda con la llave máster de la despensa.

Veinte minutos después, Suki entró a la gran despensa de la cocina para buscar un frasco de mermelada de fresa a petición de Byul. La despensa era un cuarto amplio e insonorizado con estanterías altas de mármol y madera.

Apenas dos minutos después, la puerta de la despensa se abrió y Jungkook entró caminando distraído.

—Sra. Kang, ¿dónde dejó los documentos del...? —Jungkook se detuvo en seco al ver a Suki parada al fondo sobre una pequeña banqueta de madera.

Suki se giró al escucharlo y la incomodidad llenó la habitación al instante.

—Ah, Sr. Jeon. Disculpe, ya me retiro —dijo Suki apresuradamente, bajando de la banqueta.

Pero antes de que pudiera dar tres pasos hacia la salida, un fuerte *¡CLACK!* resonó en el pasillo. La pesada puerta de roble de la despensa se cerró de golpe. Segundos después, se escuchó el chirrido distintivo de una llave girando en la cerradura desde el exterior, seguido del chasquido del interruptor general de luz.

La despensa quedó sumida en una oscuridad total.

—¡Hey! ¡Byul! ¡Ho-jin! —gritó Jungkook, corriendo hacia la puerta y sacudiendo la perilla. Estaba atascada por fuera—. ¡Abran la puerta inmediatamente!

Desde el otro lado de la puerta, la voz afinada y traviesa de Byul resonó claramente:

—¡No la abriremos hasta que dejen de actuar como tontos! ¡Se quedan ahí hasta que arreglen lo del beso del festival!

—¡Jeon Byul! ¡Abre esto ahora mismo o estarás castigado hasta que cumplas dieciocho años! —amenazó Jungkook golpeando la madera.

—¡El secretario Ho-jin tiene la llave y promete no soltarla! —gritó Byul—. ¡Buena suerte, tortolitos!

Se escucharon los pasos apresurados del niño y del secretario alejándose por el pasillo.

Jungkook soltó un exabrupto y se pasó las manos por la cara en la oscuridad.

De pronto, un pequeño chillido resonó en la esquina de la despensa.

—¡Ay! —exclamó Suki, tropezando en la penumbra con una caja de conservas y cayendo de nalgas contra el suelo.

—¡Suki! —Jungkook olvidó la puerta de inmediato. Se guio por el sonido en la oscuridad y se arrodilló a su lado—. ¿Estás bien? ¿Te golpeaste?

—Estoy bien... solo mi mala suerte habitual —murmuró Suki en voz baja, intentando alejarse un poco de él en la oscuridad.

Jungkook sacó su teléfono del bolsillo y encendió la linterna. La luz dorada iluminó el pequeño espacio entre ellos. Suki estaba sentada en el suelo, abrazando sus rodillas, evitando mirarlo.

Jungkook se sentó en el piso frente a ella, apoyando la espalda contra la estantería. El silencio entre los dos era denso, interrumpido solo por sus respiraciones.

—Suki... —comenzó Jungkook suavemente—. Lamento que tengamos que estar encerrados aquí.

—No se preocupe, Sr. Jeon —respondió ella con frialdad—. Es solo un inconveniente laboral. Cuando Byul se aburra, nos dejará salir.

Jungkook cerró los ojos, sintiendo un dolor agudo en el pecho ante la distancia de Suki. No aguantó más. Extendió la mano y le tomó la muñeca con delicadeza, haciendo que ella lo mirara.

—Deja de llamarme Sr. Jeon —pidió él con voz ronca y necesitada—. Y deja de hablarme como si fuera un desconocido. Me está matando.

Suki lo miró a los ojos bajo la débil luz de la linterna del teléfono. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas de frustración.

—¿Y qué quiere que haga, Jungkook? —dijo ella con la voz entrecortada—. Dijiste que lo del festival fue un error. Que fue por la atmósfera, que fue irresponsable. Me dejaste claro que no debo hacerme ilusiones porque tú eres el jefe rico y yo solo la niñera torpe con mala suerte. Estoy intentando hacer lo que me pediste.

—¡Mentí! —interrumpió Jungkook en un exabrupto sincero.

Suki se quedó helada.

Jungkook se acercó más a ella, tomándole ambas manos con fuerza entre las suyas. Sus ojos oscuros brillaban con una honestidad desarmante.

—Mentí porque tuve miedo, Suki —confesó Jungkook en un susurro desesperado—. Desde que mi hermano murió, cerré mi corazón para no volver a sentir dolor. Construí esta casa fría y me concentré solo en trabajar. Pero luego llegaste tú... con tu paraguas roto, tu mala suerte absurda, tu risa ruidosa y tu corazón enorme. Llenaste mi vida de luz en dos semanas.

Suki escuchaba sin atreverse a pestañear, sintiendo cómo su corazón latía desenfrenado.

—Anoche no fue un error —continuó Jungkook, acercándose tanto que sus alientos se mezclaron—. Besarte fue lo único real y hermoso que he hecho en años. Tuve miedo de lo rápido que me enamoré de ti, y tuve miedo de no ser lo que necesitas. Pero estos dos días sin escucharte reír han sido una pesadilla. No fue un error, Suki... Me gustas. Me gustas tanto que ya no sé cómo vivir en esta casa si no estás a mi lado.

Las lágrimas finalmente rodaron por las mejillas de Suki, pero esta vez eran de pura felicidad.

—Eres un idiota, Jeon Jungkook —susurró Suki con una sonrisa entrecortada—. Me hiciste sufrir dos días enteros.

—Lo sé. Soy un idiota cobarde —admitió él con una sonrisa dulce y contrita—. ¿Me perdonas?

En lugar de responder con palabras, Suki se inclinó hacia adelante, recortó la distancia y puso sus manos en las mejillas de Jungkook, uniéndolos en un beso cálido, profundo y lleno de alivio.

Jungkook la rodeó con sus brazos por la cintura, jalándola contra su pecho con posesiva ternura. La linterna del teléfono cayó al suelo, iluminando desde abajo la escena de los dos abrazados en el suelo de la despensa, borrando cualquier duda o temor.

Minutos después, la puerta de la despensa se abrió de golpe con un chasquido.

La luz del pasillo se encendió y la Sra. Kang, Byul y el secretario Ho-jin aparecieron en la puerta.

Suki y Jungkook se separaron rápidamente, aunque Jungkook mantuvo su brazo firmemente envuelto alrededor de los hombros de Suki, sin intención de soltarla.

Byul miró a ambos, vio sus mejillas sonrojadas y sus sonrisas tontas, y soltó un grito de victoria:

—¡Ja! ¡Sabía que mi plan funcionaría! ¡El tío Kook ya no tiene cara de zombi!

El secretario Ho-jin dejó escapar un suspiro de alivio:

—Gracias al cielo. Ya puedo pedir mi pizza en paz.

Jungkook se levantó del suelo, ayudando a Suki a ponerse de pie con infinita delicadeza. Miró a su sobrino y luego al secretario con una ceja levantada, aunque una sonrisa radiante no abandonaba sus labios.

—Byul, Ho-jin... están perdonados —dijo Jungkook, tomando la mano de Suki frente a todos y entrelazando sus dedos con orgullo—. Porque gracias a su encierro, acabo de encontrar la mejor suerte de mi vida.

Suki sonrió sonrojada, apretando la mano de Jungkook, sabiendo que, aunque los obstáculos estuvieran por venir, su amor acababa de volverse invencible.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play