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Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor de la infancia / Romance de oficina / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Sinopsis
​Atrapada durante una década en un matrimonio marcado por el maltrato psicológico y el control asfixiante de su esposo Esteban, Sofía ha visto cómo su brillante formación y su autoestima se consumían en el silencio. Su vida da un vuelco inesperado cuando un viaje de trabajo la reencuentra con Mateo, un amigo de la infancia convertido en un poderoso líder corporativo que jamás olvidó la promesa de protegerla.
​Con el apoyo inquebrantable de Mateo y la firmeza de la justicia, Sofía logra romper sus cadenas, enfrentar a su agresor en los tribunales y transformar su dolor en un faro de esperanza al fundar un centro de apoyo para mujeres víctimas de violencia. Entre batallas legales, la reconstrucción de su propia identidad y un amor maduro que desafía las sombras del pasado, Sofía redescubre su libertad y aprende que ningún infierno es eterno cuando se decide volver a empezar bajo el mismo cielo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El nuevo director

​El sonido de la voz de Mateo resonando en la sala de juntas parecía atravesar las paredes de mi propia conciencia. Intenté regular mi respiración, obligando a mis pulmones a retener el aire mientras mis manos, aferradas con desesperación al borde de la libreta, dejaban nudillos blancos. Calma, Sofía, me repuse mentalmente. Han pasado más de diez años. Eras una niña entonces, ahora eres una mujer desgastada. Es imposible que te reconozca bajo este caparazón de miedo.

​—La auditoría interna comenzará esta misma tarde —continuaba diciendo Mateo, con ese tono de mando implacable que no admitía réplicas—. Necesito que todos los departamentos presenten sus estados financieros actualizados sin excepciones. Y quiero un informe detallado de rendimiento por cada área. Fin de la sesión.

​El raspar de las sillas al levantarse rompió el hechizo. Los directores y jefes de departamento comenzaron a abandonar la sala en un murmullo apresurado, comentando en voz baja la severidad del nuevo director. Yo me quedé clavada en mi sitio, esperando que el grueso de la gente saliera para escabullirme entre ellos y fundirme con el anonimato de mi cubículo.

​—Tú. La de las gafas y la carpeta gris. Espérate un momento, por favor —la voz de Mateo cortó el aire justo cuando me disponía a dar el primer paso hacia la salida.

​Sentí que la sangre se me congelaba en las venas. Mis piernas temblaron con tanta fuerza que por un segundo temí desplomarme allí mismo sobre la alfombra corporativa. Giré lentamente sobre mis talones, encontrándolo de pie junto a la cabecera de la mesa, recogiéndose los puños de la camisa blanca mientras sus ojos oscuros se clavaban directamente en mí.

​—¿Yo, señor? —atiné a balbucear, apretando el lomo de la carpeta contra mi pecho como si fuera un chaleco antibalas.

​—Sí, tú. Acércate un segundo, por favor —respondió él con una cortesía fría y distante que, sin embargo, escondía una intensidad desconcertante.

​Caminé hacia él con pasos lentos, sintiendo que cada baldosa del suelo pesaba una tonelada. Al llegar a su altura, el aroma familiar de su locura —una mezcla limpia de madera de cedro y menta que de inmediato me trajo a la memoria las tardes de verano junto al río en nuestro pueblo— me golpeó los sentidos, amenazando con desmoronar los muros que tardé años en construir.

​—Dígame, señor... ¿En qué puedo ayudarle? —pregunté bajando la vista, incapaz de sostenerle la mirada sin que las lágrimas amenazaran con traicionarme.

​Mateo dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre nosotros. Pude notar que sus ojos recorrían cada detalle de mi rostro con una minuciosidad casi dolorosa, deteniéndose un instante en la forma en que mis mangas largas cubrían mis muñecas.

​—¿Cómo te llamas? —preguntó, y su voz, aunque mantenía la formalidad ejecutiva, tembló imperceptiblemente en la última sílaba.

​—Sofía, señor. Sofía Rivas. Asistente senior del departamento financiero —contesté con voz monocorde, recitando mi cargo como si fuera una plegaria para protegerme.

​Hubo un silencio denso, un segundo eterno donde el tiempo pareció detenerse por completo entre los dos. Sus ojos oscuros se ensancharon un poco más, recorriendo mis facciones con una mezcla de incredulidad y un dolor sordo que intentó enmascarar de inmediato con su fachada de CEO implacable.

​—Sofía —repitió mi nombre en un susurro casi inaudible, como si estuviera saboreando una palabra prohibida—. Qué casualidad encontrarte aquí... después de tanto tiempo.

​Levanté la vista de golpe, traicionando mi propio plan de anonimato. Al ver la tristeza infinita y a la vez la furia contenida en sus ojos, supe que las máscaras ya no servían de nada. Él sabía exactamente quién era.

​—Por favor, señor... se supone que estamos en horario laboral —le advertí en un susurro apenas audible, sintiendo el pánico escalar por mi garganta ante la posibilidad de que alguien nos estuviera observando.

​—Que nadie nos interrumpa en los próximos diez minutos —ordenó Mateo sin apartar la vista de mi rostro, dirigiéndose a su asistente legal que esperaba discretamente en la esquina de la sala. El hombre asintió y salió cerrando las puertas dobles a sus espaldas.

​Cuando nos quedamos completamente solos, Mateo dio otro paso, quedando tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.

​—¿Qué te ha pasado, Sofía? —preguntó, y esta vez la voz se le quebró por completo, perdiendo toda la armadura corporativa—. Eras luz pura, eras la persona más alegre del mundo... ¿En qué momento te convirtieron en esta sombra que apenas se atreve a respirar?

​Una lágrima traicionera rompió la presa de mis ojos y resbaló por mi mejilla, traicionando todo el esfuerzo de meses.

​—No sé de qué me habla, señor... mi vida es perfectamente normal —mentí con la voz temblorosa, sabiendo que sonaba completamente hueca.

​—No mientas —espetó él con suavidad, extendiendo una mano como si quisiera tocar mi mejilla, pero deteniéndose en el aire, apretando el puño con impotencia—. No a mí. Yo te conozco mejor que nadie. Recuerdo cada promesa que hicimos bajo aquel cielo... y verte así me está matando por dentro.

​—No puedes hacer nada, Mateo —le interrumpí, sintiendo un nudo tan grande en la garganta que apenas podía articular las palabras—. No tienes idea del infierno en el que vivo. Si me ayudas, solo lograrás que todo empeore.

​—Prueba mi paciencia, Sofía —murmuró él, acercándose tanto que su aliento cálido rozó mi frente, con una determinación tan firme que me heló la sangre—. En este edificio mando yo. Y fuera de él, te juro por lo más sagrado que voy a sacarte de ese infierno, cueste lo que cueste.

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alicia g
en el mundo hay muchas sofias que no an encontrado un mateo que la ayude y no pudieron salir de ese destino tan cruel que le an tocado ,felicitaciones escritora, excelente tu historia
Manu
Tu trabajo es excelente. Tienes una fan que lee todas tus novelas y siempre se queda con un wao, que historia más bonita.
Manu
Me has dejado pasmada con esta historia. Y creo que algo que viven muchas mujeres. Me encanta eso que escribes y al final hay un reflexión, no es escribir novelas vacías.. Admiración full. 🥰
Marta Gutierrez: para reflexionar
total 1 replies
Manu
Se me hizo chiquito el capitulo 😭
Manu
Que buenos capítulos 🥰
Manu
🥰👏
Cliente anónimo
Está súper interesante
Marta Gutierrez
me encanta la historia muy bien escrita felicitaciones
Marta Gutierrez
está muy buena está historia de 💕
Judy
Una historia de esperanza y amor! Felicitaciones!
Judy
Una realidad dolorosa que sufren a diario muchas mujeres, plasmada en esta historia que emociona y da esperanza, Gracias! Felicitaciones
Manu
Que buen inicio 👏
Alexandra Ortiz Posada
Ojalá Sofía reflexione y no siga siendo la chica tonta que no se aleja de su opresor ni se deja ayudar
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