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El Hombre Que No Conocí En París

El Hombre Que No Conocí En París

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Romance
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Valentina Montenegro tenía una vida perfecta en París, hasta que una noche se dejó llevar por un desconocido que le robó el corazón… y desapareció a la mañana siguiente.

Meses después, tras sobrevivir a un atentado, su padre la obliga a regresar al país y le asigna un escolta.

Gael Santoro.

El hombre que Valentina reconoce como aquel desconocido de París.

Solo hay un problema:

Gael nunca estuvo en París.

Ahora, escondida en una finca que guarda más secretos de los que imagina, Valentina tendrá que convivir con el hombre que asegura no conocerla.

Pero mientras intenta descubrir quién le mintió aquella noche, podría terminar enamorándose del hombre equivocado… otra vez.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24

Valentina

Me desperté sintiendo un peso cálido detrás de mí.

Por unos segundos no recordé dónde estaba.

Luego sentí el brazo de Gael rodeándome la cintura y su pecho apoyado contra mi espalda, y todos los recuerdos de la noche anterior regresaron de golpe.

La explosión.

El humo.

Los disparos.

La sangre.

El miedo de perderlo.

Y aquella confesión que todavía parecía demasiado bonita para ser real.

Me enamoré de ti.

Sonreí sin poder evitarlo.

Giré lentamente la cabeza sobre mi hombro para observarlo.

Nunca había visto a Gael dormir.

Incluso dormido parecía serio. Tenía algunos pequeños cortes en el rostro y cerca del cuello, seguramente producto de los vidrios de la noche anterior. Su respiración era tranquila, aunque su rostro mostraba el cansancio de alguien que había pasado demasiadas horas protegiendo a otra persona.

No quise moverme.

Por primera vez desde que había llegado a aquel lugar, no tenía ganas de escapar.

Miré el reloj.

Diez de la mañana.

—Gael —susurré.

No respondió.

—Gael.

Nada.

Le toqué suavemente el hombro.

—Amor...

Abrió los ojos de inmediato.

Me miró durante unos segundos, todavía adormilado, y luego sonrió.

—Buenos días.

—Buenos días.

Me incliné y le di un beso corto.

—Tu medicamento.

—¿Ya empezaste a mandarme?

—Sí.

Le pasé el vaso con agua y el medicamento. Lo tomó sin discutir, algo que me pareció sospechosamente fácil.

—¿Qué hora es?

—Las diez.

Intentó incorporarse.

—¿A dónde crees que vas?

—A ningún lugar.

—Entonces vuelve a acostarte.

—Valentina...

—No, señor Santoro. Estás herido. Tienes una herida que casi te perfora el intestino y aun así ayer decidiste correr, disparar y subir una montaña como si estuvieras perfectamente.

—Estoy perfectamente.

Lo miré fijamente.

—Tienes una definición muy extraña de la palabra "perfectamente".

Sonrió.

—Me voy a bañar.

—¿Y si te mareas?

—No me voy a marear.

—¿Y si te caes?

—No me voy a caer.

—¿Y si...?

—¿Vas a hacerme una lista de todas las tragedias posibles?

—Sí.

Se levantó con cuidado y entró al baño antes de que pudiera seguir protestando.

Suspiré.

Mientras él se duchaba, tendí la cama, recogí algunas cosas y organicé todo para que, al salir, no tuviera ninguna excusa para ponerse a trabajar.

Cuando finalmente apareció, llevaba únicamente una toalla alrededor de la cintura.

Me quedé mirándolo.

No quería.

Bueno... sí quería.

Pero intenté disimular.

Gael arqueó una ceja.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Estoy comprobando que no te hayas abierto la herida.

—Morbosa.

—¡No digas eso!

Se rio.

—Es la verdad.

—¡No digas eso, Gael! Me haces sonrojar.

Se puso unos jeans y luego una camisa.

Lo observé con desaprobación.

—Gael.

—¿Qué?

—Tú no vas a trabajar.

—No voy a trabajar.

—Entonces, ¿por qué te estás vistiendo así?

—Porque no pienso quedarme en cama todo el día.

Busqué entre sus cosas hasta encontrar ropa deportiva.

—Esto.

Se la mostré.

—Ponte esto.

—Valentina...

—En serio. Te juro que no salgo ni a la puerta de la casa, pero descansa.

Me miró divertido.

—Solo voy a caminar. No me voy a quedar echado como vaca todo el santo día.

—Eso es exactamente lo que deberías hacer.

—Báñate y desayunamos en la terraza.

—¿Eso es una orden?

—Tal vez.

Se rio y salió de la habitación.

Yo fui detrás de él, protestando por su falta de cuidado hasta que llegamos a la terraza.

Thiago ya estaba sentado allí.

Cuando me acerqué, Thiago levantó la mirada.

—Encontramos a Alejandra.

Sentí que el aire regresaba a mis pulmones.

—Gracias al cielo. ¿Dónde estaba?

—A unos cuatro kilómetros del lugar del evento.

—¿Está bien?

—Sí. Asustada, pero físicamente está bien.

Tomé mi teléfono inmediatamente.

—Voy a llamarla.

Me alejé unos metros y marqué su número.

Contestó al segundo tono.

—¿Vale?

Su voz estaba quebrada.

—Alejandra, ¿estás bien?

—Sí... sí, estoy bien. No me hicieron nada, pero fue horrible. No sé en qué momento me sacaron del evento. Un segundo estaba ahí y después... nada. Cuando desperté estaba en otro lugar.

—Dios mío.

—Estaba aterrada.

—Lo siento muchísimo.

Hubo un silencio.

—¿Tú estás bien?

Miré hacia Gael.

—Sí. Estoy bien.

No podía contarle todo por teléfono. Ni dónde estaba ni lo que realmente había sucedido.

—No sabes cuánto me alegra escuchar eso —dijo—. Voy a regresar a Francia lo antes posible. Me da miedo que vuelva a ocurrir algo así.

—Lo entiendo.

—¿No sería mejor que volvieras conmigo?

Miré nuevamente a Gael.

—Gael me cuida bien. Además, mi padre me mataría si me fuera así sin avisar. No quiero preocuparlos más de lo necesario.

—Vale...

—Pero sí quiero volver a Francia. Solo necesito saber que estás bien primero.

—Lo estoy.

—Te quiero.

—Yo también.

Antes de despedirnos, escuché una voz al otro lado.

—Tu mamá me está llamando. Hablamos después.

—Está bien. Cuídate.

Colgué.

Regresé a la terraza.

Thiago me observó.

—¿Está bien?

—Sí.

Gael soltó el aire que parecía haber estado conteniendo.

—Bien.

Me senté con ellos.

Verlos juntos era extraño.

Eran tan diferentes y, al mismo tiempo, tan parecidos.

Thiago hablaba sin parar, exageraba algunas historias y hacía bromas absurdas. Gael intentaba mantener la seriedad, pero de vez en cuando se le escapaba una sonrisa.

Me encantaba verlos así.

Eran hermanos.

Y se notaba.

Gael se rio de algo que dijo Thiago y enseguida hizo una mueca de dolor.

—¿Ves? —le dije—. Por eso no deberías reírte.

—Entonces dejen de ser graciosos.

—No puedo. Es parte de nuestra personalidad.

Thiago soltó una carcajada.

—Eso sí es verdad, es nuestra personalidad.

Después del desayuno, bajé por agua para el antibiótico de Gael.

Cuando llegué a la cocina, Martha y Helenita estaban allí.

Las dos me miraron de una manera que me hizo sentir incómoda.

—¿Qué? —pregunté.

Helenita fue la primera en hablar.

—Una señorita de tu posición no debería pasar la noche en la habitación de un hombre.

Me quedé quieta.

—¿Perdón?

—Ya me escuchaste.

Respiré profundamente.

—No veo en qué pueda afectarle a usted.

Helenita frunció el ceño.

—Solo digo que una mujer debe cuidar su reputación.

—Mi reputación es asunto mío.

Dejé el vaso sobre la mesa.

—Soy una mujer libre de hacer lo que se me dé la gana. Y ustedes podrán ser mayores que yo, pero eso no les da derecho a menospreciarme.

Martha bajó la mirada.

Yo continué, incapaz de detenerme.

—Además, desconozco la razón del odio que tienen hacia mí o hacia mi familia. Desde que llegué me han tratado como si hubiera hecho algo terrible y ni siquiera sé qué.

El silencio que siguió fue extraño.

Demasiado pesado.

Martha levantó lentamente la mirada.

—¿Quieres saber por qué?

Asentí.

—Porque tu familia destruyó la nuestra.

—¿Qué?

—¿Cómo no odiar a los Montenegro? —preguntó con la voz quebrada—. Si ella mató a mi esposo y al padre de Gael y Thiago.

Sentí que mis dedos perdían fuerza.

El vaso cayó de mi mano.

El sonido del vidrio rompiéndose contra el suelo retumbó por toda la cocina.

Me quedé mirando los pedazos.

No podía respirar.

—¿Qué... qué acaba de decir?

Martha tenía los ojos llenos de lágrimas.

Helenita permanecía inmóvil.

—Tu padre —dijo Martha—. Augusto Montenegro.

Negué con la cabeza.

—No.

—Sí.

—Mi padre jamás...

Las palabras murieron en mi garganta.

Porque, de repente, recordé demasiadas cosas.

Las advertencias de Helenita.

La mirada de desprecio que Augusto le había dado a Thiago.

La manera en que había hablado de quienes habían perdido todo.

Las amenazas.

La facilidad con la que mi padre siempre sabía demasiado.

Y aquella frase que alguna vez me pareció una simple advertencia:

"Las consecuencias hacen que las personas pierdan todo."

Sentí un escalofrío.

—¿Qué hizo mi padre?

Martha se acercó.

—Eso es algo que tendrás que preguntarle a él.

—¡No! —respondí, casi gritando—. Si ustedes saben algo, tienen que decírmelo.

Helenita negó lentamente con la cabeza.

—No sabes quién es tu padre, Valentina.

Sentí que el corazón se me detenía.

—Claro que sé quién es mi padre.

Helenita me miró fijamente.

—No. Sabes quién es el hombre que él decidió mostrarte.

Un ruido detrás de mí hizo que me girara.

Gael estaba en la entrada de la cocina.

Tenía una mano apoyada sobre la pared y el rostro serio.

A su lado estaba Thiago.

Los dos habían escuchado.

Gael me miró.

Después miró a Martha.

Y finalmente a Helenita.

—Creo que ya es hora —dijo con voz baja— de que alguien me explique qué pasó con mi padre.

Nadie respondió.

Y por primera vez desde que conocí a Gael, vi algo diferente en sus ojos.

No era miedo.

Era la necesidad desesperada de conocer una verdad que llevaba años escondida.

Una verdad que, quizá, podía destruirnos a todos.

Y entonces comprendí algo peor.

Tal vez las amenazas nunca habían tenido como objetivo principal matarme.

Tal vez alguien quería que yo descubriera quién era realmente mi padre.

1
Liliana Torres
😡😡 que triste saber que tienes un papá asi de 🐀
Yadira Alvarez
cambiaste la portada ?
Isabel Balbuena
yo digo que Thiago está detrás de todo esto
Isabel Balbuena
ya vaya que lo hace es millonario y trabaja como custodio eso es raro algo esconde muy grande
Viviana Maldonado
solo espero a Valentina se quede con Gael
Viviana Maldonado
el padre de Valentina duerme con alejandra.est tratará de destruir a Valentina al igual q su padre,son dos basura ellos
Viviana Maldonado
me juego es el padre q favorece la amiga de ella
Liliana Torres
ese enemigo es muy muy cerca
Yadira Alvarez
hayyyy en la mejor parte me quede enganchada 🤦
Liliana Torres
Se va a complicar todo 😡😡
Isabel Balbuena
sospecho que es Thiago el que estubo contigo en París y que es el quien está queriendo hacerle daño a tu y Agus padres
Yadira Alvarez
me.encanta 🥰
Liliana Torres
se esta armando el rompe cabeza
Liliana Torres
se está armando
Mariela Alejandra Gonzalez
mmmm!!! para mí que don Augusto está metido en algo turbio y debe algo y para cobrarle quieren. a valentina.nose me parece a mí.
Ichuu
Es muy raro que sepa exactamente donde están siempre es alguien muy cercano
Liliana Torres
me gusta
Viviana Maldonado
buenísimo!! comenzar a leer y quiero más de esta historia
👑🖤📚
wry cuando esta mujer le va a reclamar lo de PARIS!???
Mariela Alejandra Gonzalez
pero con mucho gusto dejo que me cuides!!!!
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