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Las Enseñanzas Del Bambú

Las Enseñanzas Del Bambú

Status: Terminada
Genre:Época / Completas
Popularitas:531
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

Lady Genevieve es la joven rebelde que escandaliza a la alta sociedad londinense. Lordian, un duque frío, metódico y perfecto, viaja de incógnito por la campiña inglesa cuando sus caminos se cruzan.
Sin conocer su verdadera identidad, Genevieve decide enseñarle las antiguas lecciones orientales que aprendió de su tío: fluir como el agua, encontrar el equilibrio y aprender a soltar. Entre risas, barro, estrellas y una atracción imposible de ignorar, ella descubrirá que incluso el corazón más rígido puede aprender a amar.

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Capítulo 7: La quietud del agua

La oscuridad de la noche terminó de asentarse sobre los campos de Kent no como un velo imprevisto, sino como un manto de terciopelo azul oscuro que apagaba pacientemente los contornos del mundo. Cuando Lordian y Genevieve salieron finalmente de la choza abandonada, la lluvia había dejado un rastro de aire cristalino, limpio y frío que olía a tierra remojada y a hojas de pino machacadas.

​Lordian caminaba al lado de ella. Su chaqueta de viaje no lucía el empaque militar de las primeras horas de la mañana: los botones superiores permanecían desabrochados, la lana mostraba arrugas honestas por el uso y, sobre todo, la corbata de seda brócoli brillaba por su ausencia, descansando para siempre en el rincón de paja del refugio.

​Sin embargo, en el rostro del duque de Blackwood no había sombra alguna de contrariedad. La rigidez glacial de su mandíbula se había disuelto en una serenidad profunda; sus ojos oscuros ya no escudriñaban el sendero buscando imperfecciones geométricas o pérdidas de tiempo, sino que regresaban una y otra vez hacia la figura de la muchacha que caminaba a su lado.

​Genevieve se había puesto de nuevo sus sencillas zapatillas de tela, pero su andar seguía siendo ligero, como si las leyes de la gravedad que Lordian tanto citaba apenas tuvieran jurisdicción sobre sus pasos. De vez en cuando, sus dedos se rozaban en el espacio que los separaba, provocando una chispa silenciosa que hacía que ambos sonrieran sin mirarse directamente.

​—El camino de regreso está despejado —observó Lordian, rompiendo el silencio nocturno con su voz baja y cavernosa—. Si no me equivoco, las luces de la posada deberían ser visibles tras la cresta de aquella colina.

​—Siempre el sentido de la orientación perfecto, señor Vance —dijo ella, entrelazando sus dedos con los de él sin pedir permiso.

​Lordian cerró la mano sobre la de ella. La sensación de sus dedos pequeños, cálidos y firmes entre los suyos le provocó un vuelco en el pecho, un calor repentino que desafiaba el aire helado de la noche.

​—No es sentido de la orientación, Genevieve. Es observación elemental del relieve terrestre —corrigió él por pura costumbre, aunque el tono carecía por completo de la frialdad de antaño—. Aunque debo admitir que, hasta esta mañana, el relieve terrestre me parecía una variable bastante irrelevante comparada con los informes de rendimiento agrícola.

​Genevieve soltó una risita baja que resonó en la penumbra del sendero.

​—¿Ve como no le dolía? Ha sobrevivido a un día entero sin sus balances, sin sus sirvientes y sin su tiesura. Y lo mejor de todo es que el mundo no se ha derrumbado porque usted se haya detenido a respirar.

​—El mundo no, desde luego —murmuró él, deteniéndose en seco a mitad del sendero e interrumpiendo la marcha—. Pero mi mundo particular sí ha sufrido una reestructuración irreversible.

​Genevieve se detuvo también y se giró para mirarlo. A la luz de la luna llena que comenzaba a asomar entre las copas de los castaños, el rostro de Lordian se veía esculpido en sombras y luces suaves. Ya no parecía el hombre de negocios aburrido y distante que había encontrado bajo la lluvia; parecía un hombre despierto, peligroso en su devoción y aterradoramente atractivo.

​—¿Una reestructuración? —preguntó ella en un susurro juguetón, subiendo la mirada hacia sus labios—. Qué palabra tan poco romántica para decir que le he arruinado la compostura.

​—No le llame arruinar a lo que ha sido, en realidad, una liberación —confesó Lordian con una gravedad que le cortó el aliento a la muchacha. Se inclinó despacio, usando la mano que tenía libre para acunar la mejilla de Genevieve—. Llevo diez años viviendo para responder a las expectativas de un título, de una posición y de una responsabilidad que no me permiten un solo margen de error. Cada minuto de mi día ha estado programado desde que tengo uso de razón. Y hoy... hoy por primera vez en toda mi existencia, he sentido que el tiempo no me pertenecía a mi posición, sino a mí.

​Genevieve sintió que el pulgar de Lordian acariciaba su pómulo con una ternura infinita. La picardía en sus ojos se suavizó, dando paso a una mirada vulnerable, cargada de una emoción sincera que amenazaba con sobrepasarla.

​—En los libros de mi tío —susurró ella, pegando la cara al cuenco de la mano de él— se habla de la quietud del agua. Decían que cuando el agua de un estanque está agitada por el viento, no puede reflejar la luz de la luna. Solo cuando se queda quieta, el cielo entero cabe en su superficie.

​—Usted es el viento que agitó el estanque, Genevieve —respondió él, rozando con sus labios la frente de la joven—. Pero también es la única que me ha enseñado a mirar el reflejo.

​Se quedaron inmóviles durante un largo momento bajo el dosel de los árboles, respirando el mismo aire frío y compartiendo un abrazo silencioso que no necesitaba de más palabras. Cuando reanudaron la marcha hacia las luces distantes de la posada El Cisne Blanco, Lordian no soltó la mano de Genevieve ni un solo segundo.

​Al llegar al patio de la posada, donde un par de faroles de aceite parpadeaban contra el viento de la noche, el cochero Thomas aguardaba junto a la puerta con una linterna en la mano y la cara demudada por la preocupación.

​—¡Señor Vance! —exclamó el anciano, dando tres pasos apresurados hacia ellos—. ¡Por todos los santos! Llevo horas esperándolo. El carruaje ya ha sido desatascado del barro y los bueyes de la granja del norte han dejado el eje impecable. Mañana temprano podremos reanudar el viaje hacia la residencia principal de la corte si así lo dispone su...

​El cochero se detuvo en seco al notar a la muchacha descalza que caminaba al lado de su amo, la mano entrelazada del duque con la de ella y, sobre todo, la escandalosa ausencia de la corbata en el cuello de su señor.

​Lordian miró a su sirviente con una calma olímpica.

​—Buen trabajo, Thomas —dijo con voz impecable—. Sin embargo, los planes han cambiado. No saldremos mañana al amanecer.

​—¿No, señor? —pestañeó el anciano, mirando a Genevieve como si fuera un aparecido.

​—No. El inspector de la zona requerirá varios días más para completar el análisis del terreno —anunció Lordian con una sonrisa enigmática que desconcertó aún más al viejo cochero—. Asegúrese de que la cocina prepare una cena abundante para la señorita Genevieve y para mí. Y pida que suban agua caliente a mis aposentos.

​Genevieve miró al duque de reojo, alzando una ceja con malicia.

​—¿Agua caliente, señor Vance? Pensé que le gustaba la frescura natural del arroyo.

​—El agua del arroyo tiene su encanto pedagógico, Genevieve —le susurró él al oído mientras la guiaba hacia el interior cálido de la posada—, pero para las lecciones que pienso poner en práctica esta noche, prefiero un entorno considerablemente más cálido.

​Un escalofrío abrasador le recorrió la espalda a la joven al captar la promesa implícita en la voz del duque. La comedia y el juego del día estaban a punto de dar paso a una noche donde la rigidez de Lordian se rendiría por completo a la pasión más intensa, sensual y profunda que la campiña de Kent hubiera presenciado jamás.

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Isabel Sandoval
Eso se cuenta? /Slight//NosePick//Grin/
Isabel Sandoval
Ya está en la bolsa
Isabel Sandoval
jajaja
Isabel Sandoval
Hago eso y me rompo un hueso /Facepalm//Scare/
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja k chistosa y ya se enamoró ❤️
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