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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:83
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

La noche del viernes trajo consigo una brisa fresca que anunciaba el clímax de la primavera en Seúl. El parque central de la ciudad estaba transformado en un auténtico cuento de hadas: miles de linternas de colores flotaban en los árboles, túneles de luces LED brillaban como estrellas caídas y el aire olía a algodón de azúcar, brochetas de pollo teriyaki y gofres recién hechos.

—¡Mira, Suki! ¡Ese dragón echa luz azul por los ojos! —gritaba Byul fuera de sí de la emoción, corriendo de un lado a otro con una diadema de cuernos de dinosaurio luminosos en la cabeza.

—¡Espérame, Byul-ah! ¡No corras tan rápido que la mala suerte me puede hacer chocar contra un árbol! —advertía Suki, quien llevaba una diadema a juego con orejitas de gato brillantes que se bamboleaban con cada paso.

Un par de pasos más atrás caminaban Jeon Jungkook y su abnegado secretario, Park Ho-jin.

Jungkook vestía de forma ridículamente apurada pero devastadoramente atractiva: un suéter de lana en tono menta suave, pantalones negros y un abrigo ligero. A diferencia de su habitual porte frío de oficina, caminaba con las manos metidas en los bolsillos, observando a Suki con una sonrisa flotando permanentemente en sus labios.

Por su parte, el pobre secretario Ho-jin arrastraba los pies, cargando un oso de peluche gigante que Jungkook le había ganado a Byul en el primer puesto de tiro al blanco, tres recipientes de bocadillos vacíos y una cámara fotográfica profesional.

—Señor Jeon... —susurró Ho-jin con voz agonizante—. Mi descripción de puesto dice 'Secretario Ejecutivo de Firma Arquitectónica', no 'Perchero Humano de Peluches Gigantes'.

—Silencio, Ho-jin —respondió Jungkook sin quitarle los ojos de encima a Suki, quien intentaba atrapar una burbuja de jabón gigante que flotaba cerca de ella—. Te daré tres días de vacaciones pagadas a partir del lunes.

Ho-jin se enderezó de inmediato como un soldado en guardia.

—Entendido, señor. Puedo cargar dos peluches más si lo desea.

Mientras avanzaban por el paseo de las luces, Suki se detuvo frente a un puesto de coronas florales con pequeñas luces integradas. Se quedó mirando una en particular, de pequeñas rosas blancas.

Antes de que pudiera seguir caminando, sintió unos dedos cálidos acomodándole el cabello. Jungkook, que se había acercado en silencio por detrás, le colocó la corona de flores luminosas en la cabeza.

Suki se congeló. El corazón le dio un vuelco repentino al sentir la proximidad de Jungkook.

—Le queda muy bien, señorita Kim —murmuró Jungkook, mirándola a los ojos con una ternura tan concentrada que a Suki se le olvidó cómo respirar por un par de segundos.

—S-gracias... Sr. Jeon —balbuceó Suki, tocándose las mejillas que quemaban más que los focos del festival.

A medida que la noche avanzaba, la energía del pequeño Byul comenzó a decaer. Tras haber devorado dos algodones de azúcar y haber corrido por todo el parque, el peso del cansancio cayó sobre él como una losa. Sus pasos se volvieron lentos, sus párpados pesaban y terminó arrastrando los pies.

—Tío... me pesan las piernas... —gimoteó Byul, refregándose los ojos.

El secretario Ho-jin, viendo la oportunidad de cumplir su rol de héroe sin capa, se adelantó con una sonrisa paternal.

—Déjemelo a mí, director —dijo Ho-jin, tomando al pequeño en brazos con destreza—. Lo acomodaré en el asiento trasero del auto para que duerma cómodamente. Iré a esperarlos al estacionamiento.

Byul acomodó su cabecita en el hombro del secretario y, en cuestión de diez segundos, ya estaba profundamente dormido, dejando escapar pequeños ronquidos tiernos.

Jungkook y Suki se quedaron solos en medio de la multitud que comenzaba a dispersarse hacia la zona de la laguna principal.

—Bueno... supongo que deberíamos ir hacia el auto también —dijo Suki con timidez, jugando con las tiras de su bolso.

—Todavía no —respondió Jungkook suavemente—. Falta lo mejor del festival. Ven.

Jungkook extendió su mano hacia ella. Suki miró la mano grande y firme del arquitecto. Con el corazón batiendo a un ritmo descontrolado, colocó su pequeña mano sobre la de él. Jungkook cerró los dedos con delicadeza, entrelazándolos con una firmeza protectora, y la guio hacia un puente de madera apartado que cruzaba la laguna.

Desde allí, la vista de la ciudad iluminada era sencillamente majestuosa. Las luces reflejadas en el agua creaban un tapiz dorado y plateado.

De pronto, un silbido agudo rasgó el aire nocturno.

*¡BOOM!*

Un estallido de luz rosa y dorada iluminó el cielo estrellado. Había comenzado el espectáculo final de fuegos artificiales.

—¡Uf, qué hermoso! —exclamó Suki con los ojos abiertos de par en par, fascinada por las luces en el cielo.

Emocionada, dio un paso atrás para ver mejor el siguiente estallido, pero la legendaria y despiadada mala suerte de Kim Suki hizo su inevitable aparición: la suela de su tenis amarillo pisó una piedra suelta al borde del puente.

—¡Ah! —chilló Suki, perdiendo el equilibrio y yéndose de espaldas.

Pero esta vez, Jungkook no dudó ni un milisegundo.

Con un reflejo felino, pasó su brazo rodeándole la cintura con firmeza y la atrajo bruscamente hacia su pecho para evitar que cayera al agua.

El impacto del encuentro dejó a Suki pegada por completo al cuerpo de Jungkook. Ella ahogó un suspiro, colocando ambas manos sobre los hombros de él para sostenerse.

Arriba, en el cielo, una cascada gigantesca de fuegos artificiales de color azul y plata estalló, iluminando sus rostros con un resplandor mágico. Abajo, en el puente, el tiempo se detuvo por completo.

Suki levantó la mirada, agitada. Jungkook no la soltó. Su brazo mantenía la presión dulce y posesiva alrededor de su cintura. El arquitecto la miraba fijamente, con los ojos oscuros brillando bajo la luz de los fuegos artificiales. Su mirada descendió por un segundo a los labios entreabiertos de Suki y luego volvió a sus ojos.

—Sr. Jeon... —alcanzó a susurrar Suki, apenas en un hilo de voz.

—Jungkook —la corrigió él en un susurro grave, ronco y profundamente tierno—. Llámame Jungkook.

—Jungkook...

Escuchar su nombre salir de los labios de Suki fue la última chispa que rompió el autodominio de Jungkook. Llevado por el impulso, por semanas de sentimientos contenidos y por la atmósfera magnética de la noche, Jungkook inclinó la cabeza.

Su mano libre subió con infinita delicadeza hasta la mejilla de Suki, acariciando su piel suave con el pulgar.

Suki cerró los ojos por instinto.

Un segundo después, los labios de Jungkook se posaron sobre los suyos.

Fue un beso suave, pausado y profundamente dulce. Un encaje perfecto de dos mundos que habían colisionado por azar bajo la lluvia. Jungkook rozó sus labios con ternura antes de profundizar el beso, profundizando el contacto con un calor que hizo que a Suki le temblaran las rodillas. Ella se aferró con más fuerza a la tela del suéter de él, dejándose llevar por la marejada de emociones que le derretía el pecho.

A su alrededor, el mundo pareció desaparecer. Los fuegos artificiales estallaban en el cielo, la música del festival sonaba a lo lejos, pero para ellos solo existía el sonido de sus respiraciones agitadas y el latido desbocado de sus corazones latiendo al mismo ritmo.

Cuando Jungkook lentamente se separó unos centímetros, sus frentes permanecieron unidas. Ambos respiraban con dificultad, con las mejillas ardiendo y los ojos brillando de consternación y maravilla.

Jungkook la miró, tocando con la yema del pulgar el labio inferior de Suki, todavía procesando la intensidad de lo que acababa de pasar.

—Suki... —murmuró él, con la voz temblorosa por la emoción reprimida.

Suki parpadeó, con los labios entreabiertos y la cabeza dándole vueltas. El choque de la realidad regresó a su mente en una ráfaga: él era Jeon Jungkook, el multimillonario director ejecutivo; ella era Kim Suki, la niñera desempleada con mala suerte crónica.

Un pánico dulce pero aterrador la invadió de golpe.

—Yo... yo... ¡el auto! ¡Ho-jin debe estar esperando! —balbuceó Suki en un ataque repentino de pánico tierno, soltándose del agarre de Jungkook con la cara al rojo vivo.

Dio un paso atrás, volvió a tropezar torpemente con su propio pie, pero logró mantenerse erguida y salió corriendo por el puente como una gacela asustada pero feliz.

Jungkook se quedó de pie en el centro del puente, viendo a Suki huir a toda velocidad mientras se acomodaba la torcida corona de flores luminosas en la cabeza. Se tocó los labios con dos dedos, sintiendo aún el sabor a fresa y la calidez del beso de Suki.

Una sonrisa radiante, hermosa y completamente enamorada se dibujó en el rostro de Jeon Jungkook bajo el cielo estrellado de Seúl. El choque bajo la lluvia no había sido mala suerte; había sido el inicio del mejor capítulo de su vida.

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