Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.
Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.
Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.
Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.
Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.
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Capitolo 12
...🥀...
Valeria salió de la oficina sin decir una palabra.
Las palabras de Markus seguían resonando en su cabeza.
Dos días.
Dos días para decidir si regresaría a Londres y trataría de recuperar la vida que había dejado atrás o si permanecería allí para descubrir qué significaba realmente llevar los apellidos Becker y Vindicta.
No había avanzado demasiado por el pasillo cuando escuchó pasos detrás de ella.
—Valeria.
Se detuvo.
Volker se acercó con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.
—¿Ya vas a escapar?
Ella lo miró de reojo.
—No estoy escapando.
—Entonces ven conmigo.
—¿Adónde?
—Te dije que te mostraría la organización. Markus te enseñó una parte desde su oficina. Yo voy a enseñarte el resto.
Valeria dudó unos segundos antes de asentir.
—Está bien.
Volker sonrió.
—Buena decisión.
Comenzaron a caminar por uno de los corredores principales.
A medida que avanzaban, Valeria pudo observar cómo funcionaba aquel lugar. Hombres y mujeres se desplazaban de un lado a otro con una precisión casi militar. Algunos hablaban por teléfono, otros revisaban documentos y varios permanecían frente a enormes pantallas donde aparecían mapas y diferentes informes.
—¿Todos trabajan para la organización? —preguntó.
—No exactamente. Algunos trabajan para nuestras empresas. Otros pertenecen a seguridad, inteligencia o logística. Cada área tiene sus propias responsabilidades.
—¿Y todos saben quién está al mando?
Volker soltó una pequeña risa.
—Aquí nadie necesita preguntar quién está al mando.
Valeria continuó caminando.
Entonces llegaron a un corredor diferente.
Era más silencioso.
En una de las paredes había un enorme estante lleno de fotografías.
Valeria disminuyó el paso.
—¿Qué es esto?
Volker se detuvo.
—Nuestra historia.
Ella se acercó.
Había fotografías antiguas de diferentes generaciones de la familia Becker.
Hombres y mujeres vestidos de distintas épocas.
Reuniones familiares.
Celebraciones.
Personas que Valeria jamás había visto.
Hasta que una fotografía llamó especialmente su atención.
Se acercó.
En ella aparecía Markus, mucho más joven.
A su lado estaba Chiara.
Y entre los brazos de ambos había una bebé.
Valeria.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Soy yo?
Volker asintió.
—Sí.
Valeria tomó aire.
Observó la fotografía durante varios segundos.
Su madre sonreía.
Markus tenía una expresión mucho más relajada que la que ella conocía.
Y ella aparecía envuelta en una pequeña manta.
—No recuerdo esta fotografía.
—Eras demasiado pequeña.
Valeria pasó lentamente los dedos por el cristal que protegía la imagen.
—Parecen felices.
Volker guardó silencio.
—Lo eran —respondió finalmente.
Valeria lo miró.
—¿Y qué ocurrió?
—La vida.
Aquella respuesta no la convenció, pero decidió no insistir.
Continuaron caminando.
La siguiente zona era completamente diferente.
Había varias puertas de cristal y oficinas modernas.
Volker abrió una de ellas.
—Ahora vas a conocer la parte que la mayoría de las personas sí puede ver.
Dentro había varias personas trabajando.
Volker señaló las pantallas.
—Estas son algunas de nuestras empresas legales.
Valeria observó los informes.
Había compañías relacionadas con inversiones, transporte, tecnología, inmobiliarias y otros sectores.
—¿Todo esto pertenece a los Vindicta?
—Parte de ello.
—¿Y cómo funciona?
Volker sonrió.
—Como cualquier otro conglomerado empresarial. Directivos, empleados, departamentos financieros, abogados, auditores...
Valeria lo miró.
—¿Y qué tiene que ver todo esto con la organización?
—Todo.
Volker caminó hacia una pantalla.
—El dinero entra por diferentes vías legales. Las empresas generan ingresos, crean empleos, realizan inversiones y mantienen relaciones comerciales. Pero el verdadero poder está en cómo conectamos cada una de esas piezas.
Valeria observó el mapa corporativo.
Ahora comenzaba a comprender lo que Markus había intentado explicarle la noche anterior.
No se trataba únicamente de hombres armados o reuniones secretas.
El imperio también estaba compuesto por edificios, contratos, inversiones, empresas y cientos de personas que probablemente jamás conocerían el verdadero alcance de aquello para lo que trabajaban.
—Es enorme.
—Y esto solamente es la parte visible.
Valeria se quedó pensativa.
—Entonces la organización puede sobrevivir aunque una parte desaparezca.
—Exactamente.
Volker la miró.
—Ese es el verdadero significado de un imperio.
Más tarde, Volker la condujo hacia una zona mucho más restringida.
El ascensor descendió varios niveles.
Valeria observó los números que aparecían en el panel.
—¿Qué hay abajo?
Volker no respondió inmediatamente.
Cuando las puertas se abrieron, el ambiente había cambiado.
Ya no había oficinas ni pantallas.
Era un lugar frío, silencioso y vigilado.
Dos hombres custodiaban una puerta.
Al reconocer a Volker, se apartaron.
—¿Dónde estamos?
—En una zona que no suele aparecer en los recorridos.
Valeria lo miró con desconfianza.
—Eso no me tranquiliza.
—No debería.
Entraron.
A través de una puerta interior, Valeria alcanzó a observar a varios miembros de la organización.
Uno de ellos permanecía bajo custodia.
No necesitó que nadie le explicara demasiado.
Había traicionado a la organización.
El castigo estaba a punto de ejecutarse.
Valeria se quedó inmóvil.
—Tio….
—No mires si no quieres.
Pero ella no apartó la mirada.
No vio los detalles.
No necesitaba hacerlo.
Las expresiones de quienes estaban allí eran suficientes.
Aquello no era una amenaza.
Era una sentencia.
En aquel lugar, la traición tenía consecuencias que no podían deshacerse.
Valeria retrocedió un paso.
—¿Esto lo ordena mi padre?
Volker la observó.
—Cuando alguien traiciona a tus padres, existen reglas.
—¿Y nadie cuestiona esas reglas?
—No aquí.
Valeria sintió un escalofrío.
De repente recordó la expresión de Markus en su despacho.
El hombre que había hablado con ella como un padre preocupado no parecía existir allí abajo.
Allí era otra persona.
Un líder.
Alguien que no podía permitirse dudar.
Volker la condujo nuevamente hacia el ascensor.
Valeria permaneció en silencio durante todo el trayecto.
Cuando las puertas se cerraron, finalmente habló.
—Mis padres son diferentes aquí.
Volker la miró.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque afuera pueden ser tus padres.
Hizo una pausa.
—Aquí son Markus Becker y Chiara Vindicta.
Valeria bajó la mirada.
—¿Y qué se supone que debo ser yo?
Volker no respondió.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Cuando regresaron a los pisos superiores, Valeria encontró a Chiara esperando cerca de una de las oficinas.
Su madre llevaba un traje elegante y una expresión tranquila.
—¿Ya terminaste el recorrido?
Volker asintió.
—Le mostré una parte.
Chiara observó a su hija.
—¿Estás bien?
Valeria tardó unos segundos en responder.
—Sí.
Pero su madre supo inmediatamente que no era verdad.
—Valeria...
—Necesito hablar con Charlotte.
Chiara la observó con atención.
—¿Por lo que has visto?
Valeria asintió.
—Ella es la única persona con la que puedo hablar de todo esto sin sentir que tengo que elegir cada palabra.
Chiara guardó silencio.
Después asintió.
—Entonces habla con ella.
Valeria caminó hacia la salida.
Mientras avanzaba, volvió a pensar en aquella fotografía.
Markus.
Chiara.
Ella.
Una familia que parecía feliz.
Después recordó el sótano.
Las empresas.
Los hombres.
Las reglas.
Los secretos.
Y finalmente comprendió que no estaba intentando decidir simplemente dónde vivir.
Estaba intentando decidir qué clase de persona quería convertirse. Necesitaba relajarse y eso haría durante dos días.,.
...CONTINUARÁ......