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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:472
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: Nuestra primera pelea

Después del beso y de hablar de ir despacio, pensé que todo iba a ser fácil, que íbamos a estar siempre contentos y tomados de la mano en la azotea. Pero no fue así, porque a los tres días nos peleamos por primera vez y fue feo, no feo de gritar, feo de quedarnos callados y no entendernos.

Fue un miércoles. Yo había tenido control en el hospital en la mañana y me habían dicho que tenía que cuidarme más, que no me podía desvelar tanto y que tenía que tomar agua y no tomar tanto café. Llegué al colegio cansada y con dolor de espalda y con ganas de no hablar con nadie. Kael me había dicho que ese día no iba a poder ir a la azotea porque tenía que ir a ayudar a su mamá a entregar un pedido grande y que llegaba tarde.

Yo le dije que ya, que no importaba, pero sí me importó. Me quedé toda la tarde esperando en la sala y mirando por la ventana si llegaba y no llegó. A las cuatro y media subí sola a la azotea y me senté en el borde y miré Conce con sol y me sentí tonta por haber subido sola, como si la azotea no fuera para estar sola.

A las cinco bajé y don Luis me preguntó dónde estaba Kael. Le dije que no sabía, que tenía que ayudar a su mamá. Me dijo que seguro llegaba mañana. Me fui a la parada y me senté a esperar la micro y me puse a llorar un poco, no mucho, pero me salieron lágrimas porque estaba cansada y porque me dolía la espalda y porque sentía que Kael me había dejado sola.

Al otro día llegó temprano y me buscó en el recreo y me dijo perdón por no ir ayer, es que mi mamá tenía que entregar veinte poleras y no alcanzaba sola. Le dije que no importaba, pero con voz de enojada, y él se dio cuenta. Me dijo ¿estás enojada? Le dije que no, que estaba cansada no más. Me dijo que sí estabas enojada y que le dijera por qué.

Le dije que me había sentido sola en la azotea y que había subido igual y que don Luis me había preguntado por él y que me había dado vergüenza decir que no sabía dónde estaba. Me dijo que no me había avisado bien y que tenía razón, que la próxima me avisaba antes. Le dije que no era solo avisar, que era que yo había querido contarle lo del hospital y que no pude.

Se quedó callado y me dijo que yo también a veces no le contaba cosas y que él se sentía igual, que cuando yo me quedaba callada por el dolor él no sabía qué hacer. Le dije que era distinto, que mi dolor no era porque quería, que era porque estaba enferma. Me dijo que lo sabía, pero que igual se sentía mal porque no podía ayudarme.

Nos quedamos los dos callados y sonó el timbre del recreo y nos tuvimos que ir a clases. En toda la mañana no nos hablamos y en el almuerzo me senté con otras compañeras y él se sentó con su primo y no nos miramos.

A las cuatro subimos a la azotea igual, porque aunque estábamos enojados, era nuestro lugar. Nos sentamos separados, no cerca como siempre, y miramos Conce sin hablar. Después de un rato Kael me dijo Abril, no me gusta estar peleado contigo, me da pena. Le dije que a mí tampoco me gustaba y que me daba pena también.

Me dijo que no sabía pelear, que en su casa cuando se peleaban se gritaban y después no se hablaban por días y que no quería que nosotros fuéramos así. Le dije que yo tampoco sabía pelear, que en mi casa mi mamá no peleaba, que se quedaba callada y después me pedía perdón aunque no tuviera la culpa.

Le dije que me había dado miedo que no fuera a la azotea porque pensé que ya no quería ir conmigo. Me dijo que nunca, que la azotea era lo que más le gustaba del colegio y que era por mí. Le dije que a mí me pasaba lo mismo, que si no iba él la azotea no era lo mismo.

Nos acercamos un poco y nos tomamos la mano y nos quedamos así, con la mano tomada y con el sol pegando en la cara. Me dijo ¿me perdonas por no avisar? Le dije que sí, si tú me perdonas por enojarme así. Me dijo que sí y nos abrazamos fuerte, con su chaqueta grande que olía a jabón y a sol.

Don Luis nos gritó desde abajo que ya era hora y bajamos tomados de la mano, como si no nos hubiéramos peleado nunca, pero sabiendo que sí nos habíamos peleado y que habíamos aprendido a pedir perdón.

En la parada me dijo mañana a la misma hora, pero me avisas si no puedes venir. Le dije mañana a la misma hora y te aviso si no puedo.

Llegué a mi casa y mi mamá me preguntó por qué tenía los ojos hinchados. Le dije que me había peleado con Kael pero que ya estábamos bien. Me dijo que pelearse era normal, que lo importante era hablar y no guardarse las cosas. Le dije que sí, que eso habíamos hecho.

Me metí a mi pieza y saqué el cuaderno de cálculo. No taché nada, pero escribí: 18 de julio, primera pelea y primer perdón. Y abajo escribí: no me gusta pelear con Kael.

Guardé el cuaderno y pensé que pelearse era feo, pero que pedir perdón y abrazarse después era bacán y que eso hacía que todo fuera más de verdad.

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