Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 9.
Bastian
La herida había sanado.
O al menos… lo suficiente.
Pero mi madre no parecía estar de acuerdo con eso.
—No deberías salir solo —insistió esa mañana, acomodando el cuello de mi camisa como si aún tuviera diez años—. Aún estás débil.
La miré con paciencia.
—Mamá, estoy perfectamente bien.
—Eso dices siempre —respondió, frunciendo el ceño—. Y mira cómo terminaste.
Sofía apareció detrás, cruzada de brazos.
—Yo digo que le pongamos un rastreador.
Suspiré.
—Ambas están exagerando.
Pero, en el fondo… sabía que no estaban del todo equivocadas.
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Cuando finalmente logré salir, llevaba conmigo la única pista que tenía.
La camisa.
La misma que ella me había dado.
La observé una vez más antes de entrar al auto.
El logo.
Simple.
Pero suficiente.
Había sido fácil encontrar la empresa.
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Llegué temprano.
No me gustaba interrumpir rutinas.
Y menos… si quería encontrar respuestas.
Apenas crucé la entrada, sentí las miradas.
No era nuevo.
Pero sí… útil.
—Es Bastian Kros… —escuché en voz baja.
Ignoré los murmullos y me acerqué a recepción.
—Buenos días —dije con tono calmado—. Estoy buscando a Nina Galen.
La mujer frente a mí dudó un segundo.
—Nina Galen… —repitió—. Ella ya no trabaja aquí.
Sentí una leve tensión en el pecho.
—Entiendo —respondí—. ¿Sabe dónde podría encontrarla?
—No, lo siento —dijo—. Pero la señora Camila… la directora… tal vez pueda ayudarle.
Asentí.
—Se lo agradecería.
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Me indicaron que esperara.
Me ofrecieron café.
Acepté.
La calma siempre es una ventaja.
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Minutos después, una asistente se acercó.
—La señora Camila puede recibirlo ahora.
Me levanté.
Ajusté mi chaqueta.
Y caminé.
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La oficina era amplia.
Elegante.
Perfectamente organizada.
Ella estaba de pie.
Sonriendo.
Demasiado… perfectamente.
A su lado, un hombre.
—Mucho gusto —dije, extendiendo la mano—. Bastian Kros.
—El gusto es mío —respondió ella con una voz suave—. Camila Grace.
Señaló al hombre a su lado.
—Y él es mi sobrino, Damián Cross.
Lo miré.
—Curioso —dije con una leve inclinación de cabeza—. Nuestros apellidos suenan… similares.
—Sí… —respondió él, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
Silencio breve.
Controlado.
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—No les quitaré mucho tiempo —continué—. Estoy buscando a Nina Galen.
Camila suspiró suavemente.
—Oh… Nina —dijo, con un tono casi melancólico—. Lamentablemente, ya no trabaja con nosotros.
—Eso me indicaron —respondí—. Por eso pensé que usted podría orientarme.
Ella sonrió.
—Claro, con gusto. Aunque… me temo que no podemos compartir información personal de antiguos empleados.
Damián intervino.
—Son políticas de la empresa.
Lo miré.
—Lo comprendo.
Silencio.
—Sin embargo —añadí—, me gustaría agradecerle personalmente.
Camila inclinó ligeramente la cabeza.
—Si fue por algo relacionado con la convención… nosotros podemos ayudarle —dijo con dulzura—. De hecho, creo recordar haberlo atendido.
—Probablemente —respondí con cortesía—. Pero mi interés… es específico.
Mis palabras fueron claras.
Sin ser groseras.
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Camila no perdió la sonrisa.
—Entiendo —dijo—. Pero mi sobrino es el ingeniero naval encargado de nuestras operaciones. Estoy segura de que puede ofrecerle una solución incluso mejor.
Damián dio un paso al frente.
—Podemos presentarle nuestro portafolio completo.
Lo miré.
Un segundo más de lo necesario.
—Agradezco la oferta —respondí—. Pero no es lo que busco.
Silencio.
Tensión.
Sutil.
Pero presente.
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—De todas formas —añadí—, agradezco su tiempo.
Camila asintió.
—Ha sido un placer.
Damián hizo lo mismo.
—Igualmente.
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Tomé el portafolio que me ofrecieron.
Por cortesía.
Nada más.
Y salí.
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Apenas estuve fuera, marqué un número.
—Necesito que encuentres a alguien.
—¿Qué datos tienes? —respondieron al otro lado.
—Nombre: Nina Galen. Trabajaba en esta empresa.
Silencio.
—Me tomará tiempo.
—Lo sé —respondí—. Pero la quiero encontrar.
Colgué.
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Subí a mi auto.
Pero antes de arrancar, mi teléfono volvió a sonar.
El fiscal.
—Señor Kros, tenemos avances. Identificamos al joven que lo atacó.
Mi mirada se endureció.
—¿Habló?
—No. Pero necesitamos que venga a confirmar.
—Voy en camino.
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Horas después, estaba frente al espejo unidireccional.
El joven estaba ahí.
Sentado.
Inquieto.
—¿Es él? —preguntó el fiscal.
Lo observé.
—Sí.
Silencio.
—Pero no actuó solo.
—Lo sabemos.
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Salí de la estación con una certeza:
Esto no había terminado.
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Más tarde, ya en la oficina, intenté concentrarme en reuniones pendientes.
Pero mi mente… volvía a ella.
Siempre a ella.
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Mi teléfono vibró.
Sofía.
—¿Dónde estás?
—En la oficina.
—¿Ya almorzaste?
—No.
—Perfecto. Yo tampoco. Nos vemos en veinte.
—Sofía—
Colgó.
Como siempre.
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Veinte minutos después, la puerta se abrió de golpe.
—¡Hermano!
Se lanzó sobre mí.
La abracé, resignado.
—Pensé que vendrías sola.
—¿No te dije que venía con amigas?
La miré.
—No.
Sonrió.
—Ups.
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Cuatro mujeres entraron detrás.
Risas.
Perfume.
Demasiado ruido.
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Sofía se sentó frente a mí… y colocó a una de ellas a mi lado.
—Bastian, ella es Teresa.
La saludé con educación.
—Un gusto.
—El gusto es mío —respondió ella, sonriendo.
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Durante el almuerzo, hablaron de todo.
Maquillaje.
Ropa.
Viajes.
Procedimientos.
Escuché.
Respondí lo necesario.
Nada más.
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No me interesaba.
No estaba ahí.
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Porque mi mente…
seguía en otro lugar.
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En una bodega.
En unos ojos oscuros.
En una mujer que no huyó.
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Nina Galen.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro