Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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El mensaje del Reino del Sur
El sol apenas comenzaba a iluminar las murallas de Arturias cuando un jinete atravesó el puente del castillo a toda velocidad.
—¡Abran las puertas! ¡Traigo un mensaje urgente del Sur!
Los guardias no tardaron en reconocer el escudo de Laura y Antony. De inmediato lo condujeron hasta el salón del consejo, donde el rey Carlos, la reina Miranda, Edward, Franshesca, Patrik, Lorena, Fernanda y Gerardo analizaban los informes sobre el Bosque Negro.
El mensajero cayó de rodillas.
—Mi rey... el Sur ha sido atacado.
El salón quedó en silencio.
Edward dio un paso al frente.
—Habla.
—Varios caminos comerciales fueron destruidos. Los responsables dejaron un extraño símbolo grabado en las rocas y luego desaparecieron sin llevarse nada.
Fernanda frunció el ceño.
—Lo mismo está ocurriendo cerca del Bosque Negro. Todo parece estar relacionado.
Carlos observó a su familia.
—El enemigo quiere sembrar miedo antes de atacar.
Patrik apoyó las manos sobre la mesa.
—Entonces debemos adelantarnos.
Edward comenzó a organizar la respuesta.
—Enviaré una compañía de soldados al Sur para reforzar la seguridad. El Grupo Élite también partirá, pero en equipos pequeños. No sabemos cuántos enemigos hay ni dónde se esconden.
Todos estuvieron de acuerdo.
Mientras los adultos planeaban la misión, los jóvenes entrenaban en el patio principal.
Dante y Alejandro practicaban con espadas de entrenamiento, mientras Gael y Liam perfeccionaban su puntería con el arco.
Luciana y Elena lanzaban dagas contra unos blancos de madera con una precisión admirable.
Valentina y Victoria competían entre ellas usando lanzas ligeras.
Carlos y Manuel supervisaban el entrenamiento de los menores.
—La fuerza no sirve de nada sin disciplina —dijo Carlos.
Gabriel asintió mientras levantaba nuevamente su escudo.
En ese momento apareció Edward.
Todos dejaron de entrenar.
—Prepárense. Partiremos al Sur antes del mediodía.
Los jóvenes intercambiaron miradas de emoción.
Por fin participarían en una misión real.
Mientras tanto, muy lejos de allí, Laura y Antony continuaban investigando los ataques.
Habían seguido las huellas hasta un antiguo puente de piedra que cruzaba un profundo cañón.
Antony se agachó para observar el suelo.
—Las huellas terminan aquí.
Laura levantó la vista.
El puente estaba completamente vacío.
De pronto, una flecha pasó silbando junto a ellos y se clavó en un árbol.
—¡Emboscada! —gritó Antony.
Varios hombres encapuchados aparecieron entre las rocas.
Algunos empuñaban espadas, otros llevaban arcos y varios sostenían largas dagas.
Los guardias y soldados del Reino del reaccionaron de inmediato.
El sonido del acero llenó el lugar.
Laura bloqueó el ataque de uno de los enemigos y respondió con un rápido movimiento de su espada.
Antony derribó a otro utilizando su escudo antes de desarmarlo.
Sin embargo, los atacantes no parecían interesados en ganar la batalla.
Tras unos minutos comenzaron a retirarse.
Antes de desaparecer, uno de ellos lanzó una pequeña placa de metal a los pies de Laura.
Ella la recogió rápidamente.
En el centro aparecía el mismo símbolo que habían encontrado grabado en la piedra.
—Nos están desafiando... —murmuró.
En ese instante, a lo lejos, comenzó a escucharse el sonido de varios cuernos.
Edward y el Grupo Élite acababan de cruzar la frontera del Sur.
La familia volvía a reunirse.
Y esta vez, estaban decididos a descubrir quién era el enemigo que amenazaba a todos los reinos.
Continuará...