En un mundo donde lobos y vampiros se odian desde generaciones, Aiden descubre que no es solo un joven universitario ordinario, sino el heredero de una de las más poderosas líneas Alfa. Criado en el mundo humano, sin saber quién es, su vida cambia cuando empieza a tener visiones, sueños extraños y un poder que no puede controlar. Junto a Lyra, una guardiana de la que se enamora, Aiden se enfrenta a un enemigo ancestral: la sombra, nacida del miedo de la creación. En su búsqueda de identidad, Aiden deberá descubrir quién es realmente, equilibrar las fuerzas que lo han perseguido y, solo a través del amor y la elección, cambiar el destino de su mundo, donde la verdad es la única fuerza capaz de unir aquello que el odio dividió.
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Capítulo 22: El despertar de la Luna Antigua
El mensaje grabado en la piedra parecía observarlos.
Era solo una frase.
Un símbolo.
Pero ninguno de ellos podía ignorar la sensación de peligro que transmitía.
Aiden pasó los dedos por la inscripción.
La roca estaba fría.
Demasiado fría.
Como si hubiera estado esperando siglos a que alguien la tocara.
—¿Qué sabes de ese símbolo? —preguntó.
Lyra no respondió de inmediato.
Sus ojos seguían fijos en la marca.
—Muy poco.
Y eso es lo que me preocupa.
Aiden frunció el ceño.
—Explícate.
Ella respiró lentamente.
—En los registros vampíricos antiguos hay historias sobre una época anterior a los reyes.
Cuando los vampiros todavía no tenían clanes.
Cuando los lobos aún no tenían Alfas.
Se hablaba de una fuerza llamada...
La Luna Antigua.
Boreas se acercó.
—Eso es una leyenda.
Lyra negó.
—Muchas leyendas nacen de hechos que alguien quiso borrar.
El viejo Alfa miró el símbolo.
Y por primera vez en mucho tiempo parecía realmente preocupado.
—Mi padre me contó una historia similar.
Darius lo miró sorprendido.
—¿Por qué nunca la mencionaste?
Boreas guardó silencio.
—Porque pensé que era solo un mito.
Hasta ahora.
El regreso al castillo fue mucho más silencioso que el viaje.
La guerra había terminado.
Pero la paz parecía más frágil que nunca.
Los lobos y vampiros viajaban juntos.
Algo que habría sido imposible semanas atrás.
Pero Aiden sabía que unir dos pueblos después de siglos de odio no ocurría en un solo día.
Había ganado una batalla.
No la confianza de todos.
Todavía.
Cuando llegaron al reino, la noticia de lo ocurrido se extendió rápidamente.
El heredero había regresado.
La antigua amenaza había sido derrotada.
Y la hija del Rey Vampiro había luchado junto a ellos.
Pero también llegó otra noticia.
Una mucho más complicada.
Un mensajero esperaba en la entrada del castillo.
—Alfa.
Aiden todavía se acostumbraba a ese título.
—Habla.
El mensajero inclinó la cabeza.
—Han llegado representantes de las manadas del norte.
Quieren verlo.
Boreas intercambió una mirada con Darius.
—¿Ahora?
El mensajero asintió.
—Dicen que no reconocerán a un Alfa que permitió una alianza con vampiros.
El silencio cayó.
La reunión comenzó esa misma tarde.
Los líderes de las distintas manadas llenaron el salón.
Algunos eran ancianos.
Otros jóvenes guerreros.
Pero todos tenían algo en común.
Desconfianza.
Un lobo de pelaje oscuro se levantó.
—La tradición dice que un Alfa debe proteger a los lobos.
Aiden sostuvo su mirada.
—Lo haré.
—Entonces ¿por qué trajiste vampiros a nuestro territorio?
Lyra dio un paso.
Pero Aiden levantó la mano.
Él respondería.
—Porque durante siglos protegimos nuestro orgullo más que nuestras vidas.
El lobo gruñó.
—Eso suena como algo que diría un humano.
Aiden no se movió.
—Quizás.
Porque viví como humano.
Y eso me enseñó algo que muchos olvidaron.
Un reino no está formado por sangre.
Está formado por personas.
La sala quedó en silencio.
Algunos parecían molestos.
Otros dudaban.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Un joven guardia entró corriendo.
—¡Alfa!
Todos se volvieron.
El guardia estaba pálido.
—Hemos encontrado algo en los límites del territorio.
Aiden se levantó.
—¿Qué?
El guardia tragó saliva.
—Una aldea entera.
Desaparecida.
No destruida.
No atacada.
Simplemente...
Vacía.
Aiden, Lyra y varios guerreros llegaron al lugar al caer la noche.
La aldea estaba intacta.
Las puertas abiertas.
La comida todavía en las mesas.
Los fuegos apagados.
Parecía que todos habían desaparecido en medio de una conversación.
Darius revisó el suelo.
—No hay señales de pelea.
Boreas olfateó el aire.
Su expresión cambió.
—Esto no fue obra de vampiros.
Aiden miró las casas vacías.
—Entonces, ¿qué pasó?
Lyra encontró algo en una pared.
Un símbolo.
El mismo de las ruinas.
La Luna Antigua.
Y debajo había un mensaje escrito con una sustancia oscura.
"El primer sueño ha comenzado."
Aiden sintió un escalofrío.
Porque en ese instante...
Todos los habitantes desaparecidos abrieron los ojos.
En un lugar desconocido.
Al otro lado del mundo.
Una figura observaba cientos de cuerpos dormidos.
Sonrió.
—El heredero despertó.
Era hora de que la Luna Antigua también lo hiciera.