Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 24
La conversación con la familia Hall quedó atrás, pero sus efectos continuaron sintiéndose durante los días siguientes.
Evander no modificó su manera de tratar a Auren; seguía siendo paciente, educado y sereno, como si nada hubiera cambiado. Sin embargo, ella comenzó a notar pequeños detalles que antes pasaban desapercibidos. Siempre tenía preparado el material que mejor se adaptaba a sus avances, recordaba cada una de sus respuestas durante las sesiones anteriores y sabía cuándo insistir con un ejercicio y cuándo era mejor detenerse para hablar de cualquier otro tema.
Aquella dedicación hacía que Auren se sintiera cada vez más cómoda en la residencia Hall.
Esa tarde, la lluvia había cesado y la luz atravesaba los altos ventanales de la biblioteca. Sobre la mesa descansaban varios cristales mágicos y un trozo de tela blanca.
Evander cerró el cuaderno donde llevaba el registro de sus progresos.
—Hoy no utilizaremos cristales.
Auren lo miró con curiosidad.
—¿Entonces?
—Trabajaremos con algo que le resulta familiar.
Él deslizó la tela hacia ella.
—Cosa una puntada sencilla.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—Eso lo hago todos los días.
—Precisamente.
Auren tomó la aguja y el hilo.
Sus movimientos seguían siendo precisos, aunque al intentar dejar fluir su magia, la energía volvía a quedarse inmóvil.
Bajó la mirada con decepción.
—Sigue sin responder.
Evander negó con calma.
—No mire sus manos. Míreme a mí.
Ella levantó lentamente la cabeza. Él continúo.
—Ha pasado mucho tiempo culpándose por lo ocurrido en el incendio, pero nunca fue responsable de aquella tragedia.
Auren apretó los labios.
—Si hubiera reaccionado...
—Usted habría intentado salvar un edificio mientras el techo se derrumbaba. Eso no la convierte en culpable.
La joven guardó silencio.
Evander continuó hablando con la misma tranquilidad.
—Su magia nació para crear. Cuando intentó obligarla a destruir las llamas, actuó en contra de su propia naturaleza. Después llegó el miedo, la impotencia y la culpa. Todo quedó encerrado en su corazón.
Auren sintió un nudo en la garganta.
Durante meses había repetido aquellas escenas una y otra vez.
Siempre llegaba a la misma conclusión.
Había fallado.
Evander dio un paso hacia ella.
—Mire todo lo que consiguió antes de aquel incendio. Construyó un negocio con sus propias manos. Les dio trabajo a muchas personas. Hizo felices a sus padres. Eso también forma parte de usted. No permita que un solo día decida el valor de toda su vida.
Las palabras terminaron rompiendo algo dentro de ella.
Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera contenerlas.
Durante tanto tiempo había intentado mantenerse fuerte que olvidó cómo era dejar salir el dolor.
—Yo... tenía tanto miedo...
Su voz tembló.
—Sentía que si volvía a coser y fracasaba otra vez...
Evander permaneció frente a ella.
—No está sola. Nunca lo ha estado. Sus padres siguen esperándola en casa. Mi familia desea verla recuperarse. Y yo también.
Auren cerró los ojos.
Respiró profundamente.
El peso que llevaba dentro desde aquella noche empezó a deshacerse poco a poco.
Entonces ocurrió.
Un tenue resplandor azul apareció en la punta de sus dedos.
Después otro.
La luz recorrió el hilo que sostenía entre las manos y continuó extendiéndose por la tela.
En pocos segundos toda la habitación quedó envuelta por un brillo cálido y sereno.
No era una explosión de energía.
Era una magia tranquila, armoniosa y llena de vida.
El hilo comenzó a moverse siguiendo los delicados movimientos de sus dedos.
Las puntadas aparecieron con una precisión imposible.
La tela adquirió una resistencia extraordinaria y un suave brillo azul que desapareció lentamente al terminar el último punto.
Auren abrió los ojos con incredulidad.
Miró sus manos.
La magia seguía fluyendo.
Sin esfuerzo.
Sin dolor.
Las lágrimas regresaron, esta vez acompañadas por una sonrisa que nacía desde lo más profundo de su corazón.
—Volvió...
Evander también sonrió.
—Nunca se fue. Solo esperaba que usted dejara de castigarse.
Auren observó nuevamente sus manos.
Podía sentir la energía recorriendo todo su cuerpo con una naturalidad que había olvidado.
Durante varios segundos fue incapaz de pronunciar una sola palabra.
Finalmente respiró hondo.
—Gracias...
Su voz apenas era un susurro.
—De verdad... gracias.
Evander inclinó ligeramente la cabeza.
—Me alegra haber podido ayudar.
Después de tranquilizarse, Auren secó las últimas lágrimas con el dorso de la mano.
Recuperó parte de su carácter habitual y preguntó con sinceridad.
—Ahora dígame cuánto debo pagar.
Evander pareció confundido.
—¿Pagar?
—Claro. Usted dedicó semanas enteras a tratarme. Además, el duque aceptó mi caso. No pienso marcharme sin compensarlos.
Él dejó escapar una leve risa.
—No hace falta.
Auren lo miró fijamente.
—No estoy bromeando.
—Yo tampoco.
Ella insistió.
—Debe existir un precio.
Evander dio un par de pasos hasta quedar frente a ella.
La distancia entre ambos se redujo de manera natural.
—El verdadero trabajo nunca fue lanzar un hechizo complicado. Solo necesitaba encontrar el momento en que usted estuviera preparada para liberar aquello que llevaba guardando.
Auren permaneció inmóvil.
—¿Eso es todo?
—Eso era todo.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—Sigue pareciéndome demasiado poco para todo lo que hizo.
Evander sostuvo su mirada con serenidad.
—Entonces considere que ya recibí mi recompensa.
—¿Cuál?
—Verla sonreír otra vez.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Auren latiera con fuerza.
No encontró una respuesta inmediata.
Solo dio un pequeño paso hacia él.
—También debo agradecerle al duque Ender.
Evander asintió.
—Mi padre se alegrará de escucharlo.
Auren sonrió con suavidad.
—Y usted... Gracias por no rendirse conmigo.
Él respondió con una expresión cálida.
—Nunca tuve motivos para hacerlo.
Durante unos instantes ninguno habló.
El silencio entre ambos dejó de ser incómodo desde hacía mucho tiempo.
Auren levantó lentamente una mano.
Con cierta timidez, tomó la de Evander entre las suyas.
—Prometo que aprovecharé esta segunda oportunidad.
Él cerró suavemente los dedos alrededor de los de ella.
—Estoy seguro de que lo hará.
Los dos permanecieron así unos segundos, sin apartarse, mientras la tenue luz azul que aún escapaba de las manos de Auren iluminaba discretamente la biblioteca.
Ninguno necesitó decir lo que ambos ya comenzaban a sentir; bastó aquella cercanía, la confianza que habían construido sesión tras sesión y la paz que encontraban el uno en el otro para comprender que aquel vínculo había dejado de ser el de un sanador y su paciente, convirtiéndose en el inicio de una historia que ambos deseaban seguir descubriendo juntos.