🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 21: El heredero desconocido
El silencio en el salón principal era absoluto.
Nadie apartaba la mirada de Esteban Salazar.
O mejor dicho...
Esteban Valcárcel.
Porque según él, compartía la misma sangre que la familia.
Y quizás también los mismos derechos.
Adrián observó la fotografía antigua.
Luego miró al hombre.
Y finalmente volvió a observar el medallón.
Todo coincidía demasiado.
—¿Quién te envió?
Preguntó con calma.
Esteban sonrió.
—Nadie.
Llegué porque encontré información sobre los documentos hallados en la finca.
Ricardo frunció el ceño.
—Eso no responde mi pregunta.
El visitante permaneció tranquilo.
—Durante generaciones mi familia conservó secretos.
Historias.
Cartas.
Pruebas.
Y cuando escuché que habían encontrado los archivos antiguos...
supe que era momento de aparecer.
Victoria cruzó los brazos.
—¿Y qué esperas conseguir?
Esteban sostuvo su mirada.
—La verdad.
Aquella respuesta sorprendió a todos.
Porque no había mencionado dinero.
Ni herencias.
Ni propiedades.
Solo la verdad.
—Mi abuelo pasó toda su vida intentando demostrar quién era.
Continuó.
—Murió sin conseguirlo.
Mi padre hizo lo mismo.
Y ahora me toca a mí.
Ricardo observó la fotografía.
Por primera vez parecía menos desconfiado.
Porque reconocía algo en aquel hombre.
Determinación.
La misma que había caracterizado a los Valcárcel durante generaciones.
Lucía permanecía en silencio.
Con Valentina en brazos.
Observando.
Escuchando.
Y tratando de entender lo que estaba ocurriendo.
De repente recordó algo.
—¿Y el medallón?
Preguntó.
Todos la miraron.
Esteban asintió.
—Exactamente.
El medallón.
—¿Lo tienes?
Preguntó Adrián.
El hombre negó.
—No.
Y ahí está el problema.
La tensión volvió inmediatamente.
—¿Qué quieres decir?
Preguntó Alejandro.
Esteban respiró profundamente.
—Según las cartas familiares, el medallón desapareció hace décadas.
Pero sin él...
no existe forma de demostrar quién era el heredero legítimo.
El silencio llenó nuevamente la sala.
Ricardo se levantó lentamente.
—Entonces nadie puede demostrar nada.
Esteban sonrió.
—Tal vez.
Pero hay otra posibilidad.
—¿Cuál?
Preguntó Adrián.
—Encontrarlo.
Aquella respuesta hizo que Isabella abriera los ojos de emoción.
—¡Una búsqueda del tesoro!
Exclamó.
Victoria se llevó una mano a la frente.
—Por supuesto que tú pensarías eso.
—¿Y qué tiene?
Respondió Isabella.
—Suena emocionante.
Todos terminaron riendo.
Incluso Esteban.
Y por primera vez la tensión disminuyó.
Horas después, Adrián invitó a Esteban a quedarse temporalmente en la mansión.
La decisión sorprendió a todos.
Especialmente a Lucía.
Cuando estuvieron solos, ella decidió preguntarle.
—¿Confías en él?
Adrián pensó unos segundos.
—No completamente.
—Entonces ¿por qué lo invitaste?
Adrián miró hacia la ventana.
—Porque si dice la verdad...
también es parte de esta historia.
Y si miente...
prefiero tenerlo cerca.
Lucía tuvo que admitir que era una buena estrategia.
Aquella noche la familia cenó junta.
Incluyendo a Esteban.
Los cuatrillizos parecían ser la atracción principal.
Especialmente Mateo.
Que no dejaba de observar a todos.
—Ese niño me está juzgando.
Dijo Esteban entre risas.
—Lo hace con todos.
Respondió Isabella.
—Es una tradición familiar.
Mientras todos conversaban, Ricardo observó discretamente al visitante.
Había algo que no lograba sacar de su mente.
Algo extraño.
Algo familiar.
Y cuanto más lo observaba...
más sentía que lo había visto antes.
Aunque era imposible.
Más tarde, cuando todos se retiraron a descansar, Adrián recibió otra llamada de la finca.
Esta vez la voz del investigador sonaba nerviosa.
Muy nerviosa.
—Señor Valcárcel.
Tenemos un problema.
Adrián se puso de pie inmediatamente.
—¿Qué ocurrió?
—Alguien entró esta noche.
Y robó varios documentos.
El corazón de Adrián se aceleró.
—¿Qué?
—Y no solo eso.
Dejaron un mensaje.
El silencio fue absoluto.
—¿Qué mensaje?
Preguntó Adrián.
La respuesta llegó unos segundos después.
Y fue suficiente para helarle la sangre.
—Decía: "Dejen de buscar el medallón."
Adrián quedó inmóvil.
Porque aquello significaba una cosa.
Alguien más estaba detrás del secreto.
Alguien peligroso.
Alguien que no quería que la verdad saliera a la luz.
Y esa persona acababa de dar el primer paso.