Luego de morir, reencarna en el cuerpo de la villana de un juego. Decidida a no morir, se va de vacaciones con su fortuna. Pero su paz es interrumpida con la llegada de un huevo de dragón.
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Capitulo 8.
Las enormes puertas del Palacio Imperial comenzaron a abrirse más.
El sonido de los mecanismos recorrió todo el edificio.
Soldados imperiales ocuparon ambos lados del gigantesco corredor principal mientras nobles, ministros y miembros del consejo aguardaban en completo silencio.
El inmenso dragón rojo cruzó lentamente el acceso principal sin disminuir el paso. Su tamaño obligaba a que el corredor imperial, construido generaciones atrás para la familia de los dragones, tuviera columnas descomunales y un techo tan alto que casi parecía perderse en la oscuridad.
Cada pisada resonaba por todo el palacio.
Los soldados bajaron la cabeza al mismo tiempo.
—¡Larga vida a Su Majestad!
Vivienne permanecía a su lado con el pequeño Ren.
El pequeño observaba todo con una mezcla de curiosidad y sueño. Sus ojos dorados recorrían las enormes columnas, las armaduras brillantes y las incontables personas arrodilladas a ambos lados.
Vivienne, en cambio, solo pensaba en una cosa.
—Tienes un palacio ridículamente grande.
La voz grave de Gariel respondió sin dejar de caminar.
—Nunca me había detenido a pensarlo.
—Se nota.
Ren soltó una pequeña risa.
Gariel continuó hasta el centro de la gran sala del trono.
Era un espacio inmenso, preparado incluso para albergar a un dragón de su tamaño. Al fondo se elevaba el trono imperial sobre varios escalones de piedra negra, mientras los altos nobles y comandantes permanecían arrodillados con la mirada fija en el suelo.
El emperador finalmente se detuvo.
Todos los presentes dirigieron miradas discretas hacia el bebé.
El cabello plateado.
Los pequeños cuernos.
No existía duda.
Era el heredero desaparecido.
Un instante después, el enorme cuerpo de Gariel comenzó a envolverse en una intensa luz rojiza.
Nadie levantó la cabeza.
La transformación del emperador era un momento reservado únicamente para la familia imperial y la alta corte.
Las gigantescas escamas desaparecieron una tras otra.
Las inmensas alas del dragón se redujeron hasta adoptar otra forma.
La enorme silueta fue perdiendo tamaño hasta convertirse en la de un hombre.
Cuando la luz terminó de disiparse, Gariel permanecía de pie en su forma humana.
Su largo cabello rojo caía sobre la espalda y dos grandes alas rojizas permanecían extendidas detrás de él, imponiendo el mismo respeto que cuando era un dragón.
Como ocurría siempre después de una transformación, no llevaba ninguna prenda.
Los sirvientes imperiales, completamente acostumbrados a aquella situación, avanzaron de inmediato sin alterar el orden de la ceremonia.
Uno de ellos colocó una amplia bata negra sobre los hombros del emperador.
Otro acomodó el cinturón.
En apenas unos segundos Gariel quedó cubierto.
Vivienne observó la escena con tranquilidad. Aunque si había desviado su vista para echar un vistazo a ese cuerpo.
Otros simplemente esperaban el inicio de la audiencia.
Gariel avanzó hasta colocarse frente al trono, pero no se sentó.
Su atención permanecía sobre Ren.
El pequeño también lo observaba.
Después volvió a esconder el rostro contra el hombro de Vivienne.
El emperador dejó escapar un suspiro casi imperceptible.
El anciano presidente del consejo dio un paso al frente.
—Su Majestad... nos alegra profundamente confirmar que el príncipe heredero está con vida.
Gariel respondió con un leve movimiento de cabeza.
—Lo está.
El anciano continuó.
—Sin embargo...
Su mirada se dirigió hacia Vivienne.
—Considero preocupante que una humana lo tenga en brazos.
Varios consejeros asintieron.
—El príncipe debería permanecer con su familia.
—Las nodrizas imperiales ya están preparadas.
—Podemos ocuparnos de él inmediatamente.
Vivienne permaneció completamente callada.
No era su corte.
No pensaba discutir con desconocidos.
Uno de los oficiales dio un paso adelante.
—Permítame cargar al príncipe.
Se acercó despacio.
Ren levantó la cabeza.
Bastó un instante para que sus pequeñas manos se aferraran con fuerza al vestido de Vivienne.
El niño comenzó a llorar.
Un llanto desesperado.
Intentaba esconderse completamente entre sus brazos mientras negaba con la cabeza una y otra vez.
Vivienne empezó a acariciarle la espalda.
—Ya está.
Ren seguía temblando.
—Nadie va a llevarte a ningún sitio.
El oficial retrocedió sin saber qué hacer.
Toda la sala quedó en silencio.
Gariel observó a su hijo durante unos segundos.
Después habló.
—Eso es exactamente lo que intenté explicarles.
Nadie respondió.
El emperador continuó con voz firme.
—Lady Vivienne encontró a Ren cuando aún estaba dentro de su huevo.
Los murmullos comenzaron de inmediato.
—Ella presenció su nacimiento.
El silencio regresó.
—Por esa razón se convirtió en su ancla.
El anciano abrió mucho los ojos.
—¿El vínculo ya se formó?
—Sí.
Gariel dirigió la mirada a toda la corte.
—Mientras ese vínculo exista, separarlos solo perjudicará al príncipe.
Los consejeros comenzaron a intercambiar miradas preocupadas.
Uno de ellos habló.
—Entonces... ¿esa humana permanecerá en el palacio?
—Así será.
—Su Majestad, podríamos alojarla en el ala de invitados.
Gariel negó con la cabeza.
—No.
La respuesta fue inmediata.
—Lady Vivienne ocupará las habitaciones imperiales contiguas a las mías.
La sala entera quedó inmóvil.
Incluso algunos generales levantaron la vista por la sorpresa.
—¿Las habitaciones imperiales?
Gariel sostuvo la mirada del consejero.
—Quiero que Ren pueda llegar hasta mí cuando lo desee, pero sin alejarse de su ancla.
Nadie encontró argumentos para responder.
El emperador dio la orden definitiva.
—Preparen las habitaciones de inmediato.
Los sirvientes inclinaron la cabeza.
—Como ordene, Su Majestad.
Gariel volvió finalmente hacia Vivienne.
—Lamento que tu llegada haya sido tan ruidosa.
Ella observó a Ren, que ya volvía a tranquilizarse.
Después miró al emperador.
—Mientras pueda dormir una buena siesta, puedo soportar casi cualquier cosa.
Gariel sonrió apenas.
—Haré que nadie interrumpa tu descanso.
Vivienne asintió con absoluta naturalidad.
—Entonces empezamos con buen pie.
Aquellas palabras dejaron a toda la corte en silencio, incapaz de comprender cómo la única humana dentro del Palacio Imperial hablaba con el emperador como si llevaran años conociéndose, mientras el príncipe heredero permanecía profundamente dormido entre sus brazos sin intención alguna de separarse de ella.
felicidades y disfruta del don que tenes, imaginar y escribir con esas palabras es grandioso, solo 3 escritoras me pude. haver vivir todo con su escritura, y una de ella sos vos, disfruta de esto y gracias por compartirlo 🥰
Gracias por compartir tan maravillosa historia💕