Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 7 – La primera cena de los Moretti
Los motores de los automóviles dejaron de escucharse uno tras otro frente a la mansión.
Las enormes puertas de hierro permanecían abiertas mientras los invitados descendían de vehículos de lujo.
Hombres vestidos con impecables trajes oscuros y mujeres con elegantes vestidos caminaban por la alfombra principal saludando a los dueños de casa.
Valeria respiró profundamente.
Era la primera vez que sentía verdaderos nervios desde el día de la boda.
No le preocupaban las críticas.
Le preocupaba convertirse en el centro de todas las miradas.
—¿Lista? —preguntó Adrián, acomodándose los puños de la camisa.
Ella lo observó de reojo.
—No.
Él dejó escapar una leve sonrisa.
—Yo tampoco.
Valeria no esperaba esa respuesta.
Por un instante, ambos compartieron una mirada que rompió un poco la tensión.
Pero el momento terminó cuando Ernesto anunció con voz firme:
—La familia Moretti les da la bienvenida.
Los invitados comenzaron a entrar.
Algunos saludaban con cordialidad.
Otros apenas inclinaban la cabeza.
Y unos cuantos observaban a Valeria con evidente curiosidad.
—Así que ella es la nueva señora Moretti...
—Es más joven de lo que imaginaba.
—Dicen que es muy educada.
—Veremos cuánto dura.
Valeria escuchó varios de aquellos comentarios, pero decidió ignorarlos.
No había llegado para pelear.
Isabella apareció junto a ella.
—No les prestes atención.
—Estoy bien.
—Siempre buscan medir a los nuevos miembros de la familia.
Valeria sonrió con tranquilidad.
—Entonces tendrán que esforzarse más para incomodarme.
Isabella soltó una pequeña risa.
—Me gusta tu actitud.
Uno de los hombres se acercó primero.
Tendría unos cincuenta años y transmitía autoridad con solo caminar.
—Bienvenida.
Extendió la mano.
—Soy Alessandro Moretti.
—Mucho gusto.
—Hermano menor del padre de Adrián.
Valeria estrechó su mano con respeto.
—Es un placer conocerlo.
A diferencia de otros familiares, Alessandro parecía sincero.
No tardó en acercarse otra mujer de cabello rubio y vestido azul.
—Soy Elena.
Abrazó cariñosamente a Isabella antes de mirar a Valeria.
—Espero que no te asustes con esta familia.
Valeria sonrió.
—Haré mi mejor esfuerzo.
—Lo vas a necesitar.
Las dos rieron suavemente.
Adrián observaba la escena desde unos metros de distancia.
Era extraño.
Esperaba que Valeria se sintiera incómoda.
Sin embargo, parecía desenvolverse con total naturalidad.
Mientras conversaban, una copa cayó al suelo y se hizo añicos.
Todos giraron la cabeza.
Una joven empleada había tropezado accidentalmente.
Su rostro perdió el color.
—Lo siento... lo siento mucho...
Antes de que el encargado pudiera decir una palabra, Valeria caminó hasta ella.
—¿Te lastimaste?
—No... señora...
Valeria tomó una servilleta y la ayudó a limpiar el pequeño corte que tenía en un dedo.
—Traigan un botiquín, por favor.
Algunos invitados comenzaron a murmurar.
—¿La señora Moretti está atendiendo a una empleada?
—Qué raro...
—Nunca vi algo así.
La joven levantó la vista con lágrimas contenidas.
—Gracias.
—No tenés que agradecerme.
Valeria sonrió.
—Los accidentes nos pueden pasar a todos.
Ernesto observó la escena con orgullo.
Incluso Isabella parecía emocionada.
Desde el otro extremo del salón, Adrián seguía cada movimiento de su esposa.
No era una actuación.
Era su forma de ser.
Y eso comenzaba a despertar algo inesperado en él.
Respeto.
Cuando todos pasaron al gran comedor, la larga mesa ya estaba preparada.
Cada lugar tenía una tarjeta con el nombre del invitado.
Valeria buscó el suyo.
Estaba sentado junto a Adrián, como era de esperar.
Pero al otro lado había un nombre que no conocía.
Camila Moretti.
Antes de que pudiera preguntar, escuchó el sonido de unos tacones acercándose.
—Qué casualidad...
Valeria levantó la vista.
La mujer del vestido rojo sonreía con elegancia.
Era hermosa.
Pero su sonrisa no transmitía calidez.
Transmitía desafío.
—Nos volvemos a encontrar.
—Sí.
Camila recorrió a Valeria de arriba abajo.
—Debo admitir que tenés buen gusto para vestirte.
Valeria respondió con tranquilidad.
—Gracias.
—Aunque un vestido bonito no convierte a cualquiera en una Moretti.
El silencio se apoderó de la mesa.
Varios familiares dejaron de hablar.
Esperaban la reacción de la recién llegada.
Valeria apoyó lentamente su copa sobre la mesa.
Sonrió con una serenidad que desconcertó a Camila.
—Tenés razón.
Camila arqueó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Porque un apellido tampoco convierte a cualquiera en una buena persona.
Durante unos segundos nadie respiró.
Camila perdió la sonrisa.
Adrián giró lentamente la cabeza hacia Valeria.
No esperaba una respuesta tan elegante...
Y al mismo tiempo tan contundente.
Algunos familiares intentaron disimular una risa.
Otros bajaron la mirada para evitar demostrarlo.
Camila apretó los labios.
Era la primera vez en mucho tiempo que alguien la dejaba sin palabras frente a toda la familia.
Y la cena...
Apenas acababa de comenzar.
Un silencio incómodo se instaló alrededor de la mesa.
Camila mantuvo la sonrisa durante unos segundos más, aunque era evidente que la respuesta de Valeria había herido su orgullo.
Finalmente soltó una pequeña risa.
—Veo que además de bonita... también sabés defenderte.
Valeria sostuvo su mirada.
—Solo respondo cuando me hablan.
Antes de que la discusión continuara, una voz grave interrumpió el momento.
—Creo que ya es suficiente.
Todos se pusieron de pie casi al mismo tiempo.
Valeria giró lentamente.
Un hombre de aproximadamente sesenta años acababa de entrar al comedor.
Cabello entrecano.
Traje negro impecable.
Una presencia que imponía respeto sin necesidad de levantar la voz.
—Papá —dijo Adrián con seriedad.
Valeria comprendió de inmediato quién era.
Víctor Moretti.
El patriarca de la familia.
El hombre que había organizado aquel matrimonio.
Víctor recorrió la mesa con la mirada hasta detenerse en Valeria.
No sonrió.
No parecía enojado.
Simplemente... la estaba evaluando.
—Así que vos sos Valeria.
Ella dio un paso al frente.
—Mucho gusto, señor Moretti.
Él estrechó su mano con firmeza.
—Bienvenida a mi casa.
—Gracias por recibirme.
Víctor asintió apenas.
Luego tomó asiento en la cabecera de la mesa.
Todos hicieron lo mismo.
Valeria comenzó a notar algo curioso.
Cada vez que Víctor hablaba, nadie lo interrumpía.
Ni siquiera Camila.
Era evidente que su palabra tenía un peso absoluto dentro de la familia.
Los primeros platos comenzaron a servirse.
Las conversaciones giraban alrededor de negocios, inversiones y proyectos internacionales.
Valeria escuchaba en silencio.
No conocía ese mundo.
Sin embargo, prestaba atención a cada detalle.
En un momento, Elena sonrió.
—Valeria, contanos un poco sobre vos.
Varios familiares dejaron los cubiertos sobre la mesa.
Todos parecían interesados en escuchar.
—Bueno... no hay mucho que contar.
—Seguro que sí —respondió Alessandro con amabilidad.
Valeria sonrió.
—Me gustan los libros, cocinar cuando tengo tiempo y ayudar a quien lo necesita.
Camila soltó una risa burlona.
—Qué respuesta tan... sencilla.
Valeria la miró sin perder la calma.
—No creo que una persona se defina por el dinero que tiene.
Algunos intercambiaron miradas.
Isabella sonrió discretamente.
Víctor permanecía en silencio, observándola.
El segundo plato acababa de servirse cuando una empleada tropezó nuevamente.
Esta vez la salsa cayó sobre el mantel... muy cerca de Víctor.
La joven palideció.
—P-perdón...
Nadie dijo una palabra.
Valeria fue la primera en levantarse.
—¿Te quemaste?
La muchacha negó rápidamente.
—No, señora.
Valeria tomó una servilleta y comenzó a limpiar el mantel.
—No te preocupes.
Fue un accidente.
La empleada respiró aliviada.
—Gracias...
Víctor observó toda la escena.
Cuando la joven terminó de limpiar, él habló.
—¿Cómo te llamás?
La muchacha bajó la cabeza.
—Lucía, señor.
—Podés retirarte.
Lucía salió casi corriendo del comedor.
Valeria volvió a sentarse.
Pensó que el tema había terminado.
Pero unos minutos después, Víctor volvió a hablar.
—Decime algo, Valeria.
Ella levantó la vista.
—Sí.
—¿Siempre tratás así a los empleados?
—¿Así cómo?
—Como si fueran parte de la familia.
Valeria respondió sin dudar.
—Porque son personas.
El comedor volvió a quedar en silencio.
Víctor apoyó lentamente los cubiertos.
—Interesante respuesta.
Nadie supo interpretar el tono de su voz.
¿Era una crítica?
¿O un elogio?
Cuando el postre llegó a la mesa, el ambiente parecía mucho más relajado.
Algunos comenzaron a conversar entre ellos.
Otros brindaban.
Camila, sin embargo, seguía observando a Valeria.
No estaba dispuesta a perder aquella batalla.
Levantó su copa.
—Quisiera hacer un brindis.
Todos guardaron silencio.
—Por Adrián...
Mi querido primo.
Y por su matrimonio.
Sonrió con aparente dulzura.
—Espero que esta unión dure mucho más que las apuestas que algunos hicieron.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
—¿Apuestas?
Camila fingió sorpresa.
—¿No te contó?
Adrián levantó la mirada.
—Camila.
Pero ella continuó.
—Algunos creen que este matrimonio no llegará al primer aniversario.
Varios familiares bajaron la vista con incomodidad.
Era evidente que aquello era cierto.
Valeria permaneció inmóvil unos segundos.
Luego tomó su copa.
Se puso de pie.
Y sonrió.
—Entonces yo también quiero brindar.
Todas las miradas se dirigieron hacia ella.
—Brindo por quienes creen conocer el futuro...
Porque suelen ser los primeros en equivocarse.
Y también brindo por esta familia.
Espero que algún día puedan conocerme antes de juzgarme.
Salud.
El silencio fue absoluto.
Después de unos segundos...
Alessandro levantó su copa.
—Salud.
Luego Elena.
Después Isabella.
Finalmente, uno por uno, todos comenzaron a levantar sus copas.
Incluso Víctor.
Todos...
Excepto Camila.
Adrián observó a Valeria con una mezcla de sorpresa y admiración.
No había respondido con enojo.
No había perdido la elegancia.
Había ganado el respeto de gran parte de la mesa.
Sin embargo, cuando la cena estaba a punto de terminar, Ernesto entró apresuradamente al comedor.
Su rostro reflejaba preocupación.
Se acercó hasta Víctor y le susurró unas palabras al oído.
El patriarca cambió inmediatamente de expresión.
Se puso de pie.
Miró a Adrián.
Y luego a Valeria.
—La cena ha terminado.
Tenemos un problema.
Alguien...
Entró en mi despacho.