En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Maga Roun
Mohys condujo a Lila por varios pasillos del templo.
A medida que avanzaban, ella observaba todo con enorme curiosidad.
Había salas donde los magos preparaban extrañas pociones.
Otras donde niños estudiaban frente a enormes estanterías repletas de libros.
En un patio interior, varios jóvenes practicaban el control de pequeñas esferas de agua que flotaban sobre sus manos mientras un instructor los corregía con paciencia.
Espero unos minutos, hasta que el mago volvió a su lado y le dijo que ya los esperaban.
[Así que la magia realmente existe...]
[Es mucho más normal de lo que imaginaba.]
Finalmente, Mohys se detuvo frente a una puerta de madera oscura.
Golpeó dos veces.
—Adelante.
Respondió una voz tranquila desde el interior.
Cuando entraron, Lila encontró una habitación amplia y cálida.
Las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de libros.
Había plantas creciendo junto a las ventanas y un agradable aroma a té llenaba el ambiente.
Sentada detrás de un escritorio se encontraba una anciana.
Tenía un cuerpo grande y robusto que transmitía una extraña sensación de protección.
Su cabello completamente blanco estaba recogido en una larga trenza que descansaba sobre uno de sus hombros.
Sus ojos celestes eran tan serenos que bastó mirarlos para que parte de la tensión que Lila llevaba encima desapareciera.
La anciana sonrió apenas la vio.
Era una sonrisa cálida.
Muy parecida a la que había tenido su madre en los recuerdos de aquella niña.
—Así que tú eres la pequeña de la que me habló Mohys.
Su voz era pausada.
Suave.
Como si hablara con alguien a quien no quisiera asustar.
Lila bajó ligeramente la cabeza por educación.
La anciana hizo un pequeño gesto con la mano.
—Acércate, no tengas miedo.
Lila obedeció, aunque mantuvo una prudente distancia.
La anciana no pareció molestarse.
Simplemente siguió sonriendo.
—¿Cómo te llamas, niña?
Hubo unos segundos de silencio.
—Lila.
Respondió con cierta timidez.
—Mucho gusto, Lila.
La anciana inclinó ligeramente la cabeza.
—Bienvenida a uno de los templos del reino de Sunderland.
Lila parpadeó.
[Uno de los templos...]
[Entonces existen varios.]
Antes de que pudiera preguntar, la anciana continuó.
—Mohys me contó sobre ti. Y también...
Sus ojos celestes la observaron con atención.
—Puedo ver que tienes magia.
Lila negó enseguida.
—Creo que hay un error.
La anciana ladeó la cabeza.
—¿Por qué lo dices?
—Porque no siento nada.
La respuesta salió con total sinceridad.
La anciana dejó escapar una pequeña risa.
No era una burla.
Más bien parecía divertida por la inocencia de la pregunta.
—Eso es completamente normal.
Lila inclinó un poco la cabeza.
—¿Normal?
—Sí.
La magia no suele manifestarse hasta los catorce años.
Lila abrió ligeramente los ojos.
—¿A los catorce?
—Así es.
La anciana apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Antes de esa edad, el maná permanece dentro del cuerpo, creciendo poco a poco.
Lila frunció ligeramente el ceño.
—¿Maná?
La anciana asintió.
—El maná es la energía mágica. Es la fuerza que permite utilizar hechizos, controlar elementos o desarrollar cualquier afinidad que una persona posea. Todos los magos tienen maná. Sin él, la magia simplemente no existiría.
Lila escuchaba con absoluta atención.
Era un concepto completamente nuevo para ella.
[Así que primero existe el maná...]
[Y después despierta la magia.]
La anciana volvió a hablar.
—Nosotros podemos percibir esa energía incluso antes de que despierte. Por eso sabemos que dentro de ti hay maná.
Lila bajó lentamente la mirada hacia sus propias manos.
No sentía nada diferente.
Pero tampoco tenía motivos para pensar que aquella mujer estuviera mintiendo.
La maga sonrió con dulzura.
—¿Cuántos años tienes?
Lila permaneció unos segundos en silencio.
La verdad era que no lo sabía con exactitud.
Los recuerdos de la niña eran confusos.
Nunca celebró un cumpleaños.
Nadie llevaba la cuenta.
—Creo...
Levantó la vista.
—Que doce...
Hizo una pequeña pausa.
—O quizá trece.
La anciana asintió lentamente.
—Eres bastante pequeña todavía.
Su voz seguía siendo cálida.
—Si lo deseas... Puedes quedarte aquí hasta cumplir los catorce años. Cuando llegue ese momento, podrás comprobar con tus propios ojos cuál es tu magia.
La propuesta fue tan inesperada que Lila permaneció inmóvil.
Un lugar donde dormir.
Comida.
Seguridad.
Y personas que parecían amables.
Era exactamente lo que cualquier niño desearía.
Sin embargo...
Su experiencia le impedía confiar tan rápido.
[La última vez...]
[También pensé que alguien me cuidaría.]
[Y terminé viviendo un infierno.]
Guardó silencio unos instantes.
La anciana no insistió.
Simplemente esperó.
Finalmente, Lila reunió el valor para hacer la pregunta que realmente le preocupaba.
—Si...
Apretó un poco las manos.
—Si algún día quiero irme... ¿Podré hacerlo?
La habitación quedó completamente silenciosa.
Mohys observó a la anciana.
Roun sonrió con una ternura que hizo que las arrugas alrededor de sus ojos se marcaran un poco más.
—Por supuesto.
Respondió sin dudarlo.
—El templo no es una prisión. Quien entra lo hace por voluntad propia. Y quien desea marcharse... Es libre de hacerlo cuando quiera.
Lila la observó fijamente.
Buscando alguna duda.
Alguna mentira.
Pero no encontró ninguna.
Roun continuó hablando con la misma calma.
—Jamás retendríamos a alguien contra su voluntad. Nuestro deber es proteger y enseñar. No encerrar.
Aquellas palabras hicieron que la tensión acumulada en el pecho de Lila disminuyera un poco.
No completamente.
Pero sí lo suficiente.
Después de pensarlo unos segundos...
Asintió.
—Entonces... Permaneceré aquí unos días.
Roun sonrió con alegría.
—Nos hará muy felices recibirte.
Mohys también dejó escapar una sonrisa de satisfacción.
Pero Lila mantuvo su expresión tranquila.
[Por ahora me quedaré.]
[Tendré comida.]
[Un lugar seguro para dormir.]
[Y aprenderé todo lo que pueda sobre este mundo.]
Miró discretamente la ventana.
[Pero si algún día descubro que este lugar no es lo que parece...]
[Me iré antes de que sea demasiado tarde.]
Era una costumbre que había aprendido en ambas vidas.
No depender completamente de nadie.
Y siempre tener preparado un camino para marcharse si las cosas cambiaban.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente
estos dos quien dará el primer paso 👌👌👌 no creo q sea a lia o tal vez me equivocoque jejjejej
consiguió que lo ayudará y que toda su atención sea para el que infantil es jaja se nota que le gusta marcar terreno aunque nadie más lo sepa bueno solo el mayordomo que sabe cómo es pero no dice nada mientras Lila está logrando hacerlo reír y estando con el no se da cuenta que también está cayendo con el aunque me preguntó en verdad era la más cerca o ellos sabian que Lila sería de gran ayuda y como también podria encontrar su camino ahí sin olvidar de curar hacer las dos cosas al mismo tiempo