Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 13-Dante
Llegué a la mansión Beaumont exactamente a las siete de la noche, ni un minuto antes, ni uno después, porque las personas como los Beaumont valoran demasiado las apariencias, y honestamente, si iba a entrar en su juego, pensaba hacerlo perfectamente.
El chofer abrió la puerta del automóvil mientras observaba la enorme propiedad iluminada frente a mí, elegante, costosa, fría, exactamente el tipo de lugar donde las familias destruyen emocionalmente a sus hijos mientras sonríen delante de la sociedad.
Subí lentamente los escalones de entrada acomodando apenas el reloj sobre mi muñeca antes de que uno de los empleados abriera la puerta principal.
—Señor Morelli…
Asentí apenas.
—Mía me está esperando.
El hombre pareció confundido durante un segundo, era una reaccion normal, probablemente nadie esperaba verme allí y eso hacía todo mucho más interesante.
Entré a la mansión con absoluta calma mientras observaba alrededor. Nada había cambiado desde la última vez que estuve ahí años atrás. El mismo lujo exagerado. Las mismas decoraciones impecables. El mismo ambiente sofocante disfrazado de elegancia y entonces escuché pasos bajando las escaleras.
Levanté la mirada. Y… Tuve que contener una sonrisa, porque Mía Beaumont definitivamente entendió el juego.
Llevaba un vestido negro elegante, completamente distinto al tipo de ropa delicada y “correcta” que solía usar. Su cabello caía libremente sobre sus hombros y había algo diferente incluso en la manera en que descendía las escaleras, seguridad, no fingida, real.
Sus ojos encontraron los míos inmediatamente y durante unos segundos simplemente nos observamos, después ella habló.
—Llegaste.
Su voz sonó tranquila, pero podía notar perfectamente la tensión escondida debajo, nervios, no miedo y eso también era nuevo.
Metí lentamente una mano dentro del bolsillo del pantalón mientras la observaba acercarse.
—Pensé que sería descortés abandonar a mi futura prometida.
Ella me lanzó una mirada asesina apenas quedó frente a mí.
—No empieces.
Sonreí apenas.
—¿Ves? Ahí está otra vez.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué cosa?
Incliné apenas la cabeza mientras la analizaba.
—Esa expresión. Antes habrías bajado la mirada inmediatamente después de escuchar algo así.
Mía guardó silencio unos segundos y pude notar exactamente el momento en que entendió que tenía razón, curioso, porque no pareció avergonzarla, al contrario, parecía satisfecha de eso.
—Bueno —murmuró finalmente—, supongo que ya no soy tan fácil de intimidar.
Dios, definitivamente prefería esta versión, muchísimo más, el sonido de pasos acercándose interrumpió el momento.
Levanté apenas la mirada cuando los padres de Mía aparecieron al final del pasillo principal y la... expresión del señor Beaumont fue exactamente tan divertida como imaginé, confusión primero, después tensión y finalmente desconfianza absoluta.
Perfecto.
—Dante Morelli —dijo lentamente su padre—. No esperaba verlo aquí esta noche.
—Eso imaginé.
Mi tono tranquilo claramente no ayudó a mejorar el ambiente, la madre de Mía observó alternativamente entre ambos antes de hablar.
—Mía… ¿qué significa esto?
Y ahí ocurrió algo interesante, muy interesante, porque antes de responder, Mía caminó lentamente hasta colocarse a mi lado, cerca, demasiado cerca para que aquello pareciera casual y después… Tomó mi brazo.
Sentí inmediatamente cómo toda la tensión dentro del pasillo cambiaba.
Wow... Así que ella también sabía jugar.
Bajé apenas la mirada hacia su mano aferrada a mi brazo y, honestamente, tuve que contener otra sonrisa, porque aunque intentaba verse tranquila… podía notar perfectamente que estaba nerviosa.
Sus dedos estaban ligeramente tensos, pero aun así no se apartó.
Interesante... Muy interesante.
—Mamá, papá —dijo finalmente con calma—, Dante vino porque necesitamos hablar con ustedes.
El señor Beaumont frunció el ceño inmediatamente.
—¿Desde cuándo ustedes dos tienen algo que discutir juntos?
Mía levantó ligeramente la barbilla.
Y maldita sea… Nunca la había visto tan hermosa como en ese momento.
Porque por primera vez no parecía una mujer intentando agradar. Parecía alguien completamente consciente del impacto que estaba causando.
—Desde que empezamos a salir.
Silencio, absoluto silencio.
La madre de Mía abrió los ojos inmediatamente, su padre parecía genuinamente incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.
Y Bueno… Yo estaba disfrutando demasiado esto.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó él lentamente.
Mía sostuvo mi brazo con más firmeza, buen detalle, muy convincente.
—Escuchaste perfectamente.
El señor Beaumont me observó directamente.
—¿Esto es algún tipo de broma?
—No suelo bromear sobre negocios ni relaciones —respondí tranquilamente.
Eso empeoró todavía más la tensión, la madre de Mía dio un paso hacia nosotros.
—Pero… Mía está comprometida con Alexander.
Ahí estaba el verdadero problema, no la felicidad de su hija, no sus sentimientos, la imagen pública, siempre la maldita imagen pública, sentí cómo Mía tensó ligeramente la mandíbula y entonces hablé antes de que ella tuviera que hacerlo.
—No por mucho tiempo.
El padre de Mía prácticamente me fulminó con la mirada.
—Esto es una falta de respeto.
—No —respondí con calma absoluta—. Lo irrespetuoso habría sido continuar un compromiso que claramente ya no funciona.
Silencio otra vez y entonces ocurrió algo todavía más interesante, Mía me miró, no a sus padres.
A mí.
Y por primera vez desde que comenzó todo esto, vi algo distinto en sus ojos, no solo rabia, no solo determinación, confianza, era pequeña, leve, pero suficiente para notarla.
Curioso, porque eso sí no lo esperaba tan rápido.
La madre de Mía volvió a hablar, claramente alterada.
—¿Qué demonios está pasando contigo, Mía? Primero rechazas a Alexander y ahora apareces con Dante Morelli de la nada…
Mía respiró profundo antes de responder.
—No apareció “de la nada”. Simplemente fue la primera persona que me trató como alguien capaz de tomar decisiones propias.
Eso… Eso definitivamente no lo esperaban, ví claramente cómo su padre endureció el rostro y sinceramente, empezaba a entender mejor por qué Mía terminó emocionalmente tan destruida, toda su vida parecía girar alrededor de obedecer, qué agotador debió ser eso.
—¿Estás enamorada de él? —preguntó su madre abruptamente.
Buena pregunta, muy buena pregunta.
Giré apenas la mirada hacia Mía y una parte deseaba ver qué respondía.
Ella pareció sorprenderse apenas por la pregunta, después me observó unos segundos y durante un momento demasiado breve… Algo extraño cruzó entre nosotros, algo incómodamente intenso, pero desapareció rápido, muy rápido.
Mía sonrió apenas antes de responder.
—Estoy empezando a conocerlo.
Respuesta inteligente, no exagerada, no infantil, creíble y peligrosamente encantadora, porque dicha con ese tono suave mientras seguía aferrada a mi brazo… Casi parecía verdad.
Dios... Esto iba a ser muchísimo más entretenido de lo que imaginé.
La madre de Mía seguía claramente confundida.
—Pero Alexander…
—Alexander ya no tiene derecho a decidir sobre mi vida —respondió ella inmediatamente.
Ahí estaba otra vez, esa nueva versión, la que ya no bajaba la cabeza, la que peleaba y honestamente… Cada vez me gustaba más.
El padre de Mía volvió a mirarme directamente.
—¿Y usted exactamente qué pretende con mi hija?
Qué pregunta tan peligrosa, porque la respuesta real probablemente le provocaría un infarto.
“Destruir a Alexander usando su desesperación emocional.”
Pero obviamente no dije eso, simplemente sostuve su mirada con tranquilidad.
—Lo mismo que cualquier hombre serio pretende cuando se interesa por una mujer.
La mano de Mía se tensó ligeramente sobre mi brazo y tuve que contener otra sonrisa, porque definitivamente acababa de ponerla nerviosa.
Perfecto.
Me incliné apenas hacia ella murmurando lo suficientemente bajo para que solo pudiera escucharme.
—Compórtate como una mujer enamorada, Mía.
Ella giró inmediatamente la cabeza hacia mí con una mirada peligrosísima y Dios… Creo que jamás disfruté tanto provocar a alguien.