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Todo Por Mi Infancia

Todo Por Mi Infancia

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:925
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Todo Por Mi Infancia

Una infancia arrebatada, una verdad oculta y una batalla que dura toda la vida. Isaac cuenta su camino desde la inocencia hasta la madurez, enfrentando pérdidas irreparables, traiciones y peligros que amenazan con acabar con todo lo que ama. Una historia de amor, lealtad y esperanza: porque incluso en la oscuridad más profunda, siempre hay motivos para seguir adelante.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: La edad que no basta sola

Amanecí el día después de cumplir los dieciocho con el mismo dolor en los huesos y las mismas manos ásperas y agrietadas de siempre, pero con algo que nunca antes había podido sentir de verdad: ya nadie podía decirme que era demasiado chico, demasiado joven, demasiado poco para lo que quería hacer. El reloj por fin había dado la vuelta completa. Esa fecha que marqué en todas las paredes de mi cabeza durante años, por fin había pasado.

Me levanté antes de las cinco, me puse la ropa más limpia que tenía, la carpeta de cartón marrón apretada bajo el brazo —la misma que guardaba cada recibo, cada papel, cada prueba de que no había descansado ni un solo día desde que nos separaron— y salí directo al Sename. No desayuné, no me detuve en nada. Tenía la sensación de que si me demoraba ni un minuto más, algo podía cambiar, algo podía salir mal otra vez.

La asistente social me recibió en la misma sala fría, con las mismas sillas duras y el mismo olor a desinfectante de tantas visitas anteriores. Me miró los papeles, luego me miró a mí, y por primera vez no me miró como a un niño que pide un favor imposible. Me miró como a un adulto.

—Ayer cumpliste los dieciocho —dijo pasando las hojas una por una—. Legalmente ya estás en condiciones. Ahora solo falta la resolución final del juzgado de familia.

Me apreté las manos entre las piernas para que no temblaran.

—¿Cuánto se demora?

—Si todo está como dices, y por lo que veo aquí tienes todo impecable… tres o cuatro días hábiles. No más.

Salí de ahí con el corazón latiéndome en la garganta. Tres o cuatro días. Solo eso. Después de años de noches sin dormir, de hambre, de frío, de aguantar miradas y palabras duras, todo se reducía a setenta y dos o noventa y seis horas más.

Fui directo a la obra. Don Mario me vio llegar y antes de que yo dijera nada, asintió con la cabeza, como si ya lo supiera. Me llevó a su oficina, extendió el contrato sobre la mesa de madera gastada y me puso la pluma al lado.

—Ya me enteré —dijo, y por un instante vi que sus ojos se ablandaban—. Felicidades por la mayoría de edad. Y esto aquí: sueldo fijo, seguro, todo legal, aumento retroactivo a este mes. Firmas cuando quieras. Eres parte de este equipo para quedarte, o para irte cuando tú decidas, pero la puerta y el trabajo siempre te van a estar abiertos.

Firmé. La tinta se secó sobre el papel y sentí que por primera vez en mi vida tenía algo firme, algo que no me podían quitar de un momento a otro. Él me apretó el hombro con fuerza, la mano grande y llena de callos igual que la mía.

—Sé para qué haces todo esto. Y te digo algo de hombre a hombre: cumplir dieciocho años solo te cambia el papel. Lo que te hace capaz de cuidarlos es lo que has hecho todos estos días antes de hoy. Eso nadie te lo quita.

Esa misma tarde fui a la casita que alquilé con lo ahorrado, en la calle tranquila con el árbol pequeño en el patio. Dos habitaciones, cocina chiquita, piso de madera que cruje, techo que alguna vez filtró pero que ya arreglé. No es grande, no es nueva, no es perfecta. Pero es nuestra. Y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a decirnos que no podemos estar ahí.

Pasé las noches siguientes limpiando cada rincón, lavando paredes, clavando clavos, acomodando todo con mis propias manos, igual que hago con los ladrillos y el cemento en la obra. Con lo que me adelantó don Mario compré lo indispensable: tres platos, tres vasos, cubiertos, una olla sin agujeros. Y también cosas que nadie dice que son urgentes, pero que yo sabía que hacían falta desde el fondo del alma:

- Sábanas con flores pequeñas para Luna, porque siempre quiso cosas bonitas y coloridas y casi nunca las tuvo.

- Un estante bajito en la pared para Tomás, para que pueda poner todos sus dibujos, porque él casi no habla, pero dibuja todo lo que lleva dentro.

- Una manta gruesa de lana, para las noches heladas de Santiago, para que ninguno de los tres vuelva a dormir temblando de frío nunca más.

Al cuarto día volví al Sename. Me llamaron por mi nombre y me entregaron un documento grueso, empastado, con todos los sellos, todas las firmas, la resolución del juez en letras grandes y negras: TUICIÓN, GUARDA Y CUSTODIA EXCLUSIVA Y DEFINITIVA.

—Todo está aprobado —dijo la asistente deslizándomelo por la mesa—. Eres su representante legal para absolutamente todo. Para la escuela, la salud, para decidir por ellos, para estar con ellos. Legalmente, ya son tu responsabilidad y tu derecho.

Me costó respirar.

—¿Entonces… ya puedo ir a buscarlos?

—Por protocolo tenemos que avisar al hogar con cuarenta y ocho horas de antelación, preparar sus cosas, darles tiempo también a ellos de asimilarlo —me explicó con voz suave—. Puedes pasar pasado mañana, por la mañana. A las diez en punto. Ese día te los llevas definitivamente. No vuelven más.

Anoté la fecha y la hora en la mano con un bolígrafo, para que no se me borrara de ninguna forma. Pasado mañana. Cuarenta y ocho horas. Solo eso.

Esa tarde fui de visita al orfanato, como tantas veces antes, y no les dije nada. No quise ilusionarlos de más, no quise que pasaran dos días eternos contando las horas como yo lo había hecho durante años. Luna corrió a abrazarme a la cintura, hablándome sin parar de sus muñecas, de las comidas, de las niñas con las que juega. Tomás se quedó atrás, callado, mirándome a los ojos como siempre hace, y me entregó un dibujo hecho con lápices de colores: tres figuras bajo un mismo techo, un sol amarillo enorme arriba, y abajo, con letra muy torcida pero muy clara: NOSOTROS.

Me lo guardé en el bolsillo de adentro de la chaqueta, pegado al pecho, justo al lado de la resolución judicial.

Las últimas dos noches no dormí casi nada. Revisaba y volvía a revisar: camas hechas, luz que prende bien, agua caliente en la llave, papeles doblados perfectos dentro de la carpeta. Me sentaba en el escalón de la puerta mirando el cielo oscuro y recorría mentalmente todo el camino: los días sin comer para guardar un peso más, las manos destrozadas, las noches que quise rendirme y no lo hice, la promesa que me hice a mí mismo la noche que nos separaron: volvería por ellos, y nunca más nos volverían a separar.

Cumplir dieciocho años solo me dio el papel. Lo que realmente me dio derecho a estar ahí, esperando ese amanecer, fue todo lo que construí con sudor y silencio antes de ese día.

Todo estaba listo. La casa, el trabajo, los papeles, el corazón.

Solo faltaba que saliera el sol.

Solo faltaba caminar hasta esa puerta.

1
Andrea Gonzalez
estoy mordiendome las uñas
Andrea Gonzalez
🤭🤭🤭🤭
Andrea Gonzalez
hermosa historia
Andrea Gonzalez
que gran chico Isaac
Andrea Gonzalez
que tristeza....
Lena
Sigue escribiendo. Es una buena trama
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