Una venganza despiadada cambiaron el destino de Ania para siempre. Convertida en víctima de una inseminación artificial, se descubrió embarazada de un completo desconocido, sin comprender cómo la crueldad humana había llegado tan lejos.
Rechazada y repudiada por su familia, no tuvo más opción que huir hacia las sombras.
Años después, el tiempo ha borrado a la joven indefensa: Ania regresa transformada en una mujer inquebrantable, sin saber que el destino le tiene preparado es un giro inesperado, en su camino se cruzará con el del verdadero padre de sus gemelos, un hombre de un poder inimaginable que jurará hacer arder a quienes se atrevieron a lastimarla.
Jairo Velarde jamás imaginó que la sangre de su sangre corría por las venas de dos pequeños inocentes. Sin embargo, al caer rendido ante el misterio y la belleza de Ania, descubrirá una verdad tan impactante que sacudirá los cimientos de su vida.
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CAPITULO 19: Una noche de excesos
Las horas se diluyeron en un parpadeo.
Cuando el sol terminó de ocultarse, las redes de luminarias de última generación y los postes de luz pública se encendieron en una sincronía perfecta, vistiendo las avenidas principales con un manto eléctrico vibrante que dotaba a la capital de una atmósfera futurista, sofisticada y desbordante de vida.
En el corazón del club más exclusivo de la ciudad, Sol y Luna, el ambiente vibraba bajo el influjo de los bajos rítmicos y ráfagas intermitentes de luces de neón azul y magenta.
Instalados en uno de los palcos VIP más codiciados, la cofradía de los Velarde disfrutaba de la tregua del fin de semana.
Jairo, Ignacio y Segundo compartían la mesa con Leo y el imperturbable López, haciendo circular una botella de Vodka Ruso helado mientras sus ojos escaneaban la pista en un ritual de distracción ejecutiva.
De pronto, el flujo de la entrada VIP captó la atención del grupo.
Tres mujeres de una belleza magnética cruzaron el umbral, rompiendo la monotonía del lugar, y se acomodaron con total naturalidad justamente en el palco contiguo.
Ignacio Martínez clavó la mirada en la mesa vecina y abrió los ojos de par en par, perdiendo por un segundo su habitual compostura cínica.
“Jairo...” soltó Ignacio, dándole un toque en el brazo a su jefe para asegurarse de que el alcohol no le estaba jugando una mala pasada “Dime que no estoy alucinando. ¿Esas no son tus flamantes socias de la corporación Gallegos?”
Jairo desvió la vista de su vaso y su pulso se detuvo en seco.
“Sí, son ellas...” respondió con una voz que descendió a un tono peligrosamente posesivo, incapaz de apartar los ojos de la silueta de Ania.
El impacto en la mesa de los Velarde fue unánime.
Segundo quedó completamente magnetizado, estupefacto al contemplar las facciones audaces de Pía, mientras Ignacio, contra todo pronóstico, no podía retirar la mirada de Mabel, fascinado por su presencia.
Leo y el guardaespaldas López intercambiaron una sonrisa de burla silenciosa; sus imponentes jefes parecían auténticos depredadores al acecho, completamente desarmados por el trío de mujeres.
Al otro lado de la baranda de cristal, los cócteles premium no tardaron en hacer su efecto, disolviendo las tensiones acumuladas de la semana.
Embriagadas por la música y la complicidad, Ania, Pía y Mabel se pusieron en pie con entusiasmo y descendieron las escaleras flotantes directo hacia el epicentro de la pista de baile.
El escenario se volvió caótico y sensual. Las luces se reflejaban como diamantes sobre los cuerpos de las tres mujeres mientras comenzaban a moverse al unísono, siguiendo la cadencia del ritmo electrónico.
Sus cabelleras danzaban en el aire al compás de un juego de caderas tan hipnótico que, en cuestión de minutos, una muralla de miradas masculinas comenzó a cercarlas, amenazando con invadir su espacio.
Aquella atención no solicitada cayó como una ráfaga de pólvora sobre los tres hombres que las vigilaban desde las alturas del VIP.
El orgullo y el deseo reprimido reclamaron su lugar.
Sin pensarlo dos veces, Jairo, Ignacio y Segundo abandonaron el palco y bajaron a la pista con paso firme, decididos a marcar territorio ante cualquiera que osara interponerse.
La ofensiva fue rápida y coordinada. Segundo se abrió paso entre la multitud y avanzó directo hacia Pía, atrapando su atención con una sonrisa audaz, mientras Ignacio ejecutaba la misma maniobra con Mabel.
En un despliegue de seducción y ritmo, ambas parejas terminaron mimetizándose con la marea de la discoteca, alejándose gradualmente hacia los sectores más densos del club.
Ania, completamente sumida en el trance de la música y la liberación de sus propias ataduras, continuó moviéndose libremente, entregada por completo al balanceo de su cuerpo sin percatarse de que sus acompañantes se habían desvanecido entre la gente.
De repente, el aire detrás de ella se volvió denso y unas manos firmes, se posaron con autoridad alrededor de su delicada cintura.
Sobresaltada, Ania giró el rostro con rapidez, con la respiración contenida... Y chocó de frente con la mirada oscura, ardiente e intensa del hombre que se había adueñado de sus pensamientos desde el primer segundo: Jairo Velarde.
Jairo se quedó mudo, perdiéndose en el abismo de esos ojos claros que lograban proyectar una dualidad desarmante: la pureza de la inocencia y el fuego de la sensualidad más pura.
“Estás absolutamente hermosa...” le susurró Jairo muy cerca del oído, permitiendo que su aliento rozara su lóbulo, provocándole a ella un escalofrío que le erizó la piel.
Ania sintió una corriente eléctrica de alto voltaje recorrerle la espina dorsal al escuchar esa voz profunda en la intimidad del ruido.
El rubor de las copas y el deseo contenido la dotaron de una audacia que no sabía que poseía.
“Gracias...” respondió ella, dibujando una sonrisa tímida, pero magnética “Tú también estás ridículamente guapo esta noche”
Sin romper el contacto visual, Ania alzó los brazos con lentitud, entrelazando sus manos sobre los imponentes hombros del CEO, comenzando a moverse con una suavidad acompasada que eliminó cualquier rastro de distancia entre sus cuerpos.
Jairo tragó grueso, sus dedos se aferraron con más fuerza a la estrecha cintura de Ania, atrayéndola contra su pecho, sintiendo el calor de sus anatomías fusionándose en una sola.
Perdidos en una dimensión diseñada solo para ellos, y con el juicio nublado por los tragos de la noche, Jairo llegó al límite de su resistencia.
Aquellos labios rosados que lo habían tentado e importunado durante las interminables juntas de negocios estaban a escasos centímetros.
Con lentitud, se inclinó... Y la besó. Ania no retrocedió; correspondió el contacto de inmediato.
Lo que comenzó como un roce suave y exploratorio se transformó en cuestión de segundos en un beso voraz, un choque ardiente cargado de todo el deseo que ambos habían reprimido bajo el yugo de la formalidad laboral.
Se devoraron con una desesperación acumulada, como si sus almas llevaran años buscando ese reencuentro en el plano físico.
“Vamos a un lugar donde estemos completamente solos...” murmuró Jairo contra sus labios, con la respiración rota y agitada por la urgencia.
Ella asintió con la mirada encendida.
Jairo entrelazó sus dedos con los de Ania y, abriéndose paso entre las personas de la discoteca, abandonaron el recinto de forma apresurada.
Justo al cruzar la avenida, frente a la fachada del club, se alzaba la majestuosa e imponente torre de un hotel de cinco estrellas, haciendo innecesario el uso de los vehículos.
Entraron al vestíbulo arrastrados por la urgencia, Jairo gestionó una suite privada con movimientos mecánicos y, tras recibir la tarjeta electrónica por parte de la recepcionista, enfilaron hacia los elevadores.
Apenas las puertas de metal del ascensor se cerraron, Jairo acorraló a Ania contra los espejos de la pared, atrapando su boca una vez más con una desesperación salvaje.
Ania, completamente entregada al magnetismo del momento, saltó y rodeó la cintura de Jairo con sus piernas, mientras los brazos del hombre la sostenían en vilo con una fuerza implacable, devorando cada milímetro de su boca mientras el ascensor ascendía hacia los pisos de lujo.
Cruzar el umbral de la habitación fue entrar a un terreno de absoluta entrega.
Entre besos ardientes, suspiros ahogados y caricias ansiosas que quemaban la piel, comenzaron a despojarse de los trajes ejecutivos y los vestidos de diseñador sin romper el contacto de sus bocas ni un solo segundo.
Jairo la depositó sobre las sábanas blancas de hilo con una delicadeza que contrastaba con la tormenta de sus ojos, colocándose inmediatamente sobre ella.
“Eres perfecta, mi vida... La mujer más hermosa que ha pisado este mundo” le susurró con la voz rota por la emoción, mientras sus manos y sus labios iniciaban un recorrido meticuloso, adorando cada centímetro de su silueta de porcelana.
La atmósfera de la suite se saturó de una lujuria sublime.
Los suspiros de Ania y los gruñidos roncos de Jairo se entrelazaron en la penumbra, creando una melodía de pura pasión elemental.
Sus anatomías se unieron con la precisión de un engranaje perfecto, como si hubieran sido diseñadas desde el origen de los tiempos para encajar la una con la otra.
A través del gran ventanal, la luz plateada de la luna iluminaba tenuemente el lecho donde los dos amantes se enredaban entre el desorden de las sábanas, rindiéndose por completo al amor y al deseo que se había gestado en el silencio de sus despachos.
Jairo, poseedor de una experiencia madura y sabia, la guió a través de cada oleada de placer con una paciencia divina y una adoración sin límites, permitiendo que Ania se desprendiera de todos sus miedos.
Con él, Ania no experimentó un solo gramo de vergüenza o timidez; al contrario, refugiada en la seguridad de sus brazos, su cuerpo reclamaba más y más de aquella bendita comunión.
Al mismo tiempo, la noche capitalina amparaba otros incendios.
En una habitación de una villa, alejada del ruido urbano, Pía se entregaba al amor en los brazos de Segundo, mezclando sus jadeos exhaustos y los susurros del hombre con el canto nocturno de los grillos en el jardín.
Mientras tanto, protegidos por el blindaje y la sofisticación de un automóvil de superlujo recién salido de la concesionaria, Ignacio Martínez y Mabel daban rienda suelta a una pasión desenfrenada y salvaje, devorándose en la penumbra del vehículo bajo el amparo de las sombras de la ciudad.
Elena y Antonia por andar humillando a Ania Juan Gallego les tendrá su buena sorpresa 😮😮
Orlando y Jairo la traición la tienen metida en su casa Olga la marioneta de Vidal será la involucrada en todo lo que hagan.
Vidal vil, asqueroso y manipulador y Rachel una putizorra, desnaturalizada y putizorra tener relaciones con ese monstruo que asco.