Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 6
los días se volvieron un laberinto de silencios para Camila. Cada mañana se despertaba con el peso de un secreto que le aplastaba el pecho, y cada noche se dormía con el miedo de que Fernando apareciera en sus sueños. Había dejado de ir al parque con Yogo, temiendo encontrarse con él. Había cambiado su ruta al trabajo, dando rodeos innecesarios para evitar las calles donde sabía que él solía merodear.
Rafael notaba el cambio, pero no sabía cómo abordarlo. Sus intentos por acercarse a ella chocaban contra un muro invisible que ella misma había construido. Las conversaciones se volvieron cortas, las miradas esquivas, y los besos que antes eran apasionados ahora se sentían distantes, como si Camila estuviera en otro lugar, en otro tiempo.
—Mi amor
le dijo una noche, mientras cenaban en su restaurante italiano favorito
—esto no puede seguir así. Te estás apagando, y no sé qué hacer para devolverte la luz.
Camila bajó la mirada, jugando con los cubiertos. Sabía que estaba lastimando a Rafael, que su silencio lo estaba destruyendo lentamente. Pero el miedo era más fuerte que su amor. Miedo de que él no le creyera, miedo de que se enfrentara a Fernando y terminara herido, miedo de que todo se derrumbara.
—Rafa
dijo, con voz apenas audible
—¿tú confías en mí?
—Ya te lo he dicho
respondió él, tomando sus manos
—Con mi vida.
—Entonces confía en que esto no es por ti. Esto es algo que tengo que resolver yo sola.
—Pero no estás sola, Camila
insistió él, con desesperación
—estoy aquí. Siempre he estado aquí. Solo déjame entrar.
Ella levantó la mirada y vio sus ojos, aquellos ojos color miel que tanto amaba. Y por un momento, estuvo a punto de contarle todo. De decirle que Fernando la acechaba, que la seguía, que le susurraba cosas obscenas al oído cuando nadie miraba. Pero entonces recordó la advertencia, la sonrisa de Fernando al otro lado de la calle, y el miedo volvió a apoderarse de ella.
—No puedo
susurró
Rafael sintió que algo se rompía dentro de él. No era enojo, no era frustración. Era dolor, un dolor profundo al ver a la mujer que amaba sufrir en silencio y no poder hacer nada para ayudarla.
—Está bien
dijo, soltando sus manos
—Te daré tu espacio. Pero quiero que sepas que esto me está matando.
Camila vio el dolor en sus ojos y supo que lo estaba perdiendo. Pero el miedo era más fuerte, y se quedó callada.
Al día siguiente, Fernando decidió que era momento de dar el siguiente paso. Había visto la grieta que se estaba abriendo entre Rafael y Camila, y sabía que era el momento perfecto para profundizarla.
Llamó a Rafael y lo invitó a tomar unas cervezas, a solas. Rafael aceptó, necesitaba desahogarse con alguien, y Fernando siempre había sido su confidente.
—Está mal, hermano
dijo Rafael, después de dos cervezas
—Camila no me habla, me evita, y no sé qué hice mal.
—Tal vez no hiciste nada mal
dijo Fernando, con falsa empatía
—Tal vez ella está pasando por algo que no quiere compartir contigo.
—¿Como qué?
—No sé
respondió Fernando, encogiendo los hombros
—Pero he oído rumores, Rafa. Cosas que no quiero creer.
—¿Qué rumores?
preguntó Rafael, tensándose.
—Que Camila ha estado viendo a alguien más. Que a veces sale de la escuela y se va con otro hombre.
Rafael sintió que el mundo se derrumbaba.
—Eso es mentira. Camila jamás me engañaría.
—Yo solo digo lo que he oído
dijo Fernando, levantando las manos en señal de inocencia
—No me pegues al mensajero.
Rafael apretó los puños. No podía creerlo, no quería creerlo. Pero las palabras de Fernando se clavaron en su mente como una espina, y empezó a preguntarse si por eso Camila se alejaba, si por eso se negaba a contarle lo que le pasaba.
—Tengo que hablar con ella
dijo Rafael, levantándose de la mesa.
—Hazlo
dijo Fernando, sonriendo por dentro
—Pero ten cuidado, hermano. No sabes con quién estás lidiando.
Rafael fue directamente a casa de Camila. Llamó a la puerta con urgencia, y cuando ella abrió, vio en su rostro una mezcla de sorpresa y miedo.
—Necesito hablar contigo
dijo, con voz firme.
—¿Qué pasa, Rafa?
preguntó ella, sintiendo que algo malo estaba por pasar.
—¿Hay alguien más?
preguntó él, sin rodeos
—Dime la verdad. ¿Hay alguien más en tu vida?
Camila sintió que le faltaba el aire.
—¿Cómo puedes preguntarme eso?
—Porque ya no sé qué pensar
dijo él, con desesperación
— Te alejas de mí, me mientes, no me cuentas nada. Y he oído cosas, Camila. Cosas que no quiero creer.
—¿Qué cosas, Quién te ha dicho eso?
—No importa
respondió Rafael
—Solo necesito saber si es verdad.
Camila sintió que las lágrimas le brotaban. Todo su mundo se desmoronaba. Fernando había ganado, había logrado sembrar la duda en el corazón de Rafael.
—No hay nadie más
dijo, con la voz quebrada
—Eres el único hombre que he amado, el único que amaré. Pero no puedo decirte la verdad, Rafa.
Rafael la miró largamente, y vio el dolor en sus ojos, un dolor tan profundo que le rompió el corazón. Pero la duda seguía allí, plantada por Fernando.
—Necesito tiempo
dijo finalmente
—Para pensar.
Se giró y se fue, dejando a Camila en la puerta, llorando desconsoladamente. Yogo se acercó a ella y lamió sus lágrimas, como si supiera que su dueña necesitaba consuelo.