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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

Cuando Camila regresó al hotel y atravesaba el lobby, su celular vibró.

Lucía le había escrito:

«Cami, encontré varios departamentos de renta temporal. ¿Cuándo puedes ir a verlos? Si ninguno te gusta, vente a mi casa. De todos modos, puedo mantenerte».

Camila se detuvo en medio del vestíbulo para responder:

«No hace falta. Esta tarde iré a ver algunos».

Lucía contestó al instante:

«Perfecto. Paso por ti y de una vez saco a pasear a Nico».

Camila le envió un sticker de un gato bebiendo té con absoluta calma y añadió:

«OK».

Entró al elevador y presionó el botón de su piso. Cuando las puertas se cerraron, vio su reflejo en el espejo. Tenía los ojos algo enrojecidos.

Habían ocurrido demasiadas cosas en los últimos días. Al menos, justo cuando creyó que estaba completamente sola, su mejor amiga seguía a su lado.

El elevador llegó. Camila salió, abrió su habitación con la tarjeta, dejó el sobre de documentos sobre la mesa y se sentó al borde de la cama.

En su lista de contactos había un nombre nuevo:

Gabriel Beltrán.

Lo contempló durante un largo rato. Por alguna razón, aquel nombre le provocaba una sensación difícil de explicar.

Después de pensarlo, le escribió a Lucía:

«Acabo de ver a Gabriel. Le entregué la relación de gastos que debe compensarme».

«…¿A QUIÉN?».

«A Gabriel Beltrán. El papá de Valeria».

Lucía la llamó de inmediato. Su grito estalló apenas Camila contestó:

—¿El papá de Valeria te buscó? ¿Dónde se vieron? ¿De verdad va a pagarte?

—Frente al despacho. Llegó en un Maybach y se detuvo junto a mí.

—¿Y para qué te buscó? ¿Para defender a su hija? ¿Quiere convencerte de que te divorcies y le dejes el camino libre?

—No. —Camila hizo una pausa—. Aceptó compensarme y se disculpó por lo que hizo Valeria. Incluso desayunamos juntos…

—No manches.

Camila soltó una risa.

—¿Qué más te dijo? —insistió Lucía.

—Que me ayudaría con la demanda.

—¿Y luego?

—Nada. Intercambiamos números y nos agregamos a WhatsApp.

—No manches —repitió Lucía—. Su hija se metió con un hombre casado y aun así él quiere ayudarte. A mí me suena a que desea que ustedes terminen cuanto antes para darle a Valeria un lugar legítimo.

—Sí, yo también lo pensé. Pero…

—¿Pero qué?

—Que esté dispuesto a ayudarme también me conviene. No sé cuánto podría alargarse el juicio contra Mauricio. Si Gabriel paga los abogados, el proceso será más rápido y yo no tendré que gastar. —Camila se dejó caer sobre la cama y miró el techo—. De cualquier forma voy a divorciarme. Cuanto antes termine, antes quedaremos libres todos. Arrastrarlo no sirve de nada.

Lucía guardó silencio durante un rato.

—Puede funcionar. Que su familia se haga responsable. Y acepta la compensación, ¿entendido? Su hija te hizo daño.

Camila cerró los ojos.

Recordó la mirada profunda de Gabriel: serena en la superficie, aunque algo intenso parecía moverse debajo.

—Sí, ya entendí.

Después de colgar, se volvió y hundió el rostro en la almohada.

El celular vibró otra vez.

Era Gabriel.

«¿Ya recibiste el dinero?».

Camila abrió la aplicación del banco. Sus pupilas se dilataron al instante.

Contó la cantidad tres veces: unidades, decenas, centenas, miles, decenas de miles, centenas de miles…

Seis cifras.

La lista que le había entregado ascendía a mucho más. ¿Por qué Gabriel solo le había depositado cien mil pesos? ¿Creía que podía despacharla con una limosna?

Tras dudar tres segundos, escribió:

«Ya llegó, pero la cantidad no coincide. ¿No se habrá equivocado?».

«No me equivoqué. El resto te lo pagaré en parcialidades. ¿Quieres que ponga a tu disposición un equipo jurídico? Hablaré con el abogado Méndez».

Camila torció la boca.

Qué tacaño. ¿Un hombre de su posición necesitaba pagar a plazos? Hasta para compensarla se mostraba mezquino.

No quería prolongar el contacto con él, así que respondió:

«No es necesario».

«¿Estás segura? Te dije que te ayudaría con el juicio. Yo cubriré todos los gastos; el dinero no debe preocuparte».

Camila observó la pantalla y, después de un momento, tecleó:

«¿Usted va a cubrirlo todo? ¿También en abonos? No sabía que fuera tan codo».

Se arrepintió en cuanto envió el mensaje, aunque ya era demasiado tarde.

El aviso «escribiendo…» apareció, desapareció y volvió a aparecer varias veces.

Al final llegó su respuesta:

«Precisamente porque eres tú quiero pagarte en parcialidades».

Camila parpadeó.

¿Se estaba burlando de ella? Quería que dejara libre el lugar para su hija, pero al mismo tiempo inventaba una forma de fastidiarla. Él había ofrecido la compensación y ahora jugaba con ella.

Se tendió boca arriba, levantó el celular sobre su rostro y contestó:

«Entonces, ¿durante cuánto tiempo piensa pagarme? ¿Ocho años? ¿Diez?».

«Eso depende de ti. Si eliges un plazo largo, podemos negociar los intereses. Tú decides».

Camila releyó la palabra «intereses».

Tuvo la impresión de que Gabriel debía de estar sonriendo con esa expresión que despertaba ganas de darle un golpe.

Recordó cómo se había apoyado contra el Maybach frente al despacho, con la luz de la mañana recortando su perfil. Parecía un caballero impecable, pero sus palabras siempre ocultaban un sentido que ella no lograba descifrar.

«¿De verdad aceptaré cualquier cantidad?».

«Sí. La que tú quieras. Todo se hará a tu manera. Cuando lo decidas, avísame y pagaré puntualmente. Tampoco tendrás que gastar en abogados ni deberme un favor. Considéralo… lo que me corresponde reparar en nombre de Valeria. Ella te debe una disculpa y yo te debo una salida digna».

Camila se quedó mirando las palabras «salida digna».

De pronto le ardieron los ojos.

Desde que descubrió la infidelidad de Mauricio, todos le habían pedido que lo superara, que fuera generosa y que no armara un escándalo.

Nadie le había dicho que ella merecía conservar su dignidad.

Se mordió el labio y terminó por ceder un poco:

«No necesito que me ayude. Puedo llevar el asunto sola. Pero no acepto las parcialidades: o me paga todo de una vez o no me pague».

Gabriel dejó de responder.

Camila creyó que ya no la molestaría, pero el teléfono volvió a vibrar.

«No puedo entregarte todo en efectivo, pero tengo un departamento a mi nombre que lleva mucho tiempo vacío. Si estás de acuerdo, mañana le pediré al abogado que prepare la transmisión de la propiedad. Con eso liquidaré de una sola vez el resto de la compensación».

Camila se incorporó de golpe.

¿Un departamento? ¿Iba a escriturarlo a su nombre? ¿Dárselo directamente?

Dejó los dedos suspendidos sobre el teclado sin saber qué escribir.

Algo no cuadraba.

Había visto a demasiados hombres conquistar a una amante con dinero, casas y automóviles. Pero Gabriel era el padre de la amante. ¿Por qué quería darle todas esas cosas a la esposa engañada?

Al final respondió:

«Señor Beltrán, usted propuso la compensación, luego las parcialidades y ahora ofrece un departamento. ¿De verdad solo pretende disculparse por su hija o busca algo más?».

Se arrepintió al enviarlo. Había sido demasiado directa. Casi parecía que le preguntaba si estaba interesado en ella.

Camila no era tan vanidosa.

Gabriel contestó enseguida:

«Quiero que aceptes cuanto antes. Valeria cumple años la próxima semana. Soy una persona conocida en Ciudad de México y ella está embarazada. Si esto se prolonga, su reputación quedará todavía peor. No quiero que cargue con esa preocupación».

Camila sonrió al leerlo. Conque era eso.

El padre quería poner fin al desastre antes del cumpleaños de su hija, para que pudiera celebrarlo sin aquella sombra encima. Tenía lógica.

Camila se recargó contra la cabecera y acarició distraídamente el borde del celular.

Una propiedad. Una compensación. Un pago definitivo.

Nadie regalaba nada sin motivo. Aunque todavía no entendía qué pretendía Gabriel, ella necesitaba un lugar donde vivir. Tras el divorcio, Mauricio se quedaría con la casa. Que el padre de la amante le compensara con otro hogar no parecía injusto.

«Está bien, pero el documento debe especificar que se trata de una donación voluntaria».

«De acuerdo».

Camila no esperaba que aceptara con tanta facilidad. Una propiedad quizá no significaba demasiado para un hombre rico, pero los ricos no eran tontos ni regalaban inmuebles porque sí.

—Esa casa no será escenario de algún crimen, ¿verdad? —murmuró.

Cuanto más lo pensaba, menos tranquila se sentía. Para asegurarse, volvió a escribirle:

«¿Dónde está exactamente? Quiero verla antes».

«En Residencial Los Encinos. Mañana a las diez pasaré por ti al hotel».

«Está bien».

«¿Qué quieres desayunar? Te llevaré algo. No comas en el hotel; la comida es mala».

Camila frunció el ceño. Pensaba comer precisamente allí. Si podía ahorrar una comida, mejor.

«No hace falta».

El celular vibró casi en el mismo instante.

«Mañana te llevaré a comer algo rico».

Camila se quejó para sus adentros. Ya le había dicho que no. ¿Por qué aquel hombre insistía siempre en hacer lo que le daba la gana?

Dejó el teléfono y no respondió.

Esa tarde, después de arreglarse, bajó al lobby. Lucía había estacionado frente a la entrada. Bajó la ventanilla, se acomodó los lentes oscuros sobre la nariz y le lanzó un silbido.

—Guapa, súbete. Tu amiga te llevará a buscar departamento.

La ventanilla trasera también descendió. Una cabecita apareció por ella.

—¡Tía Cami! —gritó una voz infantil.

Nico, el hijo de Lucía, acababa de cumplir cuatro años. Tenía las mejillas redondas, unos enormes ojos negros y dos pequeños colmillos que asomaban al sonreír.

Camila abrió la puerta trasera, se sentó y lo acomodó sobre sus piernas. Luego le dio un beso.

—¿Por qué estás tan contento hoy?

—¡Mamá dijo que iríamos a ver casas! —Nico aplaudió—. ¡Voy a ayudar a la tía Cami con la mudanza!

Lucía puso el auto en marcha y observó a Camila por el retrovisor.

—¿Dormiste mal? Tienes unas ojeras horribles.

—Estoy bien.

Camila se masajeó las sienes.

—¿Gabriel volvió a buscarte?

—Sí. Me depositó cien mil pesos. —Camila suspiró. Había pensado bloquearlo después de recibir la compensación, pero ahora el asunto se había alargado y él incluso ofrecía una casa—. Dijo que pagaría el resto en parcialidades. Como no acepté, ahora quiere liquidarlo con un departamento en Ciudad de México.

—¿Cien mil pesos para despacharte? No manches, qué codo.

Camila se echó a reír.

—¿Un departamento en la ciudad? —preguntó Lucía, sorprendida.

—Sí.

—¿Sabes cuánto cuestan ahora? Hasta uno común de dos recámaras vale dos o tres millones. Si quiere dártelo, acéptalo. No seas considerada con él. Su hija te lo debe.

—Lo sé. Solo me parece raro.

—¿Qué cosa?

—Podría pagarme todo de una vez. ¿Por qué complicarlo con parcialidades y propiedades?

La voz de Lucía adquirió un tono sugerente:

—¿Y si le gustas?

—Claro que no. Está reparando lo que hizo su hija.

Camila suspiró para sus adentros. Los ricos vivían en otro mundo: por asegurarse de que su hija celebrara tranquila su cumpleaños, Gabriel estaba dispuesto hasta a regalar una casa.

Lucía dobló hacia la avenida principal.

—Conque todo es por su hijita. Ese papá sí está gastando una fortuna por ella. ¿Por qué a mí no me tocó uno así? Por cierto, ¿en qué desarrollo está el departamento?

Camila abrió la conversación y leyó el nombre.

—Residencial Los Encinos.

Lucía se quedó inmóvil.

—¿Dónde dijiste?

Camila repitió el nombre.

—¡No manches!

Lucía pisó el freno. El cinturón empujó a Nico hacia delante. El niño no lloró; al contrario, empezó a reír.

—¡Superhéroe al ataque!

—Los Encinos está en una de las zonas más caras de la ciudad —explicó Lucía, mirando a Camila por el retrovisor—. Una propiedad ahí cuesta, como mínimo, veinte millones de pesos. ¿Gabriel se volvió loco? ¿Va a indemnizar a la esposa engañada por culpa de su hija con una casa de veinte millones?

Camila ya había buscado información sobre el lugar.

—Dice que lleva mucho tiempo desocupada y que no tiene sentido desperdiciarla. Además, Valeria está por cumplir años y quiere resolverlo todo para que ella deje de sentirse presionada.

—Qué padre tan ejemplar —se burló Lucía—. Entonces, ¿por qué no te entrega el dinero? Para escriturarte una propiedad de veinte millones sí es muy generoso.

—Según él, no puede pagarme todo de una vez. Yo rechacé las parcialidades.

Lucía estacionó junto a la banqueta y se volvió hacia ella con expresión seria.

—Cami, escúchame. Algo no cuadra. Gabriel es uno de los empresarios más importantes de la ciudad y controla quién sabe cuántas compañías. ¿De verdad no dispone de diez o veinte millones? Que le cuente ese cuento a alguien más.

Camila apretó los labios. Ella también había pensado lo mismo.

—Por eso primero veré la casa. —Jugó con la manita de Nico—. También averiguaré qué pretende en realidad.

—Claro que tienes que averiguarlo. Pero ¿consideraste otra posibilidad? Tal vez el lugar esté marcado por una tragedia.

Nico ladeó la cabeza.

—Mamá, ¿qué significa eso?

—Pues… —Lucía vaciló— que ahí se murieron unos ratones.

—¡Qué sucio! A Nico le dan miedo los ratones.

El niño agitó sus pequeños puños.

Camila se rio, pero enseguida volvió a inquietarse.

¿Y si de verdad había ocurrido una muerte allí? ¿O si la propiedad cargaba con alguna mala fama?

Ya lo había considerado.

—Gabriel no llegaría al extremo de engañarme con una propiedad así… supongo.

—¿Supones? No olvides que es el padre de la amante. ¿Por qué das por hecho que es buena persona? Tú eres la esposa y la rival de su hija.

Camila abrió la boca, pero no encontró qué responder.

En ese momento, su celular vibró. Era su miserable marido.

—¿Qué quieres? —contestó sin amabilidad.

—Camila, aceptaré todas las condiciones que exigiste. Apresúrate a iniciar los trámites del divorcio —dijo Mauricio con voz sombría.

Ella curvó los labios.

—Vaya, vaya. ¿Por qué cambió de opinión el señorito Mauricio? ¿Ya no piensa contratar abogados? ¿La panza de su amante no puede esperar? ¿Su futuro suegro lo presionó? ¿O su mamá ya eligió la fecha perfecta y quiere sacar cuanto antes a la esposa legítima para recibir a la nueva nuera?

Mauricio guardó silencio.

—Camila, no seas vulgar. Terminemos en buenos términos. No te negaré ni un peso de lo que te corresponde.

—¿Buenos términos? —Camila soltó una carcajada mientras jugaba con la mano regordeta de Nico—. Cuando tú y Valeria se revolcaban en nuestra cama, ¿por qué no pensaste en terminar conmigo en buenos términos? ¿Ahora vienes a hablarme de dignidad?

Lucía levantó un pulgar frente al retrovisor y articuló sin voz:

«Eso, chingona».

Nico alzó el rostro.

—Tía Cami, ¿estás regañando a un malo?

Camila continuó:

—Dime cuándo depositarás el dinero. Después decidiré cuándo presentar el convenio ante el Juzgado Familiar.

Mauricio se esforzó por conservar la compostura.

—Acepto todas tus condiciones. En tres días tendrás el dinero en tu cuenta.

—¡Guau! —exclamó ella con exageración—. Qué enamorado y generoso es el señorito Mauricio. Por la pancita de su amante está dispuesto a concederlo todo. Pero ahora quiero quinientos mil pesos más.

—¡Camila, no seas codiciosa!

—A mí me gusta el dinero y a ti te gustan las mujeres. Somos la pareja perfecta; mejor no nos divorciemos.

Se encogió de hombros.

—Yo no tengo prisa. Pero ¿puede esperar la panza de Valeria? Dentro de unos meses se le notará. Qué feo se verá un vestido de novia con el embarazo ya avanzado. Tu mamá vive de las apariencias y Gabriel también tiene una reputación que cuidar. ¿Cómo van a explicar que la flamante novia llegó embarazada al altar? ¿No te importa hacer quedar mal a tu futuro suegro?

—¡Camila! —rugió Mauricio.

—Aquí estoy. No estoy sorda. No grites; yo no soy Valeria y conmigo tus arranques no funcionan. Por cierto, ¿recuerdas lo que dijiste el día de nuestra boda? Juraste que me amarías toda la vida y que, si mentías, te partiría un rayo. Ten cuidado cuando salgas durante una tormenta. Tú y ella deberían esconderse en casa cada vez que truene.

—Tú… tú…

—¿Yo qué? —Camila aceleró el ritmo—. ¿Te quedaste sin palabras o la culpa no te deja responder? Puedo imaginar lo serviles que tú, un hijo de mami, y Teresa, una interesada, se comportan frente a Gabriel y Valeria. Deposita el dinero y me divorciaré de inmediato, para que puedas llevar a tu amante a casa y ponerla en un altar. Si no pagas… seguiremos casados. ¿Verdad, querido esposo?

Colgó sin darle oportunidad de responder.

Nico aplaudió con entusiasmo.

—¡La tía Cami es increíble!

Lucía lanzó un silbido largo.

—No manches, amiga. Hoy vienes con todo.

Camila sintió que, con aquellos insultos, había expulsado años de humillaciones. La presión que le cerraba el pecho se aflojó de pronto.

—Vamos. Hoy las invito a una parrillada.

Lucía puso una canción de rock. El auto volvió a avanzar y los tres se movieron al ritmo de la música, llenos de una euforia que hacía mucho no compartían.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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