Liam un joven marcado por la traición y el alcohol presencia cómo un hombre (Dimitri) golpea y abandona en la nieve a una joven embarazada (Sasha). Al ver que ella sangra y entra en parto prematuro, la sube a su viejo sedán y conduce desesperadamente hacia el Hospital Central, logrando que sea ingresada a urgencias antes de caer inconsciente. Este acto desinteresado abrirá nuevas puertas en la vida de Liam, ya que no solo había salvado a alguien de una familia poderosa sino que entre el hermano de sasha y Liam comienza a crecer un magnetismo inevitable.
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Capítulo 7: La delgada línea entre la vida y la muerte
Transcurrieron cuarenta minutos que se sintieron como horas infinitas de tortura mental. Liam no podía permanecer sentado. Caminaba a pasos lentos de un lado a otro del pasillo, frotándose las manos secas y mirando fijamente las puertas dobles del bloque quirúrgico cada vez que escuchaba un ruido.
Finalmente, las puertas automáticas se abrieron con un silbido neumático. Un médico cirujano de edad mediana, con el rostro visiblemente fatigado y quitándose la mascarilla y los guantes de látex empapados en sudor, caminó hacia la sala de recepción.
Liam se adelantó inmediatamente hacia él, incapaz de contener la ansiedad.
—Doctor... por favor... ¿cómo están? ¿Qué ha pasado con la chica que traje?
El cirujano lo observó con una mezcla de cansancio profesional y curiosidad, notando el aspecto desaliñado de Liam, su ropa mojada y la mancha de sangre que cubría la parte baja de sus pantalones.
—¿Es usted familiar directo de la paciente?
—No, señor... Solo soy la persona que la encontró desamparada en la calle y la trajo en mi vehículo. Por favor, dígame si está con vida.
El médico exhaló un largo suspiro, apreciando la sinceridad en el rostro exhausto del joven.
—El bebé ha nacido. Es un varón —dijo el médico, modulando su voz—. Considerando las circunstancias traumáticas, la falta temporal de oxígeno y el impacto del parto prematuro, el recién nacido ha mostrado una resistencia extraordinaria. Lo hemos estabilizado y trasladado a una incubadora de alta tecnología en la unidad de cuidados intensivos neonatales. Su pronóstico por ahora es reservado pero favorable.
Liam dejó ir un suspiro de alivio que le aflojó los hombros, pero la rigidez en la expresión del médico no desapareció.
—¿Y la madre? ¿Cómo está Sasha? —preguntó Liam, usando por primera vez el nombre que había escuchado por teléfono.
El cirujano bajó levemente la cabeza antes de responder.
—La paciente se encuentra en un estado extremadamente crítico —explicó con franqueza—. Sufrió un desprendimiento prematuro de placenta grave a causa del traumatismo físico que recibió, sumado a una hipotermia severa por la exposición prolongada al frío. Perdió una cantidad masiva de sangre antes de llegar a nuestras manos. Logramos extraer al bebé y detener la hemorragia principal durante la cirugía, pero su organismo ha entrado en una falla multiorgánica incipiente debido al shock. La hemos derivado a cuidados intensivos bajo soporte vital completo. Si le soy honesto, las próximas tres horas serán absolutamente decisivas; sus probabilidades de sobrevivir a esta madrugada son inferiores al veinte por ciento.
La noticia cayó sobre Liam como un impacto físico en el pecho. La imagen de la joven suplicando por la vida de su bebé unos minutos atrás en la nieve volvió a su mente con una nitidez desgarradora.
Antes de que Liam pudiera articular alguna respuesta para el médico, un impacto resonó en las puertas principales del vestíbulo del hospital. El sonido de múltiples pasos pesados, marchando de forma sincronizada y veloz, llenó el silencio del edificio.
Las puertas dobles de cristal de la entrada principal se abrieron de par en par. Un contingente de aproximadamente diez hombres corpulentos, vestidos con trajes de corte oscuro e impecable bajo abrigos largos de paño negro, irrumpió en la sala de urgencias. Todos mantenían una postura rígida, propia de entrenamiento táctico o militar, con miradas fijas que escaneaban cada rincón del espacio y las manos colocadas de forma estratégica en el interior de sus abrigos, insinuando la presencia de armamento pesado disimulado.