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LA DIRECTORA Y EL MAGNATE

LA DIRECTORA Y EL MAGNATE

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Traicionada, echada a la calle y con su pequeño hijo Thiago al borde de la invalidez tras un trágico accidente, Domenica Montero creía haber tocado fondo cuando su marido la abandonó a su suerte. Sin embargo, el destino le tenía reservada una jugada maestra. Al aceptar un matrimonio de conveniencia con el magnate Alexis Alcalá para salvar a su familia y cumplir la promesa hecha a la matriarca Victoria Montenegro, Domenica pasa de ser la cenicienta humillada a convertirse en la intocable señora de Alcalá, dueña de un imperio y madre de unos gemelos rebeldes a los que curará con amor. Cinco años después, cuando la familia Bracamonte regresa ciega de soberbia para arrebatarle a su hijo y robarle la millonaria herencia que les pertenece, descubrirán demasiado tarde que la mujer a la que intentaron destruir ahora camina de la mano del hombre más poderoso del país. Una historia imperdible de venganza, amor incondicional y justicia divina.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL REENCUENTRO DE LAS ALMAS Y LOS NUEVOS LAZOS

​ Tras una mañana cargada de emociones intensas y trámites legales que habían sacudido por completo los cimientos de su existencia, Domenica se encontraba respirando con un poco más de calma en la sala de la nueva mansión. Los gemelos Alexander y Alejandro seguían a la defensiva, explorando los rincones de la casa con desconfianza. Sabiendo que tenía que atender una prioridad ineludible, Domenica se acercó a ellos con una sonrisa serena.

​—Muchachos, debo salir un momento al hospital para traer a casa a alguien muy especial que sé que les va a encantar conocer —les dijo Domenica con voz suave—. Se quedan aquí con la niñera, cualquier cosa me llaman al teléfono.

​Alexander la miró de reojo, cruzándose de brazos con fingida indiferencia.

​—Haz lo que quieras, total nosotros no pedimos estar aquí —respondió el niño con tono cortante.

​—Entiendo, nos vemos en un rato —contestó Domenica sin perder la paciencia, antes de tomar su bolso y salir con rumbo al centro médico.

​Al llegar al hospital, lo primero que hizo fue pasar por el consultorio de traumatología para su propia revisión médica. El especialista examinó la fractura de su pierna derecha, retiró el yeso pesado y realizó una serie de radiografías de control. Para su inmensa fortuna, los resultados fueron alentadores.

​—Te tengo excelentes noticias, Domenica —le sonrió el traumatólogo con calidez, revisando las placas a contra luz—. El hueso ha soldado de manera excepcional. La lesión no fue tan grave como temíamos al principio. Ya puedes dejar las muletas por completo y comenzar una rehabilitación suave para recuperar la movilidad total. Tienes el alta médica definitiva en lo que respecta a tu pierna.

​—¡Qué gran alivio, doctor! Muchas gracias por todo —exclamó Domenica, sintiendo que una pesada carga se desprendía de sus hombros al poder caminar por fin sin el estorbo del yeso.

​De inmediato, caminó con paso firme pero cuidadoso hacia el área de hospitalización, donde su madre, Doña Marta de Montero, se encontraba cuidando amorosamente al pequeño Thiago. Al entrar a la habitación, Doña Marta la recibió con un cálido abrazo.

​—¡Hija mía, te ves con otro semblante! ¿Cómo te fue con la revisión de la pierna? —preguntó Doña Marta con los ojos brillantes de ilusión.

​—¡Me acaban de dar el alta médica definitiva, mamá! Ya no necesito las muletas —respondió Domenica con una sonrisa radiante antes de volverse seria y tomar las manos de su madre—. Pero mamá, necesito contarte algo muy serio. Lo que pasó hoy con doña Victoria...

​Domenica le relató con todo lujo de detalles el pacto secreto al que había llegado con la matriarca del colegio: su matrimonio por poderes con el misterioso Alexis Alcalá, la tutela legal de los gemelos, la adquisición de la nueva mansión, la dirección general de la institución y, sobre todo, la verdad sobre el cáncer de doña Victoria y su viaje al extranjero.

​Doña Marta escuchó cada palabra con el aliento suspendido, llevándose las manos al pecho con asombro, antes de abrazar fuertemente a su hija con lágrimas en los ojos.

​—Dios mío, Domenica... te has metido en un torbellino gigante, pero entiendo perfectamente por qué lo hiciste —murmuró Doña Marta con la voz quebrada por la emoción y el orgullo—. Hiciste lo correcto para salvar a nuestro Thiago. Y no estás sola, hija; yo voy a estar a tu lado en esta mansión apoyándote con los muchachos, con Thiago y con lo que sea necesario. Eres una mujer valiente.

​—Gracias, mamá. Tu apoyo es lo único que me da fuerza para seguir —respondió Domenica, sintiendo el calor reconfortante de su madre.

​En ese momento, el médico pediatra entró a la habitación con la carpeta médica de Thiago en la mano y una sonrisa alentadora.

​—Muy bien, señora de Alcalá. El pequeño Thiago ha respondido de manera maravillosa a la primera cirugía en su columna y cadera. Hoy le daremos el alta hospitalaria para que continúe su recuperación en casa con sus terapias correspondientes —anunció el doctor.

​—¡Qué alegría tan grande! Gracias a Dios y a ustedes, doctor —gritó Domenica con el corazón estallándole de felicidad, abrazando a su pequeño de cinco años, quien reía emocionado en su sillita de ruedas.

​De camino a la mansión, los nervios cosquilleaban en el estómago de Domenica. No sabía cómo reaccionarían los gemelos al conocer al nuevo miembro de la familia. Al abrir la puerta principal, Alexander y Alejandro estaban sentados en el sofá de la sala, aburridos y a la defensiva. Al ver entrar a Domenica empujando la silla de ruedas de Thiago, los niños se pusieron de pie de un salto, mirándolos con curiosidad contenida.

​—¡Llegamos a casa! —exclamó Domenica con una sonrisa luminosa, presentando a Doña Marta, quien traía las maletas de Thiago, y dirigiéndose directamente a los gemelos.

​—Muchachos, quiero presentarles oficialmente a alguien muy importante. Él es Thiago, mi hijo —les dijo Domenica con ternura, posicionándose al lado del pequeño—. Y quiero que sepan algo muy importante: a partir de hoy, ustedes son sus hermanos mayores. Los tres son parte de esta misma familia, y deben quererse, cuidarse y respetarse mucho, pase lo que pase.

​Los gemelos se quedaron en completo silencio, observando al pequeño Thiago, quien los miraba con sus grandes e inocentes ojos, extendiendo sus manitas con una sonrisa abierta.

​—Hola... yo soy Thiago. ¿Quieren jugar conmigo? —preguntó el niño de cinco años con total dulzura.

​La coraza de los gemelos, construida a base de años de soledad y despecho, comenzó a resquebrajarse irremediablemente ante tanta inocencia. Alexander, el mayor, tragó saliva, dio un paso al frente y miró a su hermano menor con una mezcla de sorpresa y una incipiente ternura que ya no pudo ocultar.

​—Hola, Thiago... yo soy Alexander, y él es Alejandro —dijo Alexander con voz más suave, agachándose un poco para estar a la altura del niño—. Y... está bien, seremos tus hermanos mayores. Te prometo que te vamos a cuidar.

​Alejandro se acercó también, tocando con timidez el hombro de Thiago y sonriéndole de lado.

​—Sí, pequeño. Nadie te va a hacer daño aquí. Ahora nosotros somos tu familia —añadió Alejandro, sellando el pacto fraternal con un gesto sincero.

​Domenica sintió que las lágrimas de felicidad corrían libremente por sus mejillas. El milagro de la unión familiar estaba comenzando a dar frutos bajo ese techo.

​En medio de la emotiva escena, el teléfono celular de Domenica comenzó a sonar insistentemente sobre la mesita de entrada. Al contestar, reconoció de inmediato las voces animadas de sus colegas y amigos de la institución.

​—¡Domenica! ¡Por fin logramos comunicarnos contigo! Queremos saber cómo estás, cómo sigue Thiago y cuándo te veremos por el colegio —exclamó Mariela López a través del auricular, secundada por las risas cómplices de Karla y Carolina, quienes se encontraban al otro lado de la línea.

​Domenica respiró hondo, con una sonrisa amplia dibujada en los labios, sabiendo que su vida había dado un vuelco de ciento ochenta grados y que el futuro, por fin, le sonreía.

​—¡Hola, chicas! Estoy muy bien, y les tengo noticias maravillosas: a Thiago ya le dieron el alta y ya estamos instalados en casa —respondió Domenica con entusiasmo—. Mañana sin falta nos encontramos temprano en el colegio. ¡Tenemos mucho de qué hablar!

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Nora beatriz Correa
me encantó tu novela autora!! corta sin muchas vueltas y muy bien narrada!! felicitaciones de corazon un abrazo grande☺️☺️🇦🇷🇦🇷🇦🇷🇦🇷🇦🇷
Naibelys Perez: un millón de gracias 🫂❤️🥰❤️
total 1 replies
Nora beatriz Correa
me tiene atrapada está novela☺️☺️muy buena felicitaciones autora☺️☺️sigamos!!
Nora beatriz Correa
/Rice/
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis 🫠
Emperatriz Reales
Se ve buena la historia, esperemos q no se deje de esos malvados
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