PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
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Capítulo 6 No vuelvas a preguntar
"Hay preguntas que abren puertas. Y otras que hacen que alguien, desde el otro lado, decida cerrarlas."
Los días siguientes transcurrieron con una extraña calma.
Demasiado tranquila para el gusto de Akari.
Ren no volvió a aparecer.
No hubo sueños.
No escuchó su voz.
Ni encontró nuevas pistas.
Y, sin embargo, aquella aparente tranquilidad no conseguía darle paz.
Era como si la Academia entera estuviera conteniendo la respiración.
Mientras caminaba hacia el salón de clases, varios estudiantes la saludaron con una sonrisa.
Otros simplemente la miraron de reojo.
Akari ya se había acostumbrado a escuchar algún comentario cuando pasaba cerca.
—Ahí va la chica que habla sola.
—Hoy parece que vino sin su amigo invisible.
—Tal vez pidió el día libre.
Algunas risas acompañaron el comentario.
Akari respiró hondo.
Ya no sentía vergüenza.
Solo una ligera molestia.
Antes de que pudiera responder, Yui apareció entre el grupo con una expresión exageradamente seria.
—Disculpen...
Todos la miraron.
—¿Alguno de ustedes vio a mi unicornio?
Los estudiantes se quedaron en silencio.
—Es rosado.
Muy educado.
Y responde al nombre de Carlos.
Durante unos segundos nadie entendió nada.
Hasta que Yui suspiró dramáticamente.
—Qué alivio.
Pensé que hoy estábamos diciendo cosas que no existen.
Akari no pudo contener la risa.
Varios compañeros también terminaron riéndose.
Incluso quienes habían hecho el comentario bajaron la mirada con cierta incomodidad.
Cuando retomaron el camino hacia el aula, Akari sonrió.
—No hacía falta defenderme.
Yui se encogió de hombros.
—No lo hice por ti.
—¿Ah, no?
—No.
Me molestó que nadie apreciara la existencia de Carlos.
Las dos estallaron en carcajadas.
La clase de Historia terminó unos minutos antes de lo habitual.
El profesor anunció que la siguiente semana comenzarían un trabajo de investigación sobre los orígenes de distintas instituciones del país.
Akari levantó ligeramente la cabeza.
Aquella era la oportunidad perfecta.
Cuando sonó la campana, esperó a que la mayoría de los alumnos abandonara el salón.
Luego se acercó al escritorio.
—Profesor Sato...
¿Podría hacerle una consulta?
El docente acomodó lentamente sus apuntes.
—Claro.
¿En qué puedo ayudarte?
Akari respiró profundamente.
—Quisiera saber si existe algún libro sobre la fundación de la Academia Seiran.
Sato sonrió con amabilidad.
—Hay varios.
La biblioteca conserva bastante material histórico.
—Ya revisé algunos.
Pero buscaba información sobre los primeros alumnos.
Especialmente los becados.
El profesor permaneció unos segundos en silencio.
Su sonrisa se desdibujó apenas.
—Es un tema muy específico.
—Lo sé.
Es para comprender mejor cómo era la Academia en aquella época.
Sato cerró lentamente el libro que tenía entre las manos.
—A veces los documentos antiguos generan más preguntas que respuestas.
Akari sintió un pequeño escalofrío.
Aquella frase le recordó demasiado a las palabras del profesor Hayashi.
—¿Usted cree que debería dejar de investigar?
Sato la observó con atención.
Luego respondió con una serenidad casi ensayada.
—Creo que deberías concentrarte en el presente.
Eres una excelente estudiante.
No permitas que una simple curiosidad te distraiga de lo importante.
Akari bajó ligeramente la mirada.
—Entiendo...
Se despidió con una pequeña reverencia y salió del aula.
Pero, mientras caminaba por el pasillo, una idea comenzó a dar vueltas en su cabeza.
"Otra vez..."
Dos profesores distintos.
Las mismas respuestas.
El mismo consejo.
Como si alguien hubiera repetido exactamente las mismas palabras.
A la hora del almuerzo, Akari le contó todo a Yui.
—¿No te parece extraño?
Yui dejó el tenedor sobre la bandeja.
—Mucho.
Demasiado.
—¿Entonces no soy la única que lo nota?
—Para nada.
Primero Hayashi.
Ahora Sato.
Los dos intentan convencerte de que dejes de investigar.
Akari asintió.
—Y ninguno respondió realmente a mis preguntas.
Yui cruzó los brazos.
—Eso significa dos cosas.
—¿Cuáles?
—La primera...
Que realmente existe algo que no quieren contar.
Akari tragó saliva.
—¿Y la segunda?
Yui sonrió.
—Que eres demasiado buena haciendo preguntas.
Akari soltó una pequeña risa.
En ese momento, alguien golpeó suavemente la puerta de la cafetería.
Un asistente administrativo recorría las mesas buscando a un alumno.
—¿Señorita Akari Aizawa?
Toda la cafetería quedó en silencio.
Akari levantó la mano con cierta timidez.
—Soy yo.
El hombre le entregó un sobre color marfil con el sello oficial de la Academia.
—Le solicitan presentarse en la oficina del director al finalizar las clases.
Que tenga un buen día.
El asistente hizo una breve reverencia y se marchó.
Durante unos segundos nadie habló.
Yui fue la primera en romper el silencio.
—Bueno...
Eso normalmente solo pasa en las películas.
Akari observó el sobre sin atreverse a abrirlo.
Sentía un extraño peso en el pecho.
No sabía por qué la habían citado.
Pero una parte de ella...
Ya conocía la respuesta.
Y esa certeza hizo que las últimas horas de clase parecieran eternas.
Las últimas clases de la tarde parecieron durar una eternidad.
Akari apenas podía concentrarse en las explicaciones del profesor de Literatura.
Cada pocos minutos miraba el sobre color marfil que descansaba dentro de su cuaderno.
El sello de la Academia Seiran parecía observarla con la misma insistencia con la que ella lo observaba a él.
Cuando sonó la campana anunciando el final de la jornada, respiró profundamente.
Había llegado el momento.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Yui mientras guardaba sus cosas.
Akari sonrió con gratitud.
—Hasta la oficina, sí.
Pero entraré sola.
—Perfecto.
Si tardas mucho, empezaré a imaginar que el director te convirtió en profesora de matemáticas.
—Eso sí sería un castigo.
Las dos rieron mientras caminaban por el largo corredor que conducía al edificio administrativo.
Era una zona mucho más silenciosa que el resto de la Academia.
Las paredes estaban decoradas con fotografías de antiguas promociones y vitrinas que exhibían medallas, trofeos y reconocimientos obtenidos durante más de un siglo.
Al final del pasillo había una gran puerta de madera oscura.
Sobre ella, una sencilla placa dorada decía:
Director.
Akari tragó saliva.
Yui le dio un suave empujoncito en el hombro.
—Tranquila.
Lo peor que puede pasar es que te obliguen a hacer tareas extra.
Akari sonrió.
—Gracias, Yui.
—Para eso están las amigas.
La secretaria las recibió con una expresión amable.
—Buenas tardes. La señorita Akari puede pasar. Su compañera puede esperar aquí si lo desea.
Yui asintió con entusiasmo.
—Claro.
La secretaria abrió discretamente un pequeño frasco de cristal.
—¿Quieres un caramelo?
—¡Sí, gracias!
Mientras Akari entraba en la oficina, escuchó a Yui decir con total naturalidad:
—¿Puedo elegir el sabor?
La oficina del director era mucho más amplia de lo que imaginaba.
Una enorme biblioteca ocupaba toda una pared.
Había fotografías antiguas de distintas generaciones de estudiantes, muebles de madera oscura perfectamente conservados y un antiguo reloj de péndulo cuyo sonido llenaba el ambiente con un pausado...
Tac.
Tac.
Tac.
Detrás del escritorio se encontraba un hombre de cabello entrecano, traje impecable y expresión serena.
Levantó la vista del documento que estaba leyendo y sonrió cordialmente.
—Señorita Akari.
Gracias por venir.
—Buenas tardes, director.
—Por favor.
Toma asiento.
Akari obedeció.
El director cerró lentamente la carpeta que tenía delante.
—Antes que nada, quiero felicitarte.
Tu expediente académico es excelente.
Los profesores destacan tu esfuerzo y tu compromiso.
Has aprovechado muy bien la oportunidad que representa esta beca.
Akari sintió que parte de la tensión desaparecía.
—Muchas gracias.
—Nuestra Academia busca precisamente alumnos como tú.
Responsables.
Curiosos.
Con deseos de aprender.
Hubo un breve silencio.
Después, el director cruzó las manos sobre el escritorio.
—Y justamente por eso quería conversar contigo.
La sonrisa seguía en su rostro.
Pero algo en su mirada había cambiado.
—Algunos profesores me comentaron que últimamente has mostrado un gran interés por la historia de la Academia.
Akari asintió con sinceridad.
—Sí.
Solo quería conocer mejor sus orígenes.
—Es natural.
Nuestra institución posee una historia muy rica.
El director hizo una breve pausa antes de continuar.
—Sin embargo...
También existen episodios que pertenecen al pasado y que deben permanecer allí.
Akari sintió un ligero escalofrío.
—¿Se refiere a los antiguos alumnos?
—Me refiero a cualquier acontecimiento que ya no tenga relevancia para el presente.
La voz del director seguía siendo tranquila.
Amable.
Casi paternal.
Y, precisamente por eso, resultaba tan difícil discutir con él.
—Señorita Akari...
A veces la curiosidad puede convertirse en una carga.
Especialmente cuando nos lleva por caminos que no ofrecen respuestas.
Akari bajó la vista unos segundos.
Luego reunió valor.
—¿Y si esas respuestas son importantes?
El director sonrió nuevamente.
—Las respuestas importantes llegan cuando estamos preparados para recibirlas.
No antes.
Aquellas palabras parecían cuidadosamente elegidas.
Akari comprendió que cada pregunta que hiciera obtendría una respuesta... sin obtener realmente ninguna.
El director se levantó lentamente y caminó hasta la gran ventana que daba al patio central.
Desde allí podían verse los estudiantes regresando a sus casas.
—Muy pocos jóvenes consiguen una beca para estudiar aquí.
Sería una verdadera lástima que una alumna tan prometedora perdiera la oportunidad de disfrutar plenamente esta etapa... por obsesionarse con asuntos que ya no pueden cambiarse.
Akari sintió un nudo en el estómago.
No había sido una amenaza.
Ni una orden.
Pero el mensaje era claro.
El director volvió a mirarla con amabilidad.
—Mi consejo es muy sencillo.
Disfruta de tus estudios.
Haz amigos.
Construye recuerdos felices.
Y deja que el pasado descanse.
Akari permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente hizo una pequeña reverencia.
—Entiendo, director.
Gracias por recibirme.
—Las puertas de esta oficina siempre estarán abiertas para ti.
Mientras salía, el viejo reloj volvió a marcar el paso del tiempo.
Tac.
Tac.
Tac.
Yui seguía en la recepción.
Tenía varios caramelos en la mano.
Y algunos más... escondidos discretamente en los bolsillos del uniforme.
Al ver salir a Akari, sonrió.
—¡Al fin!
¿Todo bien?
Akari asintió lentamente.
—Sí...
Creo.
La secretaria carraspeó con delicadeza.
—Señorita Yui...
Creo que ya ha tomado suficientes caramelos.
Yui abrió mucho los ojos.
—¿Estos?
Pensé que eran de cortesía ilimitada.
Akari no pudo evitar reír.
La secretaria terminó sonriendo también.
—Solo le ofrecí uno.
—Bueno...
Digamos que entendí mal las condiciones.
Las tres compartieron una breve carcajada.
Al abandonar el edificio administrativo, el sol comenzaba a ocultarse.
El patio estaba casi vacío.
Akari levantó la vista hacia las ventanas del antiguo pabellón.
Y entonces lo vio.
Ren.
De pie, inmóvil, detrás de uno de los ventanales.
La observaba fijamente.
Esta vez no sonreía.
Muy despacio...
Negó con la cabeza.
Una sola vez.
Como si quisiera decirle algo.
Como si le advirtiera que no aceptara aquello que acababa de escuchar.
Akari dio un pequeño paso hacia el edificio.
Parpadeó.
Y Ren desapareció.
El viento movió suavemente las ramas del viejo cerezo.
Akari permaneció inmóvil unos segundos.
Después miró nuevamente la ventana vacía.
Y comprendió que, por más advertencias que recibiera...
Ya no podía detenerse.
Porque algunas verdades...
Esperan durante toda una vida para ser descubiertas.

🤔 Si el propio director de la Academia te pidiera que dejaras de investigar... ¿obedecerías o seguirías buscando la verdad?
Si este capítulo te atrapó, regálame un ❤️, sígueme para descubrir junto a Akari los secretos de la Academia Seiran y cuéntame en los comentarios: ¿crees que el director intenta protegerla... o proteger un secreto? 🌸
Nos vemos en el próximo capítulo... porque algunas advertencias solo consiguen despertar aún más la curiosidad. 👀