Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
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Donatella y el pasado...
Iniciando la Historia
—¿Qué es esto, Bernardo? —preguntó Donatella.
—Son mis gastos, ¿no lo estás viendo? —replicó Bernardo, sin paciencia alguna.
—¿Otra vez el auto con problemas? ¡Tu auto es nuevo! Y además el monto que sacaste de la empresa, podrías comprar otro auto nuevo, en vez de pagarle al mecánico —dijo Donatella.
—El dinero es mío, Maria Donatella, lo uso como quiera —dijo Bernardo.
—¡Qué grosero estás, Bernardo! ¡Estamos casados y el dinero no es solo tuyo! —reclamó Donatella.
—Me da igual, trabajo mucho para eso, gasto como creo que debo gastar. Y este fin de semana me voy a la Toscana, te aviso de una vez para que no empieces con los interrogatorios —dijo Bernardo.
Donatella
Mis ganas eran de decirle otras cosas, pero necesito sacar la prueba y va a ser ahora.
—Voy contigo, así conversamos sobre nosotros —dijo Donatella.
—¡No! Sabes que prefiero ir solo, van a ser dos días de reuniones y negociaciones —dijo Bernardo, bastante incómodo con la idea de Donatella.
—¡Basta, Bernardo! Ya hace algunos meses que estás diferente, hace dos semanas empeoró mucho. Pensé que era el estrés con Manu, por lo de su noviazgo, pero estaba equivocada. Estás actuando con groserías, hace meses que no me invitas a salir y cuando te invito, ¡no quieres! Y siempre diciendo que no pasa nada. Dime qué está sucediendo —dijo Donatella.
—¡No pasa nada! Deja de molestarme con tus neuras —dijo Bernardo.
—¿Mis neuras? Bernardo, trabajamos juntos, soy yo quien lleva las finanzas de la empresa y hay algo raro. Ya te vengo reclamando hace algunos meses, primero dijiste que habías mandado dinero a tu mamá, después a tu hermana, después que el auto nuevo costó más de lo previsto y me dijiste que fueron accesorios, ¡los cuales nunca vi! Dime, Bernardo, ¿qué está pasando? Me estás tratando con indiferencia y estos últimos días han sido terribles, no te estoy entendiendo —dijo Donatella.
—Me cansé, Maria Donatella —dijo Bernardo, pasándose la mano por el cabello.
—¿Te cansaste de qué? ¿De mí? —preguntó Donatella.
—Me cansé de tener una mujer que no se cuida, ¡que está gorda! Que solo piensa en trabajar y que me hace pasar vergüenza.
Donatella
Caí sentada. Lo que menos quería creer estaba sucediendo. En el fondo lo sabía, pero no quería tener razón...
—¿No me cuido? Cuánta hipocresía de tu parte... Cuando te digo "voy al salón", tu respuesta es "ahora no se puede, necesito que me ayudes en la empresa", y cuando se puede, tú siempre con tus bromitas, "¿para qué? En vez de estar conmigo, te vas a hacerte las uñas..." Quiero hacerme una cirugía, ir a la nutricionista, ir a pilates, ¿y qué me dices? ¡Por favor, espera un poco más! Tenemos a Manu que entró a la universidad, nuestro hijo necesita ayuda para terminar su carrera, tu mamá necesita ayuda... en fin, lo voy dejando —dijo Donatella.
—¡Nada de eso justifica tu gordura! Eras elegante, ¡pero te convertiste en eso! Ya no me atraes, de hecho me repeles —dijo Bernardo.
Donatella
Hasta ese momento no sabía que se podía morir con palabras.
—¡Bernardo! Sí, estoy pasada de peso, pero siempre quieres tu cena en la mesa, tu almuerzo listo, la casa organizada, la empresa, el estrés del día a día... ¡y siempre tengo que ser yo! Si digo que no voy a comer, que necesito cuidarme, ¡te vuelves loco! Después, trabajo tanto o más que tú, dedico el poco tiempo que me queda a ti y a nuestros hijos.
Él la interrumpió.
—Ya no viven con nosotros —dijo Bernardo, irritado.
—Sí, hace pocas semanas que nuestra niña se fue de casa. Pensé que me amabas, Bernardo, ¡son veinticuatro años de casados! Luchando junto a ti, dedicándome a la empresa, a ti y a nuestros hijos. Creo que deberíamos tomarnos un tiempo juntos y conversar mejor —dijo Donatella.
—¿Tiempo? No quiero tiempo, Maria, de hecho, yo ya tengo a otra persona... —dijo Bernardo con la voz y la cabeza baja.
—¿¡Cómo!? —preguntó Donatella, asustada.
—Es lo que escuchaste, tengo a otra persona y no la voy a dejar por tu culpa, si quieres podemos seguir como estamos. Para que sepas, estaré con ella y esos viajes de negocios, es ella quien está conmigo. Ella es elegante, bonita, sexy... ¿cómo voy a llevar a una gorda como tú?
—No puedo creer que estoy escuchando esto, ¡Bernardo! ¿Estás viendo lo que estás haciendo? ¿Tienes noción de lo que me estás diciendo? —dijo Donatella, llorando.
—La decisión es tuya, si quieres seguimos así, no la voy a dejar por tu culpa —dijo Bernardo.
—¿En serio? Bernardo, no puedo creer que estés haciendo esto conmigo, con nosotros, con nuestros hijos —dijo Donatella, tratando de controlarse.
—¡Deja de hacer drama! Ya no existe un "nosotros" y nuestros hijos ya son grandes, entienden perfectamente —dijo Bernardo.
—Ya que eso es lo que quieres, vamos a separarnos. Si tienes a otra persona, nuestra historia termina aquí —dijo Donatella.
—Salgo con ella hace cuatro meses, Maria Donatella, hay personas que creen que ella es mi esposa y preferiría que lo fuera —dijo Bernardo.
Donatella
Si quería matarme, lo estaba logrando. No sé de dónde sacaba fuerzas para enfrentar las palabras que me cortaban como navajas afiladas.
—¡Perfecto! Pues después de que nos separemos, siéntete libre de casarte con ella. Solo quiero todo lo que me corresponde por derecho, luché 24 años contigo y esta empresa está siendo un éxito, tengo mucha participación en eso —dijo Donatella.
—Si prefieres, nos separamos, pero el divorcio va a ser recién en un año o más, cuando termine el contrato que hicimos con el grupo Lenns. Hay una cláusula que dice que en caso de separación, ellos cancelan el contrato. Y tú más que yo, sabes que la empresa necesita ese monto, que es bastante significativo —dijo Bernardo.
—Estamos terminando una relación de veinticuatro años, tuvimos dos hijos, pasamos por tantas cosas, ¿y lo que te preocupa es la m*erda de un contrato? Agarra ese dinero y métetelo bien adentro, quiero el divorcio —dijo Donatella, llorando.
—¡Vaya, qué boca sucia tienes! ¡Y no! No voy a firmar hasta que termine el contrato con ellos —dijo Bernardo.
—¿Yo boca sucia? La persona que vive cuidándose soy yo, si mi boca es sucia, ¡ni quiero hablar de la tuya! ¿Sabes qué, Bernardo? Me voy —dijo Donatella, agarrando sus cosas.
—Oye, el día apenas empezó y la empresa te necesita —dijo Bernardo.
—Ja, ja, ja, no me hagas reír, ¿la empresa me necesita? ¿O tú me necesitas a mí para administrar la empresa, porque eres pésimo en eso? ¿Sabes qué, Bernardo? Agarra a tu modelo y tráela aquí, ponla en mi antiguo puesto, después exígele que haga la cena, que tome contigo, que se despierte a las cinco de la mañana para dejar el almuerzo listo, la ropa en la lavadora, que organice la casa y ni hablo del resto... vamos a ver cuántos días aguanta —dijo Donatella, agarrando su notebook.
—Donatella, no mezcles lo personal con lo profesional, ya no te amo, pero nos llevamos bien en la empresa. No puedes abandonarme, dejarme en la estacada, ¿quién hará tu trabajo? —dijo Bernardo.
—No puedo creer que dijiste eso, yo abandonarte... llega a ser ridículo. Ya dije, trae a tu modelo y yo me voy a la casa, dejo tu ropa en la vereda y si te parece mal, la pongo en el camión de la basura —dijo Donatella, saliendo.
Bernardo se quedó refunfuñando y llamándola de vuelta.
Donatella
Cuando la secretaria me vio saliendo con mis cosas y llorando, ni necesité decir nada. Ella ya dijo "lo siento mucho, doña Maria Donatella". Para colmo, todos ya sabían que Bernardo tenía a otra. ¡Menos la brra de aquí!*