Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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LUCA DESAPARECIDO
“Es tu problema. Yo no te obligué a embarazarte. Fuiste tú la estúpida que no supo cuidarse” la voz de Antonio Romero era fría, cortante, cada palabra estaba hecha para herir.
Sostuvo la mirada de la joven por un segundo que pareció eterno “No quiero esa responsabilidad” metio su mano al bolsillo y extrajo unos billetes arrugados “Toma… deshazte de ese engendro. No voy a arruinar mi vida perfecta por un mocoso. Olvídate de mí…”
Los billetes golpearon el rostro de Lesly antes de caer al suelo del pasillo de la universidad, por un instante, el mundo se detuvo. El eco de sus palabras quedó suspendido en el aire, Lesly no supo de dónde sacó fuerzas, pero las encontró.
Con los ojos inundados de lágrimas y el corazón desgarrado, dio un paso y sin decir nada, se alejó de él, dejando atrás los billetes esparcidos en el suelo.
Tres golpes secos contra la madera de la puerta disolvieron el recuerdo, Lesly parpadeó, regresando al presente.
Al otro lado del cristal del último piso del rascacielos de la Corporación Acuña, la ciudad de rascacielos se extendía como un tapiz ajeno.
La silueta de la hermosa mujer de cabellos dorados se reflejaba en el vidrio, mostrando una expresión gélida y un porte de elegancia inquebrantable que distaba mucho de la universitaria vulnerable de su pasado.
Se giró lentamente, dispuesta a regresar al imponente escritorio de madera noble y a su silla ejecutiva, cuando la puerta se abrió de golpe, interrumpiendo el silencio de la oficina.
“Mujer, ¿por qué tardas tanto en responder?” se quejó Lici, entrando como un torbellino.
Lici, además de su asistente, era su mejor amiga. Su complicidad venía de la infancia, cuando la madre de Lici trabajaba como ama de llaves en la residencia de los Acuña.
Crecer juntas había forjado un lazo indestructible; Lici conocía cada cicatriz del alma de Lesly. Había sido su refugio en los peores días, su compañera de viaje cuando decidieron cruzar el océano para terminar sus estudios en el extranjero, y el único testigo de las noches de angustia tras el nacimiento de Luca.
Lici había sostenido la mano de Lesly en el quirófano y compartido el pánico de las madrugadas en vela, cuando el llanto del recién nacido parecía un enigma irresoluble para dos jóvenes inexpertas.
Hacía apenas tres meses que habían regresado al país.
Lesly había asumido la vicepresidencia de la empresa familiar. Aunque su padre, el señor Renato Acuña, aún ostentaba el título de CEO, todos sabían que no era más que una transición delicada; él la estaba preparando para heredar el imperio antes de su inminente jubilación.
“¿Qué pasa? ¿A qué viene tanta prisa?” preguntó Lesly, recuperando su tono profesional y sereno.
Lici pareció recordar de golpe la urgencia que la llevaba hasta allí. Su expresión cambió a una de viva preocupación “Amiga, tu madre está al teléfono. Dice que es una emergencia... insiste en hablar contigo ya mismo”
Lesly frunció el ceño. Con un leve deje de sospecha, tomó su celular del escritorio; la pantalla mostraba una hilera de llamadas perdidas.
Había olvidado desactivar el modo silencioso tras la última reunión de directorio. Con el corazón latiéndole a un ritmo inusual, devolvió la llamada.
Su madre contestó al primer timbrazo, con la voz rota por un llanto desesperado “Hija… vinimos al centro comercial con Luca y tu hermana Julieta... pero no lo encontramos. Luca no está, mi amor”
“¿Cómo que desapareció, mamá?” La voz de Lesly se elevó, perdiendo toda la compostura ejecutiva mientras se ponía en pie de un salto “¿Ya llamaron a la policía?”
“Hija, estamos con los oficiales de seguridad del centro comercial ahora mismo, pero no lo ven por las cámaras…” susurró Estela entre sollozos, ahogada por el pánico.
“Voy para allá. No se muevan de ahí” sentenció Lesly.
Colgó el teléfono y, con las manos temblorosas pero la mente inyectada de una fría adrenalina, salió de la oficina a paso veloz.
Mientras avanzaba por el pasillo hacia el ascensor privado, marcó el número de su padre “Papá, Luca desapareció. Estoy yendo al centro comercial ahora mismo”
Al otro lado de la línea, la voz de Renato Acuña se tensó al instante.
Sin dudarlo, el patriarca abandonó su propia oficina y se unió a su hija en el vestíbulo. Juntos, abandonaron el edificio a toda prisa.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡