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LA ARQUITECTA DE SU PROPIO DESTINO

LA ARQUITECTA DE SU PROPIO DESTINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:9.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

A sus 48 años, Solange Barreto es una fuerza de la naturaleza. Viuda desde hace quince años y al frente de la constructora y firma de arquitectura más grande e importante del país. Su vida gira en torno a su imperio y su familia, conformada por su hijo mayor Santiago de 28 años —quien vive con su esposa Carol y sus dos hijos en la gran mansión de Solange bajo la excusa de "no dejarla sola"— y su hija menor Sáhara, una talentosa jefa de marketing casada con un reconocido neurocirujano.
El orden inquebrantable de su mundo cambia radicalmente cuando, durante un almuerzo en el restaurante de su íntima amiga Yamilet de Sánchez (junto a su contadora Martha de Benavides), escucha una voz que hace latir su corazón con fuerza desbocada. Se trata de Ismael Fermín Muñoz, un antiguo amigo de la universidad convertido en un magnate de 50 años, dueño de conglomerados financieros, centros comerciales y resorts.
El reencuentro enciende una chispa inmediata.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL REFUGIO DE LOS BRAZOS FUERTES Y LA PROMESA EN LA PENUMBRA

El llanto de Solange no fue un lamento breve ni contenido; fue la violenta liberación de un dique que había soportado la presión de la traición, el peligro y la soledad durante demasiado tiempo. Arrodillada sobre la suave alfombra de su alcoba, aferrada con los nudillos blancos a la tela de la camisa de Ismael, la matriarca dejó escapar todos los sollozos y la rabia que había tenido que reprimir bajo los focos de la televisión, las miradas inquisitivas de la junta directiva y la fría ejecución de sus propias decisiones.

Ismael no pronunció una sola palabra de consuelo superficial. No le dijo que "todo iba a estar bien" ni intentó minimizar la magnitud de la herida con frases hechas. Comprendía perfectamente que ningún argumento podía borrar el hecho de que la sangre de su propia sangre había avalado su destrucción. En su lugar, el magnate se limitó a ofrecerle lo único que verdaderamente importaba en ese instante: su presencia inquebrantable y absoluta. La rodeó por completo con sus brazos robustos, pegando la cabeza de Solange contra su pecho para que el sonido constante y firme de sus latidos sirviera como un ancla en medio de la tormenta emocional que la devoraba.

—Llora todo lo que tengas que llorar, Solange... sácamelo todo —susurró Ismael junto a su oído, con la voz ronca y profundamente conmovida, mientras le acariciaba lentamente la larga melena negra con una ternura infinita—. No tienes que ser fuerte conmigo. Aquí nadie te está juzgando, nadie te exige un trono, nadie te pide cuentas. Estás a salvo.

Las palabras de Ismael funcionaron como un bálsamo abrasador pero necesario. Solange cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas empapaban la tela de su ropa, mientras su mente repasaba una y otra vez las imágenes de su hijo Santiago cruzando la línea de la deslealtad.

«¿En qué fallé?», se cuestionaba en el silencio de su dolor. «¿Cómo permití que la codicia carcomiera el alma del niño que crié con tanto sacrificio tras la muerte de su padre?».

—Duele, Ismael... duele de una manera que no pensé que fuera posible —logró articular Solange entre susurros quebrados, con la voz rota y temblorosa—. Un enemigo te ataca de frente y peleas con las armas que sean necesarias. Pero cuando es tu propio hijo... cuando descubres que estuvo dispuesto a ponerle precio a tu vida con tal de heredar un imperio que ni siquiera sabe construir... sientes que te arrancan las entrañas de cuajo. Lo desheredé, lo entregué a la justicia, lo saqué de mi vida... y aun así, me duele el alma porque sigue siendo mi sangre.

—Es absolutamente normal que te duela, mi amor —le respondió Ismael con voz firme, inclinándose para besar con infinita delicadeza la coronilla de su cabeza—. El amor de madre no se apaga por decreto judicial, por mucho que la razón te exija cortar la gangrena. No te culpes por sentir dolor. Lo que demuestra tu llanto no es debilidad, sino la humanidad gigantesca que posees, esa misma humanidad que a esos parásitos les faltó por completo.

Permanecieron en esa posición durante lo que parecieron horas. El mundo exterior, con sus torres corporativas, los tribunales de justicia, la prensa amarillista y las intrigas de la alta sociedad, se había desvanecido por completo, reduciéndose a las cuatro paredes de esa habitación tenuemente iluminada por la luz de la luna que se filtraba a través de los ventanales.

Poco a poco, el ritmo de los sollozos de Solange comenzó a calmarse. Los espasmos de rabia y dolor dieron paso a una respiración más pausada, aunque profundamente cansada. El desgaste físico y emocional de veinticuatro horas al borde del abismo estaba cobrándole factura a su cuerpo.

Ismael, notando que la tensión en los hombros de la matriarca comenzaba a ceder, la levantó con suma delicadeza del suelo, tomándola en brazos como si fuera el tesoro más frágil y valioso del mundo. Solange no opuso resistencia; dejó caer su cabeza contra el hombro de él, cerrando los ojos mientras la llevaba con paso firme hacia la amplia cama con dosel que dominaba la habitación.

La recostó con suavidad sobre las sábanas de lino fino, acomodándole las almohadas y retirando con infinita paciencia los mechones de cabello húmedo que se le habían pegado a las mejillas. Se dispuso a apartarse para dejarla descansar, pero la mano fría de Solange se estiró con rapidez para sujetar la suya, reteniéndolo con urgencia.

—No te alejes, Ismael... quédate a mi lado —pidió ella en un susurro apenas audible, con los ojos castaños fijos en los suyos, brillando con una vulnerabilidad que jamás le había mostrado a nadie más.

Ismael esbozó una sonrisa cálida, se quitó los zapatos y la chaqueta, y se deslizó bajo las sábanas junto a ella. La atrajo de nuevo hacia su pecho, permitiendo que Solange apoyara la cabeza sobre su hombro y entrelazara su cuerpo con el de él.

En la penumbra de la alcoba, abrazados el uno al otro, la tormenta interior de la matriarca comenzó a disiparse, reemplazada por la certeza absoluta de que, aunque el pasado había quedado hecho cenizas y la familia que conocía se había desmoronado, el futuro le pertenecía a los dos. Con los ojos cerrados y sintiendo el calor protector del hombre que la amaba sin reservas, Solange Barreto se entregó finalmente a un sueño profundo, lista para despertar al día siguiente no solo como la soberana indiscutible de su imperio, sino como una mujer que, tras quemar las ramas podridas, estaba preparada para florecer de nuevo.

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Silvina Bello
muyyyyyy buena nivelaaaa, me encanto👏👏🥰🥰
Isabel Martín
Muy buena historia, felicidades autora 👏👏👏👏
Tere Jimenez
increíble tu novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti bendiciones
Naibelys Perez: muchas gracias a ustedes por siempre alentarme para seguir escribiendo. mil bendiciones 🙏 🫂 😘
total 1 replies
Tere Jimenez
hermosa novela gracias
Alicia Duran
excelente
Alicia Duran
Muy buena escritura, es muy doloroso para una madre la traición de su hijo. 😥
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