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Un Destino Escrito En Silencio

Un Destino Escrito En Silencio

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Julieth Moreno

SINOPSIS ~


Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente

Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz

Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería

Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar

Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos

NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE NO SE DICE

La luz de la mañana entró por las ventanas rotas de la mansión, iluminando lentamente el polvo que flotaba en el aire.

Amaris abrió los ojos.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo.

No recordaba la última vez que había dormido bajo un techo que no fuera el de una casa prestada, una posada barata o algún rincón donde pudiera esconderse.

Se incorporó lentamente.

Entonces recordó la fecha.

Era su cumpleaños.

Diecisiete años.

Amaris bajó la mirada hacia sus manos.

No sintió alegría.

Tampoco tristeza.

Solo una extraña sensación de vacío.

Había pasado tantos años sobreviviendo que los cumpleaños habían dejado de significar algo para ella.

—¿Ya estás despierta?

Amaris se levantó y giró.

Arnold estaba sentado cerca de la pared, con los brazos cruzados.

—¿Desde cuándo estás despierto?

—Desde hace un rato.

—Entonces podrías haberme avisado.

Arnold sonrió.

—Buenos días para ti también.

Amaris suspiró.

—Buenos días.

Arnold se levantó y caminó hacia ella.

—Feliz cumpleaños, mocosa.

Amaris se quedó quieta.

No esperaba que lo recordara.

—¿Lo recordabas?

—Claro que sí.

—Pensé que lo habías olvidado.

—¿Cómo podría olvidar el día en que naciste?

Amaris apartó ligeramente el rostro.

No sabía qué responder.

Arnold rebuscó dentro de una pequeña bolsa que llevaba consigo y sacó una manzana.

Se la extendió.

-- Encontré un pastel.

Amaris tomó la manzana.

—Esto no se parece mucho a un pastel.

—Lo sé.

—Entonces tu regalo es terrible.

—Puedo recuperarla.

Amaris la abrazó contra su pecho.

—Ni se te ocurra.

Arnold soltó una carcajada.

—Sabía que te gustaría.

Por primera vez aquella mañana, Amaris sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero sincera.

Poco después, Kael apareció en la habitación.

Su cabello rojo estaba ligeramente desordenado y parecía haber dormido poco.

Miró a Amaris y luego a Arnold.

—¿ De qué me perdí?

Arnold señaló la manzana que Amaris sostenía.

—Hoy cumple diecisiete.

Kael levantó las cejas.

—¿Es tu cumpleaños?

Amaris asintió.

—Sí.

—¿Y no pensabas decirlo?

—No preguntaste.

Kael dejó escapar una pequeña risa.

—Justo cuando pensaba que no podías ser más difícil.

Amaris cruzó los brazos.

—No necesito que me felicites.

—Demasiado tarde.

Kael se acercó un poco.

—Feliz cumpleaños, Amaris.

Ella hizo una pequeña inclinación de cabeza.

Kael sonrió.

—Espero que sobrevivas hasta los dieciocho.

Amaris soltó una risa breve.

—Eso depende de quién intente matarme primero.

—Justo por eso lo digo.

Arnold negó con la cabeza.

—Ustedes dos son agotadores.

Amaris y Kael se miraron.

—Él empezó —dijeron al mismo tiempo.

Arnold los observó en silencio.

—Esto va a ser un largo día.

Más tarde, mientras Arnold revisaba algunas provisiones, Amaris salió al jardín.

La mansión parecía menos aterradora bajo la luz del día.

Aun así, la sensación de que alguien había estado allí durante la noche seguía presente.

Amaris observó las huellas que había encontrado.

Seguían allí.

Pero nadie había regresado.

—¿Buscando algo?

Amaris se giró.

Kael estaba apoyado contra el marco de la puerta.

—No.

—Entonces estás observando el suelo por diversión.

—Exactamente.

Kael sonrió.

—Sabía que tenías un sentido del humor escondido.

Amaris volvió a mirar las huellas.

—Hay alguien cerca.

La sonrisa de Kael desapareció lentamente.

—¿Estás segura?

—No.

—Entonces no deberías decirlo como si lo estuvieras.

—Y tú no deberías cuestionarme.

Kael guardó silencio.

Después miró hacia el bosque.

—Cuando era niño, aprendí que nunca debía confiar demasiado en los lugares tranquilos.

Amaris giró el rostro hacia él.

—¿Por qué?

Kael tardó unos segundos en responder.

—Porque crecí en un lugar donde todo parecía tranquilo.

Amaris esperó.

Kael bajó la mirada.

—Mi padre es un duque.

Ella permaneció en silencio.

—¿Eras un noble? —preguntó finalmente.

Kael soltó una pequeña risa.

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

—Soy su hijo.

Hizo una pausa.

—Pero soy ilegítimo.

Amaris no dijo nada.

Kael continuó.

—Mi madre no pertenecía a la nobleza. Yo nací antes de que pudiera entender lo que significaba llevar el apellido de alguien importante.

Se cruzó de brazos.

—Crecí dentro de la casa del duque, pero nunca fui tratado como uno de sus hijos.

Amaris sintió algo extraño en el pecho.

—¿Te rechazaban?

—Algunos sí.

Kael miró hacia el bosque.

—Otros simplemente fingían que no existía.

Amaris apretó ligeramente las manos.

—¿Y qué hiciste?

Kael sonrió de lado.

—Me fui.

—¿Así de fácil?

—No fue fácil.

Su voz cambió.

—Pero llegó un momento en que entendí que podía pasar toda mi vida intentando conseguir un lugar que nadie quería darme.

Kael la miró.

—O podía buscar mi propio lugar.

Amaris permaneció inmóvil.

Aquellas palabras se quedaron en su mente.

—¿Nunca tuviste miedo? —preguntó.

Kael sonrió débilmente.

—Claro que sí.

Bajó la mirada.

—Pero me rechazaron antes de que pudiera decidir si tenía miedo.

Amaris no respondió.

Porque comprendía demasiado bien aquellas palabras.

Solo que, en su caso, ella todavía no había conseguido escapar de aquello que temía.

Esa tarde, Amaris encontró a Arnold solo en una de las habitaciones.

Estaba sentado junto a una ventana, limpiando una de sus armas.

—Arnold.

Él levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

Amaris cerró la puerta.

—Quiero enseñarte algo.

Arnold dejó el arma a un lado.

—¿Qué cosa?

Amaris llevó las manos hasta la venda.

Sus dedos temblaron.

—Mis ojos.

Arnold se quedó en silencio.

Amaris respiró profundamente.

—Pero si quieres irte después de verlos...

La voz se le quebró ligeramente.

—Lo entenderé.

Arnold frunció el ceño.

—¿Por qué me iría?

Amaris no respondió.

Lentamente, desató la venda.

La dejó caer.

Sus ojos rojos quedaron expuestos bajo la luz de la ventana.

Amaris bajó la cabeza inmediatamente.

Esperó.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Nada.

Levantó ligeramente el rostro.

Arnold seguía allí.

No había miedo.

No había rechazo.

Solo la estaba mirando.

—¿Eso era todo? —preguntó él.

Amaris parpadeó.

—¿Qué?

—Pensé que ibas a enseñarme algo mucho más aterrador.

Ella frunció el ceño.

—Son rojos.

—Ya me di cuenta.

—¿No te parecen extraños?

Arnold se levantó.

Se acercó unos pasos.

—Sí.

Amaris sintió que el corazón se le detenía.

Pero entonces Arnold sonrió.

—Son bastante bonitos.

Amaris abrió los ojos.

—¿Bonitos?

—Sí.

Ella desvió la mirada.

—Pensé que...

—¿Que iba a tener miedo?

Amaris no respondió.

Arnold suspiró.

—Amaris, sigues siendo tú.

Ella apretó los labios.

Una lágrima amenazó con escapar, pero rápidamente la contuvo.

—No quería que pensaras que era un monstruo.

Arnold negó con la cabeza.

—Nunca pensaría eso de ti.

Amaris permaneció en silencio.

Por primera vez, había mostrado aquella parte de sí misma sin que nadie la obligara.

Y no había ocurrido nada terrible.

Arnold no se había alejado.

No la había rechazado.

No la había mirado como si fuera un monstruo

Amaris tomó nuevamente la venda.

Antes de colocársela, miró a Arnold.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme por eso.

Ella volvió a cubrir sus ojos.

Todavía tenía miedo.

Todavía no estaba preparada para mostrárselos a nadie más.

Especialmente a Kael.

Pero quizá...

Por primera vez...

Amaris comenzó a pensar que tal vez aquello que escondía no era algo que debía odiar.

Esa noche, Kael permaneció junto a una de las ventanas de la mansión.

Observó el bosque durante unos segundos.

Algo en aquel lugar le resultaba extraño.

No sabía qué.

Pero tenía la sensación de que alguien estaba cerca.

Mientras tanto, muy lejos de la mansión, el misterioso hombre caminaba entre los árboles.

Se detuvo.

Miró hacia la vieja construcción una última vez.

Luego continuó su camino.

Sin prisa.

Sin revelar sus intenciones.

Y sin que ninguno de los tres supiera que, desde hacía tiempo, una sombra del pasado comenzaba a acercarse.

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