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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

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Capitulo 17

La tarde caía suavemente sobre el jardín que rodeaba la casa, tiñendo de dorado las hojas y el cielo. Estaban sentados juntos en el porche, con una taza de té entre las manos, sin prisa, sin temor a que alguien los descubriera. Lorenzo no se limitaba a mirarla ni a buscar solo el contacto físico: se inclinaba hacia ella con atención real, como si cada palabra que ella decía fuera importante, como si su mente fuera tan valiosa como su presencia.

—Siempre me han gustado los jardines —decía Ottavia, mirando las flores que se mecían con la brisa—. Cuando era joven quería estudiar botánica, dedicarme a diseñar espacios verdes. Pero Nereo dijo que no era necesario, que como esposa y madre tendría suficiente con cuidar de la casa y la familia. Y lo dejé. Creyó que era lo correcto.

Lorenzo la escuchó en silencio, sin interrumpirla, y cuando terminó, le tomó la mano entre las suyas con una expresión seria y comprensiva.

—No era lo correcto —dijo él con voz firme pero suave—. Era lo que él quería. Tu sueño merecía tanto respeto como el de cualquiera. Y me duele que te hicieran creer que debías dejarlo de lado para ser esposa. No es así. Tú no eres solo el complemento de nadie. Tienes mente propia, gustos propios, vida propia. Y eso es lo que más admiro en ti.

Ottavia sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, pero eran lágrimas de gratitud, no de tristeza. —Nadie me lo había dicho así. Ni siquiera yo misma me atrevía a pensarlo. Durante años creí que mis ideas eran menos importantes, que mis sueños eran pequeños comparados con lo que se esperaba de mí.

—Son los sueños los que nos hacen grandes —respondió él, acercándose un poco más—. Y tú tienes mucho que dar más allá de las paredes de una casa. Dime algo más: ¿qué opinas de la situación de la ciudad? De los cambios que se están dando en los negocios y la gente? Me interesa saber qué piensas tú, no lo que Nereo te haya contado.

Ella lo miró con sorpresa. Nereo nunca le preguntaba su opinión sobre esos temas. Siempre le decía que eran cosas de hombres, que ella no tenía de qué preocuparse. Pero Lorenzo esperaba, con curiosidad genuina, sin juzgar, sin minimizar lo que pudiera decir.

—Creo que todo cambia demasiado rápido —empezó a decir con voz que se fue afirmando a medida que hablaba—. Y que muchos confunden el éxito con tener más dinero, cuando en realidad se trata de construir algo que valga la pena. Algo que beneficie a más personas, no solo a uno mismo. Por eso tu empresa ha crecido tanto, ¿verdad? Porque piensas en grande, pero con corazón.

Lorenzo sonrió, y esa sonrisa llegó profundo a su corazón. —Lo has entendido perfectamente. Y pocos lo hacen. Ves más allá de los números, de las rivalidades, de lo que todos creen que importa. Tienes una visión clara, Ottavia, y me encanta escucharte. No eres la esposa de nadie cuando hablas así. Eres tú: inteligente, sensible y con una mente brillante que nadie se molestó en descubrir.

—¿De verdad lo crees? —preguntó ella, con la voz temblando levemente—. A veces siento que solo soy buena cocinando y cuidando de los demás. Que no tengo nada más que ofrecer.

—Te equivocas —dijo él con seriedad, acariciándole el rostro con ternura—. Lo que tienes por dentro vale más que cualquier habilidad doméstica. Tu forma de ver el mundo, tu bondad, tu capacidad de entender a las personas… eso es algo que no se aprende en ninguna universidad. Y Nereo no lo supo ver. Pero yo sí. Y mientras estemos juntos, nunca dejaré que lo olvides.

Hablaron durante horas, de todo y de nada: de libros, de viajes que habían soñado hacer, de las personas que habían marcado sus vidas, de los miedos que casi nunca se dicen en voz alta. Y a cada paso, Ottavia descubría algo asombroso: podía ser ella misma. Sin preparar respuestas, sin fingir ser más o menos de lo que era, sin miedo a que la juzgaran o la consideraran poco interesante. Él la escuchaba, le hacía preguntas, le daba espacio para profundizar. Y cuando ella opinaba, la tomaba en serio.

—Es tan extraño —confesó ella al final, recostando la cabeza en su hombro mientras el sol se ponía—. Hablar así, sentirme escuchada. Creí que ya no era posible para mí.

—Es lo mínimo que mereces —respondió él, besando su cabello con infinita dulzura—. Que te traten como la mujer completa que eres. No como una mitad, ni como un adorno, ni como una función. Como Ottavia. Con todo lo que eso significa. Y si me permites, voy a recordártelo cada día.

Ella lo abrazó con fuerza, sintiéndose ligera y entera a la vez. Porque lo que Lorenzo le daba no era solo cariño: era respeto. Era la certeza de que su mente y su corazón importaban tanto como su cuerpo. Y en ese descubrimiento, se sentía crecer más fuerte de lo que jamás imaginó.

—¿Sabes lo que más me sorprende de ti? —le dijo Lorenzo, mirándola con admiración mientras terminaban de hablar—. Que tienes una mente tan clara y un corazón tan grande… y durante diez años nadie se molestó en descubrirlo.

Ottavia sonrió con una mezcla de tristeza y alivio. —Nunca me preguntaban lo que yo pensaba. Solo esperaban que estuviera ahí, callada y obediente. Como si no tuviera voz propia.

—Tu voz es hermosa —respondió él, tomándole las manos con firmeza y ternura—. Y merece ser escuchada siempre. No te calles nunca más, ¿me oyes? No importa lo que diga el mundo. Aquí conmigo, tu opinión cuenta. Tú cuentas. No como esposa, ni como nadie más… sino como Ottavia. La mujer que eres. Y eso es suficiente.

Ella lo miró con los ojos brillantes y asintió, sintiéndose por fin completa: —Gracias. Por verme entera. No solo la parte que quieres amar, sino todo lo que soy.

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Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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