Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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Elegirnos nuevamente
Caminaron durante horas.
Después de seis meses separados, Noor y Maximiliano tenían demasiadas cosas que decirse y, al mismo tiempo, demasiado miedo de decirlas mal.
La ciudad parecía diferente.
Las calles eran las mismas, la cafetería seguía en el mismo lugar y el parque conservaba los mismos árboles, pero ellos ya no eran las mismas personas que se habían separado meses atrás.
Habían cambiado.
Habían aprendido.
Habían sufrido.
Y ahora tenían que descubrir si todavía podían construir algo juntos.
Caminaron en silencio durante unos minutos hasta llegar a una pequeña plaza.
Noor se sentó en una banca.
Maximiliano se sentó a su lado.
—¿Te arrepientes de haber venido? —preguntó él.
Noor negó con la cabeza.
—No.
—Yo tenía miedo de que no aparecieras.
—Yo tenía miedo de venir.
—¿Por qué?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Porque una parte de mí pensaba que si te veía nuevamente, todos los sentimientos regresarían.
Maximiliano sonrió ligeramente.
—¿Y regresaron?
Noor lo miró.
—Nunca se fueron.
Él bajó la mirada.
Aquellas palabras significaron más de lo que podía explicar.
—Yo también tuve miedo —confesó—. Pensé que quizá habías encontrado a alguien más.
Noor sonrió.
—No hubo nadie más.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba encontrarme a mí primero.
Maximiliano asintió.
—Eso fue lo correcto.
Noor lo observó con curiosidad.
—¿Y tú? ¿Qué aprendiste?
Él respiró profundamente.
—Que no puedo amar intentando controlar todo lo que sucede.
—Eso es importante.
—También entendí que protegerte no significa decidir por ti.
Noor sonrió.
—Has cambiado.
—Tú también.
Ella bajó la mirada.
—Todavía tengo miedo.
—Yo también.
Noor levantó los ojos.
—No quiero volver a ser la misma persona.
—Yo tampoco.
Se quedaron mirándose.
Por primera vez comprendieron que no tenían que intentar recuperar exactamente la relación que habían perdido.
Aquella relación ya había terminado.
Lo que podían hacer era construir una nueva.
Una diferente.
Una más sincera.
Una más madura.
Se levantaron y continuaron caminando.
Hablaron de sus errores.
De las veces que se habían callado cosas.
De las veces que habían dejado que el miedo decidiera por ellos.
Hablaron de Valentina.
De Sebastián.
De sus familias.
Pero esta vez no hablaron desde el odio.
Hablaron desde la comprensión.
Al caer la tarde regresaron a la misma cafetería donde habían hablado por primera vez sobre el amor.
Se sentaron en la mesa junto a la ventana.
Maximiliano pidió café.
Noor pidió chocolate caliente.
Durante unos minutos se sintieron casi como dos desconocidos.
Hasta que Maximiliano tomó su mano.
—No quiero pedirte que olvides.
Noor lo miró.
—No podría.
—Entonces recuerda.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué?
—Recuerda todo lo que salió mal. Recuerda las veces que lloramos, las veces que dudamos y las decisiones que nos hicieron daño.
Noor permaneció callada.
—Pero recuerda también todo lo que aprendimos —continuó él—. No quiero que borremos nuestro pasado. Quiero que lo utilicemos para construir algo mejor.
Noor apretó suavemente su mano.
—Eso me gusta.
Hubo unos segundos de silencio.
Después Noor preguntó:
—¿Quieres volver conmigo?
Maximiliano respiró profundamente.
La pregunta que había esperado durante meses finalmente había llegado.
Sin embargo, decidió responder de una manera diferente.
—Quiero volver a conocerte.
Noor se sorprendió.
—¿Conocerme?
—Sí.
—¿Después de todo lo que hemos vivido?
—Precisamente por eso.
Maximiliano sonrió.
—Los dos hemos cambiado. No quiero fingir que seguimos siendo los mismos. Quiero saber quién eres ahora.
Noor sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¿Y si no te gusta la persona en la que me convertí?
—Entonces tendré que conocerte todavía mejor.
Ella soltó una pequeña risa.
—Eso fue bonito.
—Estoy aprendiendo.
—Se nota.
A partir de aquel día no volvieron inmediatamente a ser novios.
Comenzaron desde cero.
Tuvieron una primera cita.
Después otra.
Caminaron por el parque.
Fueron a una librería.
Compartieron café.
Hablaron hasta la madrugada.
Y poco a poco descubrieron que podían estar juntos sin vivir constantemente esperando el próximo problema.
Maximiliano ya no intentaba resolverlo todo por Noor.
Ella ya no escondía lo que sentía por miedo a provocar una discusión.
Cuando algo les molestaba, hablaban.
Cuando alguno necesitaba espacio, lo decía.
Cuando cometían un error, pedían perdón.
El amor regresó lentamente.
Pero esta vez era diferente.
No estaba basado en la necesidad.
No estaba basado en el miedo a estar solos.
No estaba construido sobre promesas imposibles.
Estaba basado en la elección.
Elegirse cada día.
Una tarde, mientras paseaban junto al mar, Noor recibió una llamada.
Miró la pantalla.
Era Valentina.
Durante unos segundos dudó si responder.
Finalmente aceptó.
—¿Hola?
Al otro lado hubo silencio.
Después escuchó una voz quebrada.
—Noor.
Ella reconoció inmediatamente el tono.
—¿Qué quieres?
—Quiero pedirte perdón.
Noor permaneció en silencio.
Valentina respiró profundamente.
—Sé que quizá no quieras escucharme, y lo entiendo. Pero necesito decirte que lo siento.
Noor observó el mar.
—¿Por qué ahora?
—Porque finalmente entendí todo lo que hice.
—¿Y qué entendiste?
—Que confundí amor con posesión. Pensé que si recuperaba a Maximiliano sería feliz.
Noor cerró los ojos.
—No era tuyo para recuperar.
Valentina comenzó a llorar.
—Lo sé.
Por primera vez Noor no sentía rabia al escucharla.
Solo tristeza.
—¿Cómo estás? —preguntó finalmente.
Valentina tardó unos segundos en responder.
—Intentando reconstruir mi vida.
—Espero que lo consigas.
—¿Puedes perdonarme?
Noor miró hacia Maximiliano.
Él permaneció a unos pasos de distancia y no intervino.
Ella respondió:
—Sí.
Valentina comenzó a llorar.
—Gracias.
La llamada terminó.
Noor guardó el teléfono.
Maximiliano se acercó.
—¿Estás bien?
Ella asintió.
—Sí.
—¿De verdad?
Noor sonrió.
—Sí.
—¿Qué cambió?
Ella tomó su mano.
—Ya no siento odio.
Maximiliano la miró.
—Eso significa que ganaste.
Noor sonrió.
—¿Ganamos?
—Sí.
—¿Contra quién?
Él miró el mar.
—Contra el pasado.
Noor apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Me gusta esa respuesta.
Permanecieron en silencio contemplando el atardecer.
Después Maximiliano tomó lentamente el rostro de Noor entre sus manos.
—Noor.
—¿Qué?
—Quiero preguntarte algo.
Ella lo miró.
—¿Qué cosa?
—¿Quieres volver a ser mi novia?
Noor fingió pensarlo.
Lo observó durante varios segundos.
—No sé.
Maximiliano sonrió.
—¿No sabes?
—No.
—¿Entonces qué tengo que hacer?
Noor se acercó un poco.
—Tendrás que convencerme.
—¿Cómo?
Ella sonrió.
—Empieza por besarme.
Maximiliano soltó una pequeña risa.
—Eso puedo hacerlo.
Se acercó lentamente.
Sus labios se encontraron.
Fue un beso diferente al primero.
No había ansiedad.
No había miedo.
No había dudas.
Solo había dos personas que habían sufrido, habían aprendido y finalmente habían decidido volver a intentarlo.
Cuando se separaron, Noor apoyó la frente contra la de él.
—Tengo una condición.
—¿Cuál?
—Nunca más mentiras.
—Nunca más.
—Y si algo nos preocupa, hablamos.
—Lo prometo.
—Y si algún día necesitamos estar solos...
—Lo diremos.
Noor sonrió.
—Entonces creo que tenemos una oportunidad.
Maximiliano la abrazó.
—No quiero una oportunidad.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué quieres?
—Quiero una vida contigo.
Noor permaneció en silencio.
Aquellas palabras la emocionaron.
—Despacio —dijo.
—Despacio.
—No quiero correr.
—No correremos.
—Quiero disfrutar cada etapa.
—La disfrutaremos.
Y así comenzaron nuevamente.
No como los jóvenes que se habían enamorado bajo la lluvia.
No como las personas que se habían separado por culpa de las mentiras.
Sino como dos adultos que habían comprendido que el amor necesitaba más que sentimientos.
Necesitaba respeto.
Comunicación.
Libertad.
Confianza.
Y la decisión consciente de permanecer juntos.
Aquella noche regresaron caminando lentamente.
La luna iluminaba el camino.
Noor tomó la mano de Maximiliano.
—¿Sabes qué pensé cuando nos separamos?
—¿Qué?
—Que era el final de nuestra historia.
—Yo también.
—Pero ahora creo que solamente fue el final de una versión de nosotros.
Maximiliano sonrió.
—¿Y esta nueva versión?
Noor lo miró.
—Todavía la estamos escribiendo.
Él besó su frente.
—Entonces espero que escribamos muchas páginas.
Noor sonrió.
—Yo también.
Y mientras caminaban juntos, comprendieron que volver a amarse no significaba olvidar el dolor.
Significaba mirar el dolor a los ojos y decidir que no tendría la última palabra.
Habían perdido mucho.
Habían llorado demasiado.
Habían permitido que otras personas interfirieran en sus vidas.
Pero habían aprendido.
Y quizá esa era la razón por la que su amor ahora se sentía más fuerte.
No porque fuera perfecto.
Sino porque ambos habían elegido luchar por él sin dejar de luchar también por sí mismos.
Esa noche, bajo un cielo lleno de estrellas, Noor y Maximiliano volvieron a elegirse.
No por miedo.
No por necesidad.
No por costumbre.
Por amor.