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Me Plantó Mi Prometido, Me Eligió El Magnate

Me Plantó Mi Prometido, Me Eligió El Magnate

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Victoria Laurent creyó tenerlo todo: un amor de años, una boda soñada y un futuro seguro… hasta que el día de su boda, su prometido la abandonó frente a todos para huir con su propia prima. Humillada y destrozada, descubre que detrás de esa traición hay una conspiración para destruir a su familia y quedarse con su herencia. Desaparece entonces del ojo público, cambia su nombre y apariencia, oculta su verdadera identidad y regresa transformada: fría, calculadora y decidida a arruinar la vida de quienes la destruyero

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Capítulo 3: El Encuentro en la Niebla

Tres años transcurrieron desde aquella madrugada en que abandonó su hogar. Tres años en los que Victoria Laurent desapareció por completo, para dar paso a Valeria Mármol. Un nombre elegido deliberadamente: sólido, impasible, sin brillo ni historia. Vivía en una metrópoli vibrante y despiadada, una ciudad donde las caras se confunden y nadie pregunta quién eres mientras cumplas con tu trabajo. Allí transformó cada hora de duelo en estudio, cada noche de insomnio en preparación: finanzas, leyes, estrategia, idiomas, oratoria. Ya no era la heredera protegida; era una mujer que se había forjado a golpes de esfuerzo y voluntad, ocupando un puesto clave en una de las firmas de consultoría más prestigiosas del país, ganándose el respeto por su agudeza y su frialdad imperturbable.

La tarde en que todo cambió, la lluvia caía con furia sobre las calles de vidrio y acero. Valeria salió del despacho tras una reunión agotadora, con la mente puesta en los informes del día siguiente, cuando un coche negro de lujo, conducido a exceso de velocidad, dobló en la esquina y se abalanzó sobre el charco más profundo. No tuvo tiempo de apartarse. El agua sucia salpicó su ropa y sus documentos, que cayeron esparcidos por el asfalto antes de que pudiera sujetarlos. El vehico frenó en seco unos metros más adelante. La puerta trasera se abrió y un hombre descendió con paso decidido, irrumpiendo entre la lluvia como una sombra alta y poderosa.

—Mis disculpas —dijo una voz profunda, grave, que pareció vibrar en el pecho de ella.— Ha sido culpa mía.

Valeria alzó la vista y el aire se le quedó atrapado en la garganta. Damián Blackwood. El hombre cuya sola mención hacía temblar a banqueros y políticos por igual. Dueño de imperios industriales, constructor de ciudades, figura envuelta en mitos y silencio. Nadie conocía su pasado ni sus debilidades; se decía que no tenía corazón ni piedad. Y allí estaba, arrodillándose en el pavimento mojado para recoger sus papeles con manos grandes, firmes y sorprendentemente cuidadosas. Sus ojos eran grises, fríos como el acero, pero al posarse en ella, algo cambió. La miró de un modo que nadie la había mirado jamás: no con lástima ni deseo, sino como si la viera a ella, de verdad, más allá del disfraz que llevaba puesto.

—No era necesario —respondió ella recuperando la compostura, recogiendo lo que pudo con dedos ágiles, evitando cruzar la mirada demasiado tiempo.— No es la primera vez que llueve en esta ciudad.

Él se incorporó sosteniendo un sobre que ella había pasado por alto, con el sello de su antigua casa familiar, medio borrado por el agua. Lo observó un instante antes de entregárselo.

—Sin embargo, sí es la primera vez que encuentro a alguien que recibe un percance sin quejarse ni pedir compensación. ¿Cómo se llama?

—Valeria —respondió al instante, automática, perfecta.— Valeria Mármol.

El magnate asintió lentamente, pero no soltó el sobre de inmediato. Sus ojos grises la recorrieron con detenimiento, trazando su rostro como si buscara algo que no lograba nombrar.

—Valeria Mármol —repitió, saboreando cada sílaba como si sospechara que no era su nombre verdadero.— Extraordinario porte para una consultora de oficina. Y una mirada… que parece haber visto demasiado dolor para ser tan joven.

El corazón le golpeó las costillas con fuerza. ¿Lo habrá reconocido? ¿Sabrá quién soy? Pero no era posible; nadie la había visto en tres años, nadie sabía dónde estaba.

—La vida enseña cosas rápido cuando uno no tiene quien la proteja —respondió con tono sereno, guardando todo en su carpeta—. Gracias por devolverlo. Debo irme.

—Espere —la detuvo con un gesto de mano, su autoridad natural imponiéndose sin esfuerzo.— Permítame reparar el daño. Una cena, un cambio de ropa, lo que sea. Insisto.

—No es necesario, señor Blackwood. El tiempo también es dinero, y el suyo debe valer mucho más que mi ropa mojada —respondió ella, dispuesta a alejarse cuanto antes de aquel hombre que despertaba instintos que creía muertos.

Sin embargo, él no se apartó. Se acercó un paso más y Valeria sintió la tentación de retroceder, pero se mantuvo firme, clavando el talón al suelo.

—Precisamente por eso, porque el tiempo vale oro, no quiero perder el suyo disculpándome. Mañana a las ocho, en mi restaurante. No hay negativas, Valeria. No suelo aceptarlas.

Y con una mirada que prometía que no la dejaría escapar tan fácil, se marchó. El coche se alejó entre la niebla urbana, dejándola allí de pie, empapada y temblando no por el frío, sino por la certeza inquietante: Damián Blackwood acababa de ponerle el ojo encima. Y no se equivocaba al hacerlo.

Aquella noche, en su pequeño apartamento austero, Valeria se miró al espejo largo rato. El vestigio de aquel encuentro la turbaba más de lo que quería admitir. ¿Por qué ella? ¿Qué había visto en una consultora anónima el hombre más codiciado del país? ¿Un capricho pasajero… o el inicio de un juego mucho más peligroso? Lo único que sabía era que su plan de regreso ya estaba trazado, y Damián Blackwood era la llave perfecta para abrir las puertas que permanecían cerradas a cal y canto. Pero acercarse a él era como acariciar el filo de una navaja: brillante, seductor… y mortal.

Al día siguiente, a las ocho en punto, Valeria cruzó las puertas del restaurante más exclusivo de la ciudad. No llevaba el vestido que él le habría ofrecido, sino un conjunto sobrio de color negro, impecable, con el cabello recogido y la mirada lista. Sabía que entraba en la boca del lobo. Pero no iba para dejarse devorar. Iba para sentarse a su mesa y comer con él.

Y al verla llegar, Damián Blackwood sonrió apenas, una media sonrisa llena de secretos, y supo que el juego apenas comenzaba.

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Eliana Angulo
Te felicito👏🏽 hasta ahora tu historia va bien desarrollada 😍 y no te demores mucho en actualizar
Eliana Angulo
Te felicito👏🏽 hasta ahora tu historia va bien desarrollada 😍 y no te demores mucho en actualizar
amalia aguilar
Autora da a entender que Damian sabe quien es. pero en los últimos párrafos parece que no.
En que quedamos
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Qué buena observación! 🤓 Es justo esa la confusión que quise sembrar… pero te aseguro que no hay error, todo encaja a propósito .. Lo que parece contradicción se va a aclarar muy pronto, ¡no te adelantes que hay una explicación completa!
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Felicia Perez
muy buena pera que lastima para cuándo la continuación???
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Qué alegría leer tu comentario, muchas gracias! 🥰 Pronto subiré la continuación, te recomiendo activar las notificaciones para que no te enteres tarde. ¡Un abrazo fuerte! 💖
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Eliana Angulo
pues acabar con ustedes animales🤣🤣
Eliana Angulo
mucho canaya😡que ría ahora, porque lo que les espera ni se lo imaginan
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Así se habla! 😤🔥 Tiene toda la razón… que rían ahora, que pronto les llegará su merecido. ¡Se viene lo bueno!
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Miriam Colín
Malditas zanguijuelas es hora de pagar.
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Tal cual dices! Ya no hay dónde esconderse. Se acabó vivir a costa de lo ajeno, se acabó la mentira, se acabó la impunidad. ¡Victoria y Damián vienen con todo y van a cobrar hasta el último centavo!
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Miriam Colín
Ya encontró al papucho que la va ayudar en su venganza.
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Damián no es solo un apoyo, es el aliado perfecto, poderoso, inteligente y que además la protege de verdad, con el corazón. Ya verás cómo juntos son imparables y les hacen pagar cada lágrima derramada. ¡Esto apenas arranca!
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Miriam Colín
👏👏👏 Qué fortaleza, una verdadera mujer, el idiota no sabe lo que perdió.
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Muchísimas gracias por tus hermosas palabras, Miriam! 🥹 Así es, la verdadera fortaleza de Victoria sale a relucir justo cuando más la necesitaba. Adrián no tuvo ni idea de la mujer tan increíble que tenía al lado… y ahora se da cuenta, tarde y mal, de todo lo que perdió. Gracias por acompañarnos en esta historia, ¡eres increíble!
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