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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4 MIRADAS CRUZADAS

Mia

El agua helada de la tina apenas lograba mitigar el ardor de mi piel y la agitación que me carcomía por dentro. Me restregué con la esponja una y otra vez hasta dejarme los hombros y los muslos al rojo vivo, queriendo borrar el rastro de sus manos, el peso de sus músculos sobre mi cuerpo y esa sensación intrusiva que aún latía en mi vientre.

Me había entregado a un Elfo desconocido en medio del Coto Real.

La vergüenza me ahogaba. Recordar cómo sus ojos azules me devoraban, la forma en que me suplicó y la manera salvaje en que consumamos esa pasión en el lecho de flores me hacía temblar las rodillas. Pero lo peor no era el recuerdo del placer, sino la humillación posterior.

Me trató como a una cualquiera, arrojándome una bolsa de gemas a los pies y acusando a todas las humanas de ser iguales. Le había dado una cachetada para defender lo poco que me quedaba de dignidad, pero la huella de sus labios y el roce descarado de su virilidad contra mis piernas al intentar tentarme otra vez aún me quemaban la memoria.

Apreté los dientes mientras me secaba a la prisa. No tenía tiempo para lamentarme ni para ponerme a llorar por el orgullo herido. Mi tío Dorian me necesitaba.

Me vestí con una túnica sencilla de lino con el cuello bien alto, asegurándome de tapar cada centímetro de mi garganta. Amarré mi larga cabellera castaña en una trenza floja que cayó sobre mi hombro, tomé la pesada bolsa de cuero con las gemas y salí de nuestra humilde casa de madera, internándome en el camino que conducía a la gran capital de Aethelgard.

Caminar por la ciudad élfica siempre me había parecido una experiencia abrumadora. Las majestuosas torres de piedra marfil se alzaban hacia el cielo, los adoquines emanaban un tibio calor mágico y los elfos de la nobleza paseaban con sus telas finas y sus miradas altivas. Sin embargo, en medio de tanta opulencia, mi único refugio y destino era el Centro Sanador Real.

A diferencia del resto de la aristocracia, la Reina Elora era una gobernante justa y de una bondad sin límites. Ella había atendido a mi tío en varias ocasiones y, al ver nuestra extrema pobreza, se había ofrecido de corazón a curarlo de forma gratuita.

Pero mi tío y yo éramos personas honradas. Mi padre me enseñó que el honor de los pobres radica en no pedir limosnas cuando se puede trabajar, así que me había jurado a mí misma que pagaría hasta la último pieza del tratamiento de Dorian.

Crucé las enormes puertas de bronce del sanatorio. El aire dentro olía a lavanda, eucalipto y caléndula. En el mostrador principal de la botica, entre frascos de cristal y pergaminos antiguos, se encontraba la Reina Elora.

Su sola presencia transmitía una paz profunda: su larga cabellera plateada brillaba bajo la luz de los ventanales y su rostro, eternamente joven, denotaba una serenidad maternal.

—Reina Elora... —llamé con voz suave, tratando de que no se me notara el temblor en las manos.

La reina levantó la vista de sus anotaciones y sus ojos claros se iluminaron con calidez al reconocerme.

—Mia, querida —saludó con una sonrisa amable—. Qué sorpresa verte a esta hora. ¿Cómo sigue tu tío Dorian?

—Ha empeorado bastante esta mañana, majestad —dije, sintiendo que un nudo se me formaba en la garganta al recordar la palidez de mi tío—. Por eso he venido... Necesito la primera dosis del remedio concentrado.

Elora asintió con simpatía, alcanzando un frasco de jarabe dorado de la repisa.

—Sabes que no tienes que preocuparte por el costo, Mia. Tu tío es un buen hombre y...

—Esta vez puedo pagarlo, majestad —la interrumpí con delicadeza.

Metí la mano en mí bolso y, saqué la pequeña bolsita que me había dado el elfo en el bosque y la deposité con cuidado sobre la mesa de madera pulida. El impacto de las piedras preciosas contra la mesa produjo un sonido seco que pareció resonar en todo el recinto.

La Reina Elora se congeló. Miró las gemas de adentró con los ojos muy abiertos, su sonrisa borrándose para dar paso a una expresión de genuino asombro. Tomó una de las piedras entre sus dedos delicados, examinando el corte y la pureza del brillo.

—Mia... esto es una fortuna —dijo lentamente, levantando la mirada hacia mí con evidente sospecha y preocupación—. Una bolsa más y pagarías el tratamiento completo y varios meses de comida. ¿De dónde has sacado algo así?

Sentí que la sangre se me bajaba a los pies. La culpa me apretó el pecho, pero mantuve la mirada firme.

—Fueron... ahorros y unos trabajos de artesanía que logré vender a un comerciante de paso en las Comarcas, majestad —mentí, odiándome por dentro por engañar a la única persona de la realeza que me había tratado bien—. Nos costó mucho reunirlo, pero somos gente honrada. Queremos pagar lo que necesitamos.

Elora me observó durante unos segundos en silencio, como si intentara leer la verdad en el fondo de mis ojos ámbar. Finalmente, dejó escapar un largo suspiro cargado de admiración y lástima.

—Eres una muchacha de un orgullo admirable, Mia. De acuerdo, aceptaré el pago. Ven conmigo, tu tío ya está en la sala de reposo. Con la primera dosis el ya podrá volver a casa.

Acompañé a la reina por el pasillo de arcos de piedra hasta la habitación privada. Allí yacía mi tío Dorian en una cama limpia, pálido y con la respiración pesada. En cuanto me vio entrar, un brillo de alivio iluminó sus ojos cansados.

—Mi niña... —murmuró con voz rasposa.

Me acerqué a la cama y lo abracé con fuerza, sintiendo que las lágrimas amenazaban con salir. Con la ayuda de la reina, le administramos la dosis de la medicina dorada.

El efecto de la magia élfica fue casi inmediato: las mejillas de mi tío recuperaron algo de su color natural y su respiración se volvió pausada y profunda.

—Gracias a la Diosa, ya está fuera de peligro inmediato —anunció Elora con tono dulce—. Mia, ven conmigo al gabinete de al lado. Tu rostro refleja mucho agotamiento y quiero darte algo de tónico antes de que te vayas a casa.

Asentí y la seguí al gabinete continuo. Me senté en un banco de madera mientras la reina comenzaba a preparar una infusión con hierbas aromáticas.

De pronto, Elora se detuvo, se giró hacia mí y me miró con una ceja levantada y una sonrisa perspicaz que me erizó los bellos del brazo.

—Dime la verdad, Mia... —comenzó la reina, apoyando las manos en la mesa—. ¿Tienes novio?

El corazón me dio un vuelco violento contra las costillas.

—¿N-novio? Majestad... ¿por qué lo pregunta? —balbuceé, sintiendo un calor abrasador subirme por el cuello.

—Por favor, querida, soy médica y he vivido cientos de años —se rio la reina con suavidad, acercándose a mí—. Entraste al sanatorio caminando con cierta dificultad, estás nerviosa y, aunque intentaste ocultarlo con esa túnica alta, la forma en que te acomodas la ropa indica que estás escondiendo algo. A mí no me puedes engañar: estuviste con un hombre.

Me quedé helada, incapaz de articular palabra. Si le decía la verdad —que me había acostado con un elfo desconocido en el Coto Real— la reina se decepcionaría profundamente de mí y perdería todo el respeto por nuestra familia.

—Es... es un muchacho de las Comarcas —mentí en un susurro apresurado, bajando la cabeza de pura vergüenza—. Un humano.

Elora me miró negando con la cabeza y soltó un chasquido de lengua desaprobatorio.

—Pues déjame decirte que tu novio es un bruto bastante descuidado —regañó la reina con severidad noble pero maternal—. Copular con una muchacha tan joven sin la menor delicadeza... ¡Qué falta de consideración por tu honor y por tu cuerpo! Dime, Mia... al menos se cuidaron, ¿verdad?

El rostro me ardió en llamas. El recuerdo del elfo derramando todo su semilla dentro de mí regresó con la fuerza de un rayo.

—Mmm... no —musité apenas, sintiendo que quería que la tierra me tragara.

—¡Qué insensato! —exclamó Elora, cruzándose de brazos con indignación—. Realmente los jóvenes no piensan con la cabeza. Dejarte en ese estado y no preocuparse por tu honor ni por las consecuencias... Definitivamente los hombres son iguales en todas las especies. Yo tengo un hijo, sabes...

La reina suspiró, caminando de un lado a otro mientras ordenaba los frascos.

—Tiene doscientos años. Doscientos años y mi mayor deseo es que me dé nietos para alegrar los pasillos de mi palacio, pero parece que es absolutamente alérgico a las mujeres. Jamás le ha interesado ninguna dama de la corte, no deja que nadie se le acerque... A veces pienso que la Diosa me castigó con un príncipe sin corazón...

Estaba a punto de responderle para intentar calmar su frustración cuando, de repente, una voz profunda, grave y cargada de una autoridad innata resonó desde el pasillo exterior. Una voz que me hizo congelar la sangre en las venas y que paralizó por completo el aire del gabinete.

—Madre... ya he traído la carga de recursos que prometí para el sanatorio.

El tiempo se detuvo. El sonido del viento en los ventanales, el aroma de las hierbas y el latido de mi propio corazón parecieron desvanecerse en un vacío absoluto.

Giré la cabeza con una lentitud agónica hacia la puerta del gabinete.

Bajo el marco de roble se encontraba él.

Ya no estaba desnudo ni cubierto del sudor de la pasión salvaje en el bosque. Vestía una elegante túnica ceremonial de seda verde oscuro con bordados de hilo de plata que acentuaban sus hombros anchos y su porte majestuoso. Su larga cabellera negra caía impecable sobre su espalda y sus imponentes ojos azules, fríos como el hielo de las montañas, recorrieron la estancia con soberbia... hasta que chocaron directamente con los míos.

El elfo con el que me había entregado en el bosque... el hombre que me había juzgado y que había robado mi virginidad... era el hijo de la Reina Elora. El Príncipe Aelion, Heredero de Aethelgard.

Mi aliento se cortó. Aelion se congeló en el acto, sus ojos azules abriéndose con una mezcla de conmoción absoluta, incredulidad y un fuego voraz. Mis manos comenzaron a temblar descontroladamente sobre mi falda, incapaz de apartar la mirada de la suya, mientras el mundo a nuestro alrededor quedaba en un silencio sepulcral, paralizado por la aplastante verdad de nuestra revelación.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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