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LÁGRIMAS DE CRISTAL ROTO

LÁGRIMAS DE CRISTAL ROTO

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Anastasia Valenzuela Herrera huyó de la opulencia y del peso de ser la heredera del imperio de los magnates número uno del mundo, ocultándose bajo la falsa identidad de Anastasia Riquelme. Buscando forjar su propio camino en el extranjero, su vida da un giro devastador la noche en que es brutalmente violada en la oscuridad por un desconocido. Meses después, un desmayo en la universidad revela una verdad inquebrantable: está esperando un hijo de su agresor. En un intento desesperado por proteger a su bebé y evitar la intervención de su poderosa familia, comete el error de aceptar casarse por lo civil con Patricio Zapata, un compañero machista y manipulador.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL DESPERTAR EN LA PENUMBRA Y EL MURMULLO DEL PASADO

​El constante e ininterrumpido pulso electrónico del monitor de signos vitales marcaba el ritmo de la pequeña habitación en la Unidad de Cuidados Intensivos. El haz de luz de la mañana lograba colarse con timidez entre las persianas metálicas, cortando la penumbra del recinto y dibujando líneas doradas sobre la sábana blanca.

​Anastasia parpadeó con extrema lentitud. Sintiéndose ahogada por una pesadez milenaria en las caderas y un ardor punzante en el rostro y las costillas, intentó mover la mano. Una vía intravenosa sujetaba su piel canela, pero al lado, un calor firme y conocido le devolvió el contacto con la realidad.

​—Tranquila, mi vida... Tranquila, no te muevas —susurró una voz suave pero quebrada por la angustia acumulada.

​Anastasia giró la cabeza con torpeza. Los ojos color miel de Doña Natalia Herrera de Valenzuela la miraban desde la orilla de la cama. La matriarca de 54 años, impecable aun tras haber pasado la noche en vela, tenía la piel pálida y unas sutiles marcas de cansancio debajo de sus ojos idénticos a los de su hija.

​—¿Ma... mamá? —articuló Anastasia con la boca seca y la voz reducida a un hilo rasposo.

​—Aquí estoy, mi amor. Tu mamá está aquí. Ya estás a salvo —dijo Natalia, llevándose la mano de Anastasia hacia los labios para besarle los nudillos con ternura infinita.

​Anastasia cerró los ojos un instante mientras el torrente de recuerdos recientes golpeaba su conciencia: el restaurante, el reclamo, los celos dementes de Patricio, los gritos en el apartamento, la blusa desgarrada, el impacto del primer golpe y el temblor incontrolable de su cuerpo antes de caer en el vacío.

​—Ariel... ¿Dónde está mi hijo, mamá? —preguntó Anastasia de golpe, intentando incorporarse presa del pánico.

​—Shh, tranquila, no te levantes —la sostuvo Natalia con delicadeza por el hombro—. Ariel está bien. Está abajo con tu hermano Adrián y la Nana. Comió algo y está descansando. Te lo juro por mi vida que no le pasó nada.

​Un largo suspiro de alivio se le escapó a Anastasia, seguido de una lágrima helada que resbaló por su mejilla inflamada.

​—Patricio... —murmuró Anastasia, mirando hacia la puerta con miedo instintivo.

​—Ese miserable no va a volver a poner un pie a cien metros de ti ni de mi nieto —intervino Natalia con una frialdad tajante, y sus ojos se endurecieron—. Tu padre mandó a un equipo legal completo. Hay una orden de aprehensión emitida en este mismo momento por intento de feminicidio y agresión física. Se acabó, Anastasia. Tu matrimonio con ese tipejo está muerto y enterrado.

​Anastasia guardó silencio, apretando la mano de su madre. El ambiente de la habitación se volvió denso, cargado por años de secretos y reproches no dichos.

​—Mamá... —comenzó Anastasia con la voz temblorosa, fijando su mirada en el techo—. En el restaurante me dijiste que me mandaste a investigar desde el primer día... Que sabías que Ariel no era hijo de Patricio...

​Natalia contuvo el aliento, acomodándose en la silla de metal para quedar más cerca.

​—Sí, hija. Lo supe desde el principio. Tu padre y yo sabíamos la clase de hombre que era Patricio Zapata, pero no entendíamos por qué tú, una mujer tan inteligente, tan brillante, habías aceptado casarte con él de la noche a la mañana. Sufrimos en silencio durante años, respetando la distancia que nos pusiste porque teníamos pavor de que te alejaras del todo y no volviéramos a saber de ti ni de mi nieto.

​Anastasia apretó los dientes. El llanto contenido durante seis años y nueve meses finalmente rompió la coraza.

​—No me casé por amor, mamá... Tampoco me casé para desobedecer a mi papá —confesó Anastasia entre sollozos ahogados, mientras Natalia le limpiaba con delicadeza las lágrimas de la cara—. Me casé porque tenía miedo... Tenía un pánico atroz de estar sola con un bebé en el vientre. Patricio me prometió un apellido, una fachada de familia... Pensé que podía aguantar todo con tal de que mi hijo no creciera señalada por mi secreto.

​—Hija mía... no tenías que pasar por esto sola. Nosotros somos tu familia —murmuró Natalia con el corazón encogido—. Si nos hubieras dicho quién era el padre...

​—¡Es que yo no sé quién es, mamá! —gritó Anastasia en un susurro desesperado, volviéndose hacia su madre con los ojos desencajados por el trauma—. ¡Yo no sé quién me destruyó la vida!

​Natalia se congeló en su sitio. El aire pareció congelarse en el consultorio de UCI.

​—¿Qué estás diciendo, Anastasia? —preguntó Natalia con un hilo de voz, sintiendo que un escalofrío helado le recorría la columna.

​Anastasia cerró los ojos con fuerza, apretando las sábanas entre las manos mientras el recuerdo reprimido de la noche más oscura de su juventud volvía a asaltarla con la violencia de una pesadilla viva.

​—Ocurrió la noche en que salí de la universidad, mamá... Era muy tarde, estaba oscuro y las calles estaban desiertas —recordó Anastasia con el aliento agitado y el cuerpo comenzando a temblar ligeramente—. Iba llegando a mi departamento... cuando un sujeto apareció de la nada en medio de la penumbra... Me atacó con violencia desmedida, me arrastró a un rincón oscuro donde las luces no alcanzaban... No pude verle la cara, mamá, estaba demasiado oscuro y yo solo cerraba los ojos llorando y pidiendo auxilio...

​Doña Natalia se llevó una mano a la boca, ahogando un grito de horror absoluto. Las piezas del rompecabezas que durante casi siete años habían estado dispersas comenzaban a encajar de la forma más trágica y dolorosa posible.

​—Dios mío... Mi niña... —balbuceó Natalia con los ojos anegados en lágrimas.

​—Lo único... lo único que recuerdo de esa noche —continuó Anastasia, con la voz quebrada por el dolor profundo de la memoria— es que mientras ese hombre me hacía daño... él no actuaba como un atacante común. En medio de su propia voz delirante, como si estuviera ido o fuera de sí, me pedía perdón... Recuerdo la textura de su cabello, mamá. Tenía el cabello rubio y rizado... Me pedía perdón en suspiros, pero no se detuvo... Luego me dejó tirada en el suelo y salió corriendo.

​Natalia sintió que el mundo le daba vueltas. La descripción resonó en su mente con la fuerza de un rayo, trayendo de vuelta la escena ocurrida horas antes en el pasillo de ese mismo hospital: la imagen de Carmelo Victorino, el hombre más rico del mundo, el socio de su esposo, cayendo en un estado de pánico cadavérico al ver por primera vez al pequeño Ariel... un niño de seis años de tez blanca, ojos azules y un marcado cabello rubio rizado.

​La matriarca apretó la mano de su hija con fuerza, disimulando el impacto devastador de la revelación para no alterar el delicado estado médico de Anastasia.

​—Ya pasó, mi vida... Ya pasó —le susurró Natalia, besándole la frente con profunda devoción maternal mientras una furia y una determinación implacables nacían en su pecho—. Nunca más vas a volver a estar sola. Ese monstruo del pasado y el cobarde de Patricio van a pagar por cada gota de dolor que te hicieron derramar. Te lo juro por mi vida.

​Anastasia, exhausta por la confesión y el esfuerzo físico, apoyó la cabeza contra la almohada y cerró los ojos, sintiendo por primera vez en años el refugio real de los brazos de su madre, ajena a la tormenta que estaba a punto de estallar fuera de las paredes de la Unidad de Cuidados Intensivos.

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Graciela Saiz
pero si la empresa era familiar, debe haber parte de su madre y sus hermanos 🤷
Graciela Saiz
que mujer tan tonta 🤷
Tere Jimenez
muy buena tu novela hermosa ojalá y nos regales el final muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo
Naibelys Perez: un millón de gracias ❤️ bendiciones 🫂🥰
total 1 replies
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Mar Sol
¿Cómo es posible que Anastasia sea tan boba? a ella le han hecho la vida imposible, patricio y su madre, no se pone a pensar que su pequeño, puede ser víctima de violencia y lo peor que sus padres lo saben y ni así cree, si a ella le gusta que la maltraten, que lo viva, pero el niño, no.
Mar Sol
Ese cobarde de Patricio y su madre son despreciables, me pregunto ¿dónde está la vigilancia de la familia de Anastasia, por que eso fue lo que dijo el padre de ella.
Mar Sol
Una novela que muestra, que la comunicación es importante en la familia, por cualquier cosa que se presente.
neumidia ruiz
hermosa historia! quiero que paguen los que drogaron a. armero y tambien que la pareja tenga gemelos seria genial para el hermano mayor 👏👏👏👏
neumidia ruiz
hermosa historia! quiero que paguen los que drogaron a. armero y tambien que la pareja tenga gemelos seria genial para el hermano mayor 👏👏👏👏
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