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La esposa secreta del magnate Alcázar

La esposa secreta del magnate Alcázar

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Centrado emocionalmente / Amor a primera vista / Romance oscuro / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Fabiana Luna

Camila Fuentes solo quería sobrevivir: pagar sus deudas, conservar su empleo y olvidar la noche en que despertó en la suite de un desconocido.
Pero aquel desconocido era Maximiliano Alcázar, heredero de uno de los imperios empresariales más poderosos de México. Frío, arrogante y acostumbrado a conseguir todo lo que desea, Max no está dispuesto a dejar escapar a la única mujer que logró alterar su mundo.
Para mantenerlo lejos, Camila inventa un novio. La mentira, sin embargo, desata una persecución de celos, secretos y deseos imposibles de ocultar. Mientras un amor del pasado intenta recuperarla y la familia Alcázar se niega a aceptarla, Camila deberá enfrentarse también a la herida que ha cargado desde niña: la certeza de que su propia madre la abandonó porque nunca fue digna de ser amada.
Max puede ofrecerle dinero, protección y hasta su apellido. Pero para convertirla en su esposa tendrá que demostrarle algo mucho más difícil: que esta vez, cuando todos los secretos salgan a la luz, él será el hombre que decida quedarse.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

El novio inventado

—Un novio. Eso es lo que te falta, comadre. —Fernanda hundió el tenedor en la orden de nachos como si le clavara un puñal a alguien—. Uno bien plantado. En cuanto ese jefe baboso vea que hay un hombre en el asunto, se te quita de encima solito. Los tipos así solo respetan lo que ya trae dueño. Es triste, pero es la neta.

Estaban en un restaurante de esos ruidosos y baratos donde una podía quedarse horas por el precio de una cerveza, en una mesa de la planta baja, y Camila llevaba media noche desahogándose. Le había contado lo de Beltrán, la mano en el hombro, la cena "discreta", todo menos la parte que no le contaba a nadie. Fernanda Bustamante, su comadre desde siempre, escuchaba con esa mezcla de lengua filosa y lealtad de perro guardián que la caracterizaba.

—No voy a inventarme un novio, Fer.

—Ay, comadre, no te lo inventes de a de veras, nomás dilo. —Fernanda se encogió de hombros—. "Tengo novio". Dos palabras. No tienes que producir al galán, nomás mencionarlo. Yo lo hago todo el tiempo. Es más barato que un spray de pimienta y funciona mejor.

Camila se rió, a su pesar, y por primera vez en la semana sintió que se le aflojaba un poco el nudo del pecho.

Arriba, en la terraza del segundo piso, otra conversación iba por su tercer trago.

—Ya, hombre, dilo. —Patricio Rangel se echó para atrás en la silla con la copa colgándole de los dedos y esa sonrisa de galán venido a menos que traía puesta de fábrica—. Andas raro desde hace semanas. Tu mamá otra vez con lo del matrimonio, ¿verdad? Te va a casar aunque sea contigo mismo.

Max no contestó de inmediato. Giraba el vaso sobre la mesa, mirando el hielo derretirse.

—No es mi madre —dijo al fin.

—Órale. —Pato se enderezó, de pronto interesado—. ¿Entonces? No me digas que es una vieja. A ti no te dura ninguna ni el desayuno.

—Hay una. —Max lo dijo con la naturalidad de quien reporta el clima, pero Pato lo conocía de toda la vida y supo leer lo que había debajo—. La sigo pensando. No debería.

—No manches. —Pato soltó una carcajada—. El témpano se derritió. Esto tengo que verlo. ¿Quién es? ¿Dónde la conozco? Si tú no me la presentas, yo la investigo. Ya sabes que soy bueno para eso.

—Ni se te ocurra. —No levantó la voz. No hizo falta. Pato levantó las dos manos, rindiéndose entre risas.

Abajo, Camila se disculpó para ir al baño. Cruzaba el pasillo estrecho que llevaba a los sanitarios cuando un tipo con la corbata al revés y los ojos vidriosos le cerró el paso.

—Ay, mamacita, ¿y ese milagro? —Se le pegó, apestando a mezcal—. ¿Sola? No puede ser que te dejen sola. Deja te invito algo, ándale, no seas...

—Tengo novio. —Le salió de un tirón, la fórmula de Fernanda, más rápida que el asco—. Ahí me está esperando. Con permiso.

Lo esquivó y se metió al pasillo. El borracho masculló algo y se fue tambaleando por donde vino. Camila respiró. Había funcionado, tal cual. Se lavó las manos, se miró un segundo al espejo y salió más tranquila.

No supo que, dos pasos atrás, bajando de la terraza en ese momento, Max había oído las dos palabras completas. Tengo novio.

Se cruzaron en la boca del pasillo. Los ojos de ella toparon con los de él y se abrieron de golpe; los de él no se movieron. Por un segundo eterno los dos fingieron, con una torpeza casi cómica, que no se conocían. Camila apuró el paso hacia su mesa. Max se quedó donde estaba, con las manos en los bolsillos, viéndola alejarse.

Novio. Así que era eso. No era que no quisiera responder por lo que había pasado entre ellos; era que ya tenía a quién responderle. La muchacha que había sido la primera con la que él estuvo en su vida, la que juraba y perjuraba que "para ella no había pasado nada", se guardaba para otro. Algo frío y filoso se le acomodó en el pecho, un sentimiento que no supo nombrar porque nunca antes lo había tenido, y por eso mismo no lo reconoció como celos.

Fue Camila, sin saberlo, la que le puso el hilo en la mano.

De regreso en su mesa, mientras Fernanda pedía la cuenta, a Camila se le ocurrió que quizás no era tan mala idea zanjar de una vez el asunto de la "responsabilidad". Si mantenía el trato en algo civilizado, un número guardado, un mensaje ocasional para decirle que estaba bien y que no le debía nada, a lo mejor el hombre se daba por satisfecho y la dejaba en paz. Cuando salían, él estaba junto a la puerta, esperando su coche, como si lo hubiera adivinado.

—Ya que insiste tanto en lo de la responsabilidad —le dijo ella, muy digna, sacando el celular—, mejor le doy mi WhatsApp. Así le aviso que estoy bien y todos tranquilos. Pero que quede claro que es solo para eso.

Max tomó el teléfono de ella sin decir nada, agregó su número y le mandó un mensaje al suyo para tenerlo. Alcanzó a ver, en la esquina de la pantalla, la foto de perfil de ella: un conejito de caricatura, blanco, de orejas caídas. Le pareció ridículo, y sin embargo se le quedó grabado.

—Listo —dijo Camila, guardando el teléfono, satisfecha de haber recuperado el control de algo—. Que le vaya bien, señor.

Se fue con Fernanda calle abajo, del brazo, riéndose de algo. Max las vio desaparecer en la esquina. Pato, que había bajado detrás de él, se paró a su lado y siguió su mirada.

—Con que era esa —dijo, silbando bajito—. Ya entendí. ¿Y el problema cuál es?

—Dice que tiene novio.

Pato se rió. Max no. Guardó el teléfono con la foto del conejito en el bolsillo del saco y, sin una gota de gracia en la voz, dijo lo único que llevaba pensando desde el pasillo.

—A ese novio lo quiero conocer.

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Mile
El migajero 😩😩😩😩 Mijo va a joder a otro lado, Max lo va enterrar vivo 😩😩😩
Mile
Está de manicomio Alessandra 😳😳😳😩
Mile
Aish! pero que mujer tan 🤬🤬🤬🤬🤬
Mile
Alessandra mija quédese tranquila porque Max es medio loquito y la próxima le pasa el Bentley por encima 😳😳😳 Sofía que horrible mujer eres, sigues prefiriendo a una hija que nada tiene que ver contigo que a la hija que pariste... desgraciada 🤬🤬🤬🤬
Mile
🥰🥰🥰🥰😭😭😭😭🥰🥰🥰🥹🥹🥹
Mile
No siento lastima por Sofía... Ella prefirió un hombre con dinero que a su hija, por mi que le sigan robando por Maluca 😐😐😐
Mile
😭😭😭😭😭😭 Max eres el mejor 😭😭😭😭🥰🥰🥰
Mile
Chanfle 😳😳😳😳 Le dieron hasta con la silla 😳😳😳
Mile
Que mujer tan ridícula 😩😩😩😩
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 me duele la barriga de tanto reírme...
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 cosas que pasan 🤣🤣🤣🤣
Mile
Noooooo... Camila 😭😭😭😭
Mile
Tan lindo Max 🥰🥰🥰🥰
Mile
Tía desgraciada 🤬🤬🤬🤬
Mile
Se juntó el hambre con las ganas de comer 😩😩😩 otra víbora venenosa 🤬🤬🤬
Mile
🤬🤬🤬🤬🤬🤬 Bruja migajera 🤬🤬🤬
Mile
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 sin miedo al éxito 😜😜😜😜🥰🥰🥰
Mile
Detalles 🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰🥰
Mile
Me cae bien la comadre 😜😜😜
Mile
🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
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