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Sr. Belmont: El CEO Viudo

Sr. Belmont: El CEO Viudo

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:305.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosi araujo

Pedro Belmont lo perdió todo y juró no volver a sentir nada. Como el implacable CEO de Belmont Enterprises, gobierna con puño de hierro y aleja a todo el mundo con su mirada de acero. Para él, el duelo se convirtió en una armadura y la arrogancia, su única compañía.

Hasta que Ester Safra entra en su oficina. Estudiante de administración nocturna y un huracán de energía durante el día, su nueva secretaria es todo lo contrario a lo que ha conocido. Alegre, audaz y dueña de una sonrisa que él no logra borrar, es la única que no teme sus enfados y lo desafía con cada café que sirve.

Pedro quiere despedirla para mantener su control. Pero, por primera vez en su vida, la necesita para no perderse en su propia oscuridad. En un juego de poder, resistencia y una atracción imposible de ignorar, ¿quién cederá primero?

«Él sobrevivió a las cenizas, pero ella es el fuego que puede hacerlo arder de nuevo.»

NovelToon tiene autorización de Rosi araujo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

A las cuatro de la mañana, el silencio en la casa de los Safra fue interrumpido no por el peso de la obligación, sino por el toque suave de una melodía turca que Ester había elegido para despertar sus sentidos.

No se permitió el lujo de la vacilación. Sus pies tocaron el suelo frío con la firmeza de quien tiene un propósito.

El baño fue un despertar sensorial. El agua caliente relajaba los músculos aún tensos por el día anterior, mientras el jabón de aceite de oliva y laurel, una tradición de su familia, disipaba las últimas brumas del sueño.

Ester cerró los ojos bajo la regadera, visualizando la sede de Belmont Enterprise. Sabía que Pedro estaría ahí, envuelto en su armadura gris, esperando que ella llegara con los hombros caídos.

Ester— Hoy no, Sr. Belmont

susurró, sintiendo la determinación hervir en su pecho. Al salir del baño, se dirigió al armario.

No quería solo vestirse; quería armarse de alegría. Eligió una falda lápiz de un azul cobalto profundo que abrazaba sus curvas con elegancia y terminaba justo debajo de la rodilla, con una abertura discreta pero audaz en la parte de atrás.

Para contrastar, una blusa de seda en tono coral vivo, con cuello de lazo, que aportaba luminosidad a su rostro.

Se sentó frente al espejo y comenzó a trenzar su cabello. Esta vez optó por una trenza de raíz compleja que terminaba en un chongo bajo, dejando la nuca libre y el perfil nítido.

El maquillaje era ligero, pero estratégico: un delineado de gato clásico y un labial color durazno que realzaba su sonrisa persistente.

Por último, los zapatos. Eligió sus tacones finos y altos, en un tono azul oscuro, que alargaban su postura y conferían a cada paso un sonido de autoridad y gracia.

Se miró en el espejo y vio a una mujer que no permitía que el dolor de otro hombre definiera su propia luz.

Al bajar a la cocina, Ester encontró a Leyla ya levantada. El aroma de pan recién horneado y simit (pan turco con ajonjolí) recién salido del horno llenaba el ambiente. Su madre estaba junto a la estufa, preparando el té tradicional.

Leyla— Buenos días, mi joya

dijo Leyla, acercándose para darle un beso en la frente.

Leyla— Pareces una pintura esta mañana.

Ester— ¡Buenos días, Anne!

respondió Ester, con el brillo de vuelta en sus ojos.

Ester— Necesito energía. El día de hoy será largo en la sede de la empresa.

Mientras Ester tomaba su café con prisa pero con gusto, saboreando las aceitunas y el queso blanco, Leyla le puso la mano en el hombro, un recordatorio gentil de la realidad fuera del imperio Belmont.

Leyla— No te olvides, Ester. Tus clases de administración regresan hoy en la noche en la universidad. Prometiste que no dejarías que el trabajo se tragara tus estudios.

Ester se detuvo un segundo, la taza de té a medio camino de la boca. Las clases. La carrera que era su pasión y su promesa de futuro.

Ester— No lo olvidé, mamá. Saldré de la empresa directo a la facultad. El Sr. Belmont puede exigir mi tiempo, pero no tendrá mi futuro.

Leyla le entregó el termo de acero inoxidable, ahora lleno de un café fuerte y aromático, y una pequeña bolsa térmica con un refrigerio ligero.

Leyla— Ve con Dios, hija mía. Demuéstrale que la dignidad de un Safra no se quiebra con platos en el suelo.

A las cinco y diez, Ester ya cruzaba las avenidas desiertas de Estambul en su pequeño auto.

El cielo comenzaba a teñirse de violeta y rosa. Cuando llegó al imponente edificio de cristal de Belmont Enterprise, el guardia de seguridad la reconoció de inmediato.

Guardia— ¿Señorita Safra? ¿Tan temprano? El Sr. Belmont llegó hace veinte minutos. Parece... impaciente

comentó el guardia. Ester solo sonrió y agradeció. Subió por el elevador privado, sintiendo el frío en el estómago que precede a las grandes confrontaciones.

Cuando las puertas se abrieron en el piso de la presidencia, a las cinco y veinte de la mañana, encontró el ambiente exactamente como Pedro lo había dejado: sumergido en una penumbra gris y silenciosa.

Caminó por la alfombra, el sonido de sus tacones finos resonando como un metrónomo de confianza.

Pedro estaba sentado en su oficina, la puerta abierta, su silueta enmarcada por la luz azulada de las pantallas.

Estaba inmóvil, como si formara parte del mobiliario caro. Ester se detuvo en el umbral.

No esperó a que él la notara. Tomó la iniciativa, su voz llenando el espacio vacío con una vibración que Pedro no esperaba encontrar tan temprano.

Ester— ¡Buenos días, Sr. Belmont!

dijo, con una energía que parecía imposible para alguien que había dormido tan poco.

Ester— Veo que a usted también le gusta ganarle al sol.

Pedro levantó la cabeza bruscamente. Esperaba ver cansancio. Esperaba ver a la Ester de ayer, cabizbaja y silenciosa tras la humillación del dulce destrozado.

Pero lo que vio fue una explosión de colores. La falda azul, la blusa coral y, sobre todo, aquella sonrisa desafiante y luminosa.

Miró el reloj en la pared: cinco y veintiuno. Había llegado cuarenta minutos antes de la hora estipulada.

Pedro— Llegó temprano, señorita Safra

dijo, con voz seca, intentando ocultar la sorpresa que le causaba verla tan vibrante e impecable.

Ester— En mi familia, quien llega a la hora ya va tarde

respondió ella, entrando en la oficina sin pedir permiso y colocando su termo sobre el escritorio auxiliar, junto a las pilas de documentos.

Ester— Y como hoy es mi regreso a clases en la universidad por la noche, decidí que seremos doblemente eficientes para que todo esté perfecto antes de que me vaya.

Pedro se paralizó. La mención de las clases y la energía de Ester le parecían una afrenta a su propio estancamiento emocional.

La observó mientras ella comenzaba a organizar los papeles con una agilidad coreografiada, la abertura de su falda revelando un movimiento grácil mientras se desplazaba por la oficina.

Pedro— Las clases no son excusa para bajar el ritmo

siseó, volviendo la mirada al monitor e intentando ignorar el perfume de jazmín que ahora luchaba contra el olor a aire acondicionado estéril de la sala.

Ester— No lo serán, señor. Al contrario. Estar en contacto con nuevas teorías me deja aún más afilada

respondió ella, sentándose y abriendo su laptop.

Ester— Ahora, ¿quiere comenzar por la auditoría de hardware o prefiere que le presente las gráficas de productividad que preparé en la madrugada?

Pedro no respondió de inmediato. Sentía el calor de su presencia irradiar por la oficina, quebrando la frialdad que tanto había luchado por mantener desde las cuatro de la mañana.

Advirtió, con una irritación creciente, que no importaba cuánto intentara ser el "CEO de Hielo", Ester Safra siempre traería el verano consigo.

Y ahí, a las cinco y media de la mañana, en la cima de un rascacielos en Estambul, la jornada de trabajo comenzaba.

Pedro enfocado en sus sombras, y Ester, con su falda lápiz y sus tacones altos, lista para demostrar que la luz siempre encuentra una rendija por donde entrar.

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dulceangel derondon
pedro cálmate. pareces un pulpo.. te estas desquitando sexualmente con la pobre Ester😂🤣 Ester aguanta que tu puedes. eres nuestra heroína 👏
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Hermosa historia , es una enseñanza de como dos culturas pueden entrelazarse y derribar muros en nombre del amor
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Que lindo pedro. una tradición muy hermosa ❤️
dulceangel derondon
no ester sino te lo comes tu. me voy a comer a pedro en mis sueños..🤣
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Estoy enamorada de esta hermosa historia .y de sus dos personajes principales 😍
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Este hombre o puede ser más tolerante con las costumbres y tradiciones de Ester .Otro no tomará La iniciativa de hacer todo segun la cultura de la prometida en este caso Ester
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Ester y sus gustos por las plantas 🤣🤣🤣
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Asi es Ester. Se desquita contigo que eres su polo a tierra, su mano derecha y luego quiere solucionar todo con un lo siento . A la próxima que no te importe el profesionalismo
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Hermosa historia y el capítulo mucho mejor
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Ufff que rico .Así es mejor cuando se entregue por fin a el va sublime 🫦🔥🥵
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Veamos la cara de las 🐕 envidiosas de empresa cuando le vean el anillo de compromiso
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Claro que si mi amor .Pensé mal de Beatriz pero resultó todo un amor,
si entendí Bien Olivia no podía conseguir por eso no tuvieron hijos y otro detalle, por que Beatriz no le entregó ese anillo de compromiso a Pedro en su primer matrimonio?? que no se está contando de Olivia que no fue digna de lucir una joya familiar??
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Ojalá y ese mes pase volando para que vuelvan a estambul como novios y oficialmente
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Como no se va alegrar Béatriz de volver a ver su hijo feliz viviendo como no lo hacía más de un año ' saliendo de la oscuridad, eso para una madre no tiene precio
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Deben luchar juntos .El amor vence ante todo ve todos se aman que es lo importante, esta bien que haga los arreglos que debe hacer con su familia y con la familia de la difunta para que todo quede claro y nadie se atreva a juzgarla ya pasó más de un año es hora que reaga su vida
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Tal vez si fue doloroso para el ver a la ex suegra en ese estado en el que esta .Por lo que entendí debe estar medicada siempre, pero debe llamar al esposo que la cuide , que este pendiente de ella y no la deje estar armandole escándalos como si la hija estuviera viva y le estuviera siendo infiel, si perdió la cordura que le busque ayuda profesional.
Me dio gusto que Ester no se dejó de ella y que el la puso en su lugar pero para la próxima debe ser de inmediato que Ester vea y sienta que esta por encima de todos
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Esa señora esta de manicomio la hija esta muerta y se entiende que su duelo durara toda la vida, pero el esta vivo y debe seguir adelante.
me decepcionaste Pedro debiste darle el lugar que Ester se merece delante de todos ,no quedarte con la boca llena de dientes ni un estúpido
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Bien hecho .El amor propio ante todo y el respeto debe ser mutuo si se deja de el , los demás querrán hacer lo mismo
Adelaida Esther Mejia Rodriguez
Si siguen así esa virginidad va quedar en el penjáus de Brasil .Hasta que sea su prometida no su esposa.
Ya sabes Ester
Delcy Arteaga
Quiero expresar a mi querida escritora,la inmensa felicidad que ésta novela me entregó en cada capítulo , fue como una hermosa melodía llena de amor, pasión, contrastes de la vida, ilusiones y por sobretodo el compás exacto de un sonido que emociona y da alegría y ganas que siga, en este caso... leyendo.
Fue emocionante desde el principio y su esencia, la mistura de su contenido hizo vibrar corazones de emoción. Infinitas gracias por escribir tan bello y profundo.
Muchas bendiciones desde mi corazón.
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