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Casada con el Prometido de mi Hermana

Casada con el Prometido de mi Hermana

Status: Terminada
Genre:La mimada del jefe / Romance / CEO / Matrimonio contratado / Casada con el millonario / Completas
Popularitas:717.4k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Bella

Ximena Robles nunca debió terminar vestida de novia.

Esa boda era de su hermana. Ese hombre también.

Pero cuando Lorena desapareció antes de la ceremonia, la familia Robles no tuvo otra salida: Ximena ocupó su lugar y se casó con Dante Montalvo, el hombre más poderoso, frío y peligroso de la ciudad.

Dante era mayor que ella, demasiado serio, demasiado seguro de sí mismo. Un hombre acostumbrado a mandar, a controlar cada espacio que pisaba… y ahora también su matrimonio.

Ximena quiso convencerse de que solo era un acuerdo. Que podía dormir bajo el mismo techo, llevar su apellido y seguir siendo inmune a él.

Pero Dante no era un esposo fácil de ignorar.

Sus manos, su voz baja, su forma de mirarla como si ya supiera todo lo que ella intentaba esconder, empezaron a romperle la calma. Entre celos, secretos familiares y una atracción que ninguno de los dos podía apagar, Ximena descubrió que ocupar el lugar de su hermana era mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Porque Dante no la eligió al principio.

Pero una vez que la tuvo como esposa, tampoco pensaba dejarla ir.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2

Apenas Dante encendió el auto, alguien se atravesó frente a nosotros.

El frenón me lanzó hacia adelante.

—¡Dios! —solté, llevándome una mano al pecho.

Cuando levanté la vista, vi a Lorena.

Mi hermana estaba parada frente al coche, pálida, con el cabello revuelto y los ojos hinchados de tanto llorar. Parecía a punto de romperse.

Miré a Dante.

Su expresión se congeló.

—Lorena, ¿qué demonios haces? —dijo, bajando la ventana—. ¿Quieres que te atropellen?

Ella se acercó como si sólo existiera él.

—Dante, por favor. Baja. Necesito hablar contigo a solas.

—Puedes hablar aquí.

Lorena me miró.

—Ximena, baja un momento. Quiero hablar con tu cuñado.

Ya estaba quitándome el cinturón cuando Dante me sujetó la mano.

Firme.

No me miró a mí. Miró a Lorena.

—Ubícate. Mi esposa es Ximena. Tu hermana. Lo que tengas que decir, lo dices frente a ella.

Se me atoró el corazón.

Mi esposa.

Me apreté los dedos sobre el cinturón. La palabra me cayó en el pecho, pesada y caliente.

Lorena se puso roja de los ojos.

—¿Ya la reconoces como tu esposa? ¿Y yo qué fui?

—Mi ex prometida.

—¡No! No me digas eso. Tú me amas, ¿verdad? Te casaste con ella para castigarme. Pero yo no quería hacerte daño. Él me amenazó. Me obligó...

Dante no cambió la cara.

—Si te amenazó, ¿por qué no denunciaste?

—Porque iba a arruinar la boda.

—¿La boda o tu reputación?

Lorena se quedó callada.

Yo también.

No había visto el video. Ni quería verlo. Pero las palabras de Dante me dejaron claro que mi hermana no era tan víctima como decía.

—Aunque te creyera —continuó él—, en ese video no parecías sufrir.

Lorena se puso blanca.

Yo bajé la mirada. Qué incomodidad. Qué horror estar ahí.

—Dante —susurró ella—. ¿De verdad ya no hay ninguna posibilidad?

—Ninguna.

Arrancó el auto sin darle más espacio.

El silencio que quedó adentro era rarísimo.

Yo jugué con el cinturón.

—¿No quieres preguntar algo? —dijo él.

—¿Sobre qué?

—Sobre lo que acaba de pasar.

—No sé si sea asunto mío.

—Eres mi esposa. Es asunto tuyo saber que entre Lorena y yo no hay nada.

Lo miré, sorprendida.

Lo dijo sin adornos. La voz baja, la mirada al frente, una mano firme sobre el volante. Yo me quedé viendo su perfil más tiempo del necesario.

No necesitaba explicarme. Yo no lo amaba. Apenas estábamos aprendiendo a respirar en la misma habitación. Pero aun así lo hizo.

—Está bien —dije.

—Bien.

—Ajá.

Otra vez silencio.

Media hora después llegamos a la casa donde viviríamos.

No era una casa. Era una residencia de tres pisos en una zona carísima de Las Lomas, con jardín, fuente pequeña y seguridad privada. El tipo de lugar que mi familia jamás habría podido comprar, aunque vendiera medio apellido.

Dante abrió la puerta.

—La clave es 336699. Si la olvidas, usa esto.

Me dio una llave.

Guardé la llave en el puño. Todavía estaba tibia por sus dedos.

Entré detrás de él. Todo era nuevo, limpio, elegante. También frío.

—Compré esta casa hace dos años —explicó—. Casi no vengo.

Me enseñó la sala, el comedor, la cocina, los cuartos, el gimnasio, el estudio y la terraza con alberca.

—¿Viviremos solos?

—Por ahora sí. No me gusta tener gente viviendo dentro. Doña Rosa viene a cocinar y a limpiar.

En el segundo piso abrió una recámara sobria, casi toda gris, blanca y negra.

—Este es mi cuarto.

—¿Y el mío?

—Somos esposos. Dormimos juntos.

Miré la cama enorme.

Claro.

Qué fácil lo decía él.

De pronto me tendió una tarjeta negra.

—La casa está llena de mis cosas. No sabía qué te gustaba. Usa esto para comprar lo que necesites. Tiene cincuenta millones de pesos para este mes.

Parpadeé.

—¿Cincuenta millones? ¿Para mí?

—Sí.

—¿Y si gasto mucho?

—Gasta. Tengo dinero para que gastes.

No pude evitar sonreír.

—Entonces... gracias.

—La clave son ocho ochos.

Tomé la tarjeta como si quemara.

Dante me tocó la cabeza.

Me quedé tiesa.

Él me acarició el cabello una vez, como comprobando algo, y retiró la mano.

—Voy al estudio. Revisa la casa.

Cuando se fue, cerré la puerta de la recámara y saqué todos los sobres del bolso.

Adentro no había billetes.

Había cheques.

De millones.

Algunos de decenas de millones.

Me quedé sentada en la cama, con la boca abierta.

En un solo día mi valor había subido más que en toda mi vida.

Tal vez no era la novia que debió estar ahí.

Pero también fui la sacrificada.

Así que guardé los cheques con la conciencia bastante tranquila.

Daños emocionales, les dicen.

Guardé los cheques como si fueran evidencia de un crimen hermoso.

Después empecé a revisar la recámara de Dante.

Casi no había rastros de mujer. Sólo unas pantuflas rosas con etiqueta, nuevas, justo de mi talla.

—¿Cómo sabe hasta mi número de zapato? —murmuré.

Luego recordé la ropa interior de la mañana y preferí no pensar demasiado.

Abrí el vestidor. La ropa de Dante estaba ordenada por tonos: negro, blanco, gris. Qué hombre tan aburridamente caro.

Pero al otro lado había vestidos nuevos. Varios. También pijamas.

Pijamas de tirantes.

De encaje.

Demasiado delgadas.

Tomé una entre los dedos y sentí la cara caliente.

¿Esto lo había preparado él?

Con esa cara de estatua seria y esos gustos tan... peligrosos.

En los cajones encontré ropa interior para mí. Demasiado bien surtida. Luego, por accidente, abrí otro cajón y vi ropa interior masculina.

Lo cerré de golpe.

No vi mucho.

Pero lo suficiente para que mi mente empezara a portarse fatal.

—No, Ximena. Basta.

Me fui al baño. Ahí todo estaba por pares: toallas, cepillos, vasos, shampoo, jabón. Toqué el segundo cepillo y lo solté de inmediato, como si quemara.

Llamé a Sofía.

—¿Libre para ir de compras?

—Para ti siempre, señora millonaria. Y felicidades por tu boda, por cierto.

Me arreglé para salir. En el pasillo me encontré a Dante.

—¿A dónde vas?

—A comprar unas cosas con Sofía. Y... gracias por lo que prepararon en el cuarto.

—No lo preparé yo. Fue mi mamá.

Se me cayó la cara.

Claro. Obvio. ¿Por qué Dante iba a comprarme encaje y bras?

—Ah. Bueno. Gracias igual. Dile a tu mamá que...

—También es tu mamá —me corrigió.

—Sí. Eso. Nuestra mamá.

Quise desaparecer.

—¿Necesitas chofer?

—Sé manejar. ¿Me prestas tu coche?

—¿Cuál?

—El Bentley.

Me dio la llave sin discutir.

—Ten cuidado.

Ya iba a bajar cuando me llamó.

—Espera. No tienes mi número.

Cierto. Éramos esposos y ni WhatsApp teníamos.

Me dictó su número privado. Cuando fui a guardarlo, dudé con el nombre.

Dante.

Señor Montalvo.

Mi dedo traicionero escribió: Esposo.

Él lo vio.

Yo guardé el contacto antes de arrepentirme.

—Tú ya tienes mi número, ¿verdad?

—Sí. Si necesitas algo, llama directo.

Asentí y salí casi corriendo.

Sofía casi gritó al ver el Bentley.

—¡No manches! ¿Desde cuándo traes nave de señora de Las Lomas?

—Es de mi... esposo.

Todavía me costaba decirlo.

En el camino le conté lo de los cheques, la tarjeta, los regalos y Lorena atravesándose frente al coche.

—Amiga, te sacaste la lotería y el drama incluido —dijo.

—No sé si Dante se casó conmigo para castigarla.

—¿Y si sí? Qué feo.

—Pues ya estoy casada. Ni modo. Al menos no me ha tratado mal.

—Entonces gasta. Si te metieron al problema, mínimo que el problema pague bien.

—Además —agregó Sofía, bajando la voz como si estuviera contando un pecado—, ese hombre tiene cara de quitarte la ropa con una orden y luego comprarte media tienda sin despeinarse.

Le hice caso.

Compramos ropa, maquillaje, productos para el cuidado de la piel y cosas que yo jamás habría comprado sin mirar el precio tres veces.

Mientras tanto, Lorena volvió a casa hecha pedazos.

Beatriz la abrazó en el sillón, tratando de calmarla.

—Mamá, ¿cómo dejaron que Ximena se casara con Dante? Él era mío.

—Tu papá decidió...

—¡No me importa! Ximena no lo ama. Él tampoco la ama. Pídele que me ayude a recuperarlo.

Beatriz dudó, pero Lorena lloró más fuerte.

—Si no me ayudas, no quiero vivir.

—Está bien —cedió al fin—. Hablaré con ella cuando venga a comer a la casa después de la boda.

Esa tarde, Sofía y yo comimos en un restaurante.

De pronto me miró con ojos de chisme.

—A ver, señora Montalvo. Anoche fue tu noche de bodas. ¿Ya?

Casi me ahogué con el agua.

—No hables de eso aquí.

—Entonces dime bajito. ¿Ya pasó?

—No. Dormimos en la misma cama. Nada más.

—¿Nada más? Con ese hombre y tu cuerpo... ¿está vivo?

Me puse roja.

Recordé a Dante inclinado sobre mí, preguntando si quería hacerlo.

Esa voz baja. Esa calma. Esa forma de no tocarme de más y aun así hacerme sentir atrapada.

—Creo que vivo sí está.

—¿Cómo sabes si no comprobaste?

—Sofía.

—¿Qué? Pregunto por ciencia.

Le lancé una servilleta.

1
Andris Arias
jajajaj Ximena me hace reír enserio 🤣
Marta Calderón
reconoce que te mueres por él, todo cambiara en esa relación, ambos se sentirán más seguros
Yenireth Aular
la ameee❤️❤️
Betibel Barreto
esto se está poniendo interesante.
Cinthya Rosell
hsy no, otra vez con lo mismo, que alguien le explique a ximena que dante tiene sentimientos por ella y ella tan pero tan.../Determined/
Cinthya Rosell
ya me canso ximena , pobre dante dando todo por ella y ella bien cprtante y penosa
Books_00
Por fin, por fin se ve una emoción que no se siente tan forzada por parte de ella. Es algo muy bonito ver más emociones en Ximena que no sean solo vergüenza o inseguridad.
Maria Del Carmen Geronimo Suárez
/Smile/estuvo muy linda la novela
Katy Andreina Bravo
Aburrido y mucha monotonía aparte la protagonista parece gf
Llessica Ospina
hermoso
Edith G Lopez
Hermosa Novela 🥰
Andrea Mauricio
Me gusta mucho
Mirna Lobo
me hubiese gustado un capítulo sobre un embarazo ☹️😓
Mirna Lobo
me encantó felicidades escritora, al principio estaba un poco lenta por la actitud de ella, pero cuando avanzó estuvo muy buena, gracias 😊
Mirna Lobo
quién lo iba a decir tan serio pero tan fogoso 😜😍😍😍
Mirna Lobo
hahaha cochina te pusieron en tu sitio 🤣🤣🤣🤣
Mirna Lobo
espero que la ponga en su sitio a la resbalosa 😡😡
Nacho Cardozo
me encantó la novela 👌la sigo leyendo y comentando porque estuvo muy buenísima solo falto que si la embarazada de gemelos porque este si era muy apasionado 😍😍😈y me encantó 😍😍😈😈
Nacho Cardozo
me encantó excelente 👌 me fascinó de principio a fin si no comente fue por lo fascinante de su historia que quería seguir y seguir el próximo capitulo gracias por su novela excelente narración solo faltaron los bebés pero estuvo buenísima
Mirna Lobo
no puede ser tan mojigata por Dios, 😠 ponte pilas 😡😡😡
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