Valentina Buenavista está a punto de casarse con el amor de su vida cuando un hombre de su pasado lo destruye todo. Adrián Altamira —heredero de un imperio empresarial y su enemigo jurado desde la preparatoria— manda a destrozar la boda entera.
Pero eso es solo el principio.
Cuando la empresa de su padre queda al borde de la ruina, Valentina descubre que Adrián fue quien orquestó la caída. Y ahora le ofrece un trato imposible: casarse con él a cambio de salvar el Grupo Buenavista.
Atrapada entre la rabia y la desesperación, Valentina acepta. Lo que no esperaba era que vivir bajo el mismo techo que su peor enemigo despertara algo que no puede —ni quiere— controlar.
Adrián es arrogante, posesivo y exasperante. También es el único que la defiende cuando nadie más lo hace. A medida que las provocaciones se convierten en roces y los roces en besos que la dejan sin aliento, Valentina empieza a preguntarse si realmente lo odia... o si siempre lo ha sentido de otra manera.
Pero hay secretos mucho más oscuros detrás de este matrimonio. Emiliano, el hombre al que Valentina amó durante años, esconde un pasado manchado de sangre. Y la verdad, cuando salga a la luz, lo cambiará todo.
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Capítulo 15
La noche era gélida. Sin darse cuenta, Valentina, con los ojos cerrados, jaló hacia sí la cobija que cubría a Adrián.
Aquello lo despertó. Chasqueó la lengua, molesto, y tiró de la cobija para recuperarla.
Valentina no estaba dispuesta a ceder. Jaló con más fuerza, y así comenzó un tira y afloja entre los dos.
Adrián respiró hondo y se incorporó.
—En el armario hay muchas cobijas. Ve por otra; no tienes que quitarme la mía.
Valentina se negó a abrir los ojos. En cambio, se aferró a la cobija con todas sus fuerzas.
—Quiero esta. Tú ve por otra.
Adrián le respondió con sequedad:
—¿Te atreves a darme órdenes?
Valentina contestó sin inmutarse:
—Claro que me atrevo. ¿Por qué habría de tenerte miedo?
Adrián se rascó la cabeza con exasperación. Bajó de la cama y fue al armario a buscar otra cobija.
Pero cuando quiso volver a acostarse, se encontró con que Valentina dormía en forma de estrella: los brazos y las piernas abiertos de par en par, ocupando hasta el último centímetro del colchón. No le quedaba espacio.
Adrián tomó aire profundamente y se dijo:
Aguanta, Adrián. Puedes con esto. Todo es temporal.
Arrastrando los pies, se dirigió al sofá. Esa noche no le quedó más remedio que dormir allí.
Valentina, en realidad, estaba fingiendo. Sonrió victoriosa y pensó:
Esto es solo el comienzo. Voy a sacarte de quicio todos los días hasta que me dejes ir, Adrián.
...
A la mañana siguiente, en el comedor, Valentina se veía relajadísima tras haber dormido a pierna suelta. Adrián, en cambio, tenía el cuerpo molido, había dormido pésimo y no dejaba de bostezar.
Al ver a Adrián tan agotado, sus padres cruzaron miradas y sonrieron con complicidad. Seguramente anoche su hijo y su nuera habían disfrutado de una larga noche de bodas, dejando a Adrián extenuado.
—Parece que la fórmula que preparaste sí funcionó de maravilla —le susurró Bianca a su esposo.
Diego se limitó a sonreír con orgullo.
Sin embargo, Bianca se preocupó más por su nuera. Si Adrián estaba así de cansado, Valentina debía estar mucho peor.
Se apresuró a ofrecerle unas vitaminas.
—Toma, estas vitaminas son para ti.
Valentina, que estaba comiendo, frunció el ceño.
—¿Vitaminas para qué, ma?
—Para que te mantengas fuerte. Seguramente Adrián te dejó agotada anoche.
La respuesta de Bianca hizo que Adrián y Valentina casi se atragantaran al mismo tiempo.
Pero entonces a Valentina se le ocurrió una idea para fastidiar todavía más a Adrián. Fingió quejarse:
—Sí, hoy estoy muerta del cansancio, ma. Me duele todo el cuerpo.
Bianca se compadeció de su nuera.
—Dios mío, tienes que descansar mucho, Valentina querida.
Valentina alargó la mano hacia una naranja.
Bianca fulminó a Adrián con la mirada.
—Adrián, no tienes ni un poco de romanticismo. Pélale la naranja a Valentina, ¡ya!
Adrián no daba crédito. ¿Desde cuándo él le pelaba naranjas a alguien?
Pero al ver la mirada asesina de su madre, no tuvo más remedio que tomar una naranja y empezar a quitarle la cáscara.
Valentina no estaba satisfecha. Quería seguir molestándolo.
—Qué rico sería un chocolate caliente en una mañana tan fría como esta.
Bianca no perdió un segundo:
—Adrián, ve a prepararle un chocolate caliente a tu esposa. Tienes que aprender a ser un marido atento. No se trata de dejarlo todo en manos del servicio. Toma el ejemplo de tu padre.
—Ejem —Diego carraspeó, hinchando el pecho con evidente satisfacción.
Adrián le lanzó una mirada fulminante a Valentina. Estaba que echaba chispas. Al final, ¿de quién eran hijos sus padres, de él o de Valentina?
Refunfuñando por dentro, fue a la cocina a preparar el chocolate caliente.
Justo cuando volvía a sentarse, Valentina habló de nuevo:
—Ay, se me olvidó traer el celular. Seguro lo dejé en la habitación.
Bianca saltó al instante:
—Adrián va por él. Tú no te muevas, Valentina.
Adrián protestó:
—Puede ir después. Deja que...
Bianca le clavó la mirada.
Adrián era muy consciente de que su madre era una mujer realmente hermosa, que no le pedía nada a las más jóvenes. Pero cuando se enojaba, hasta el más temible de los fantasmas saldría corriendo. Así que no le quedó de otra más que obedecer.
Valentina apenas podía contener la risa. ¿Cuándo volvería a tener la oportunidad de ver a Adrián tan dócil? Le sacó la lengua a sus espaldas, burlándose.
Adrián solo pudo responderle con una mirada gélida. Por desgracia, no podía hacer nada con sus padres delante.
Entró al elevador mascullando para sus adentros:
Está bien, esta vez me ganaste. Pero a partir de mañana me la vas a pagar.