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Mi Don sin corazón Elegí luchar por ti

Mi Don sin corazón Elegí luchar por ti

Status: Terminada
Genre:Romance / Mujer poderosa / Mafia / Oficina / Reencuentro / Completas
Popularitas:361
Nilai: 5
nombre de autor: Vlaucia Campos

Ingrid tiene diecinueve años, nunca ha salido de su rancho en California y su mayor preocupación es ponerle moños a las vacas. Sueña con estudiar medicina, viajar por el mundo y ayudar a quien lo necesite. De casarse no sabe nada. De la mafia, menos.

Cuando Ares la elige como su esposa y se presenta en el rancho a llevársela, la familia de Ingrid no tiene opción: obedecer al Don o morir. En cuestión de horas, la chica del rancho se convierte en la esposa de un monstruo.

Pero Ingrid no es la niña frágil que todos esperaban. Detrás de su inocencia hay una inteligencia afilada, un humor que desarma y una valentía que ni ella sabía que tenía. Lo que nadie le dijo a Ares es que la mujer que eligió para ignorar sería la única capaz de destruir cada muro que construyó alrededor de su corazón.

Ella eligió luchar. No contra él, sino por él.

NovelToon tiene autorización de Vlaucia Campos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Consumando el matrimonio

Ingrid

¡Me jala con fuerza! Es que fuerza sí tiene. Pero no es para lastimarme; es diferente... Me da una sensación extraña.

Ares me sienta en la cama y empieza a besarme.

—Relájate, Ingrid, y siéntete privilegiada, porque lo que estoy haciendo contigo nunca lo hice por nadie. Estoy teniendo paciencia y dispuesto a ello —dijo Ares, besándola.

Ingrid

Se quita la camisa, el pantalón y se queda solo en calzoncillos. ¡Qué vergüenza! Qué hombre tan guapo... ¡No! ¡Es horrible! Mentira...

Ares me va besando y mi cuerpo empieza a tener reacciones inesperadas. ¡No! Cuerpo traidor, no hagas eso, no lo desees. Es malo, abominable, pero sus besos son buenos...

Ares

Se pone roja cuando me ve en calzoncillos. Eso es delicioso, intrigante y...

Para no haber besado nunca, besa bien... Me gustó el beso.

Claro que no tiene malicia; no sabe nada todavía. Empiezo a bajar los besos. Ella no sabe qué hacer y eso, lamentablemente, me fascina. No sé por qué, pero me vuelve loco saber que nunca fue tocada, ni siquiera besada...

Ingrid

Empieza a besarme el cuello y a bajar. Me muero de vergüenza; debo estar roja, o mejor dicho, ¡morada! Porque me quita el camisón y me mira de una manera que nadie me había mirado jamás. No sé explicarlo...

Regresa y llega a mis pechos. Qué vergüenza... Pero se siente muy bien. Los chupa e intercala apretándolos fuerte.

Me asusto un poco. Mi cuerpo tiene reacciones extrañas; estoy caliente, llena de deseo por un monstruo. Mi propio cuerpo me está traicionando... Y parece que él lo entiende, va con más calma y me siento más cómoda. Es más rico...

Ares

Vi que fui con demasiada prisa... No sé ser gentil, y con Ruth y Nancy ni lo necesito.

Ingrid es mi esposa. Qué clase de hombre sería si no pudiera darle placer a la futura madre de mis hijos. Puedo no tener sentimientos por ella, pero sé satisfacer a una mujer en la cama...

Voy con más calma. Está roja, con vergüenza, y eso me provoca más deseo, me fascina...

Aunque no tenga ese cuerpazo de mujer despampanante al que estoy acostumbrado, es bonita. Solo le harían falta más curvas...

Ingrid

Él continúa y con un dedo toca mi intimidad. Va moviéndolo despacito, acariciando mi clítoris. Apuesto a que es eso, porque ya leí sobre ello y dicen que deja a la mujer con mucho deseo, ganas de entregarse, y ya no puedo decir nada...

Ares

Decido ir con calma, acariciar su intimidad. Sé bien cómo volver loca a una mujer. Pensé en usar la lengua, pero podría asustarse... ¡Mierda! ¿Desde cuándo me importa eso?

Siento que está bien mojada y lista. Va a ser ahora... Me quito los calzoncillos. Ella se asusta, pero no dice nada. Nada... Tomo el condón; ella solo observa.

Ingrid

Se quita los calzoncillos. Me asusté y no pude disimularlo. ¡Rayos!

Se pone el condón y me quedo mirando. ¿Cabrá? Es grande... Vuelve a besarme, vuelve a acariciarme la intimidad, mete un dedo. Duele un poco, y ni quiero imaginar cuando meta al amigote...

—Voy a intentar ir con calma, esposa... —le dijo Ares al oído.

Ingrid

¡Desgraciado, se me erizó todita la piel! ¡Cuerpo traicionero! Y él sonríe; sabe lo que hizo. ¿Y yo? Todavía no sé nada...

Se posiciona y creí que me iba a morir, pero va con calma, poco a poco, y para mi sorpresa, no deja de besarme. Eso parece distraerme. Duele, pero me niego a decirlo, me niego a llorar y mucho menos a gritar... Toda mujer pasa por esto; no me voy a morir.

Ares

Intento ir con calma y lo logro. Ella no se queja, no llora, no gime de dolor; eso me deja más tranquilo... Me hundo en ella. Está apretadísima. Me quedo quieto, espero a que su cuerpo se acostumbre y poco a poco voy moviéndome...

Ingrid

Cuando me penetró totalmente, quería gritar, llorar, golpearlo... Pero él se queda quieto, no se mueve, y después de algunos segundos empieza lentamente a moverse. No es rico, duele, pero tampoco es tan horrible. Me está sorprendiendo. Aunque no hablamos, siento que está siendo lo más gentil que puede.

Ares

Difícilmente una mujer tiene un orgasmo la primera vez, ¡pero la mía sí tiene que tenerlo! Empiezo a estimularle el clítoris y sigo con movimientos lentos... Ella empieza a estremecerse. ¡Eso! Buena chica...

—Eso, deja que venga, Ingrid. Se llama orgasmo... Todo tiene su lado bueno... —dijo Ares.

Ingrid

No estaba entendiendo nada, pero él dice "deja que venga" y, no sé por qué, me relajo y siento espasmos por todo mi cuerpo. Esto es muy bueno... Muy bueno... Poco después él gime fuerte y entiendo lo que acaba de pasar...

Me mira, no dice nada, y yo tampoco. Solo se levanta y va al baño.

Me quedo acostada. Ahora siento ardor y un poco de dolor. No entiendo nada de hombres, pero creo que de pequeño Ares no tiene nada.

Al menos no fue bruto. Aunque podría haberse quedado conmigo... Por otro lado, no me lastimó ni dolió como imaginé que iba a doler.

Ares

Si dijera que fue increíble, estaría mintiendo. Es su primera vez y no tiene experiencia alguna.

Sin embargo, fue mejor de lo que esperaba. Sin mencionar que colaboró mucho conmigo. Besa bien, las manos suaves y no se queja. Ya sé: voy a compensarla por eso.

¡Qué mierda estoy haciendo!... Pero lo voy a hacer. Ya lo decidí.

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