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El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:183
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Después de que Lucas se fue al trabajo, la casa volvió a quedar envuelta en silencio. Astrid estaba sentada en la alfombra de la sala, acompañando a Ariana mientras jugaba con sus muñecos. La pequeña parecía entretenida dándole de comer a su conejo de peluche con una cuchara de juguete, balbuceando de vez en cuando en un idioma que solo ella entendía.

La atención de Astrid no estaba en el juego. Su mirada se perdía en el vacío mientras su mente daba vueltas sin parar. Se sentía profundamente agotada. No por las interminables tareas del hogar, sino por tener que seguir fingiendo que estaba bien cuando su corazón se desmoronaba poco a poco.

Su teléfono, que descansaba sobre la mesa, vibró de pronto. Astrid miró la pantalla. El nombre de Mateo apareció. Se quedó inmóvil unos instantes antes de contestar.

—¿Hola?

—Buenos días —la voz de Mateo sonaba cálida como de costumbre, y Astrid, sin darse cuenta, se enderezó un poco—. ¿Ya desayunaste?

Astrid se quedó callada. Esa pregunta tan simple le oprimió el pecho. Hacía muchísimo que nadie le preguntaba algo así. Lucas nunca lo hacía, mucho menos Marta, a quien ni le importaba. Y ella misma solía estar tan ocupada cuidando a los demás que se olvidaba de cuidarse.

—¿Astrid? —la voz de Mateo volvió a sonar.

Astrid reaccionó.

—Ya comí.

Al otro lado de la línea se oyó una risa breve.

—Estás mintiendo.

Astrid frunció el ceño.

—¿Por qué dices eso?

—Porque tu voz suena como la de alguien que no ha comido nada en toda la mañana.

La comisura de los labios de Astrid se elevó. Incluso dejó escapar una risa suave. No porque estuviera feliz, sino porque se sentía atendida. Una sensación que, se dio cuenta, llevaba mucho tiempo sin experimentar.

Mientras tanto, Ariana, al escuchar la voz que salía del teléfono, gateó para acercarse. La pequeña pegó su mejilla al brazo de Astrid y preguntó con inocencia:

—¿Quén es, mami?

Astrid le acarició el cabello a su hija, sonriendo.

—Un amigo de mamá.

Ariana asintió como si lo hubiera entendido y luego volvió a entretenerse con su conejo de peluche.

—Julio ya empezó a trabajar —dijo Mateo.

La sonrisa de Astrid se borró al instante. Su corazón latió un poco más rápido.

—¿Hay resultados?

—Todavía no mucho.

Astrid exhaló despacio. Por un lado, sentía alivio. Pero por otro, decepción.

Mateo parecía capaz de leerle el pensamiento.

—Sean cuales sean los resultados, tienes que estar preparada.

Astrid cerró los ojos un momento.

—Lo sé.

—Y hay algo más.

Astrid abrió los ojos.

—¿Qué?

—Quiero mostrarte algo.

Esa misma tarde, Astrid llegó a la oficina de Mateo con Ariana en brazos. El edificio de tres pisos aún estaba en plena renovación. Varios trabajadores iban y venían cargando materiales de construcción. El sonido de taladros y martillazos resonaba desde distintas esquinas.

Ariana, que nunca había visto un lugar así, abrió los ojos como platos. Su cabecita giraba de un lado a otro con entusiasmo.

—¡Guaaau...!

Astrid sonrió al ver la reacción de su hija. Al entrar al área principal del edificio, Mateo ya estaba ahí esperándolas. El hombre sonrió de inmediato al verlas.

—Gracias por venir.

Astrid asintió.

—¿Qué querías mostrarme?

Mateo no respondió de inmediato. En su lugar, tomó una carpeta grande de la mesa y se la entregó a Astrid.

—Mira esto.

Astrid la abrió. Sus ojos se agrandaron al instante. Adentro había varios planos de diseño interior de un restaurante lujoso. Los fue leyendo uno por uno con detenimiento. Cuanto más avanzaba, más se le fruncía el ceño.

Mateo cruzó los brazos.

—¿Qué te parece?

Astrid pasó la última página y negó con suavidad.

—No está bien logrado.

Mateo arqueó las cejas.

—¿Por qué?

—La iluminación está mal.

—Continúa.

Astrid empezó a señalar varias secciones.

—El área de mesas está demasiado apretada. Con un restaurante tan concurrido, los clientes se sentirían sofocados.

Mateo asintió.

—¿Qué más?

—La circulación de los clientes también es deficiente. Los recorridos se cruzan entre sí.

Conforme hablaba, Astrid se fue sumergiendo cada vez más en sus explicaciones. Tomó un lápiz. Comenzó a trazar líneas y a borrar algunas partes. Añadió ideas nuevas. Sin darse cuenta, sus ojos, que durante tanto tiempo habían lucido apagados, poco a poco recuperaron su brillo.

Mateo la observaba en silencio. La comisura de sus labios se curvó hacia arriba.

—Por fin.

Astrid detuvo su mano y volteó a verlo.

—¿Qué?

Mateo señaló el boceto en el que estaba trabajando.

—Estoy viendo a la Astrid de antes.

Astrid se quedó inmóvil. Durante unos instantes, solo miró el dibujo que tenía delante.

Mateo habló de nuevo, en voz baja.

—Tienes mucho talento.

Astrid negó con la cabeza de inmediato.

—No es cierto.

—¿Por qué siempre te menosprecias?

La pregunta la dejó paralizada.

Mateo dio un paso hacia ella.

—Tu padre era arquitecto, ¿verdad?

Astrid bajó la mirada.

—Sí.

—Y tu madre era diseñadora de interiores. Todavía me acuerdo.

Astrid asintió despacio. Los ojos le empezaron a arder. Los recuerdos de sus padres siempre lograban hacerle temblar el corazón.

Mateo sonrió.

—Heredaste el talento de los dos.

Astrid no pudo decir nada. Porque hacía demasiado tiempo que nadie la miraba de esa forma.

Durante años, todos la habían conocido únicamente como la esposa de Lucas. Como ama de casa. Como la mujer que supuestamente no tenía logros.

Pero mucho antes de todo eso, Astrid había sido una mujer con sueños. Alguien que alguna vez poseyó muchísimas capacidades y esperanzas. Después de tanto tiempo, comenzaba a recordar quién era en realidad.

Esa tarde, Astrid regresó a casa con el corazón un poco más ligero. Sin embargo, la sensación no duró mucho. Al entrar a la sala, se encontró con que Marta ya estaba instalada con varias de sus amigas. Como si la casa también fuera suya.

—Ah, por fin apareces —el tono de Marta cambió el ambiente de inmediato.

Astrid respiró con calma antes de esbozar una sonrisa cortés.

—Buenas tardes, señora.

—¿Dónde te metiste?

—Tenía cosas que hacer.

Marta bufó con desdén.

—¿Qué cosas?

Una de sus amigas soltó una risita.

—A lo mejor fue al gimnasio. A hacer ejercicio para bajar de peso.

Varias se echaron a reír.

Antes, Astrid habría agachado la cabeza. Se habría hecho la que no escuchaba y se habría tragado todo el dolor en silencio. Pero ese día fue diferente. Astrid dejó su bolso sobre la mesa con serenidad. Luego las miró, una por una.

—Salí porque estoy trabajando.

Las risas que llenaban la sala se cortaron de golpe.

Marta frunció el ceño.

—¿Tú trabajas?

—Sí —respondió Astrid con brevedad.

—¿En qué? —preguntó Marta en tono burlón, con la mirada despectiva de siempre.

Astrid esbozó una sonrisa leve.

—En algo que me gusta.

Marta rio con más fuerza.

—¿Y quién te va a dar trabajo a ti?

El silencio volvió a apoderarse de la sala. Todas las miradas se clavaron en Astrid. Esperando su reacción.

Astrid permaneció de pie, tranquila. Su sonrisa ni siquiera desapareció.

—Pues mire, señora, no le va tan mal.

—¿Qué quieres decir?

Astrid miró a su suegra directamente a los ojos.

—Que al menos hay personas que valoran lo que soy capaz de hacer.

La sonrisa en el rostro de Marta se fue borrando lentamente. Dos de sus amigas comenzaron a intercambiar miradas.

Astrid continuó con voz suave.

—Porque resulta que no todo el mundo juzga a los demás solo por su apariencia.

La sala enmudeció. Marta se quedó petrificada. Por primera vez, la mujer realmente no tenía respuesta.

Astrid no gritó. No levantó la voz ni fue agresiva. Y precisamente por eso sus palabras cortaron mucho más hondo.

Lo que más irritó a Marta fue que Astrid lo dijo sonriendo. Normalmente, su nuera habría agachado la cabeza en silencio, sin atreverse a responder.

Después de eso, Astrid se dirigió a la habitación de Ariana para bañarla. El corazón le latía con fuerza, las manos le temblaban un poco, pero un sentimiento nuevo le llenaba el pecho. Se sentía increíblemente liviana. Porque por primera vez en años, no se había quedado callada cuando la menospreciaron. Ya no se dejó pisotear. Ni permitió que otros decidieran cuánto valía.

Sin que Astrid lo supiera, el primer paso hacia su renacimiento finalmente había comenzado de verdad.

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