Esta historia comienza con Daniela y Marcos.
Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.
Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.
Pero la verdad es otra.
Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.
Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.
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Capítulo 17 — Te prometí para siempre
Mi mamá sí había llamado a los tombos.
Cuando vi la patrulla llegar frente a la casa, sentí que el corazón se me iba a salir.
—No... mamá, por favor.
Los policías entraron y se acercaron directamente a Marcos.
Yo comencé a llorar.
—¡Mamá, por favor, no haga eso! ¡Piense en mí!
—Daniela, ya tomé mi decisión —respondió ella.
Uno de los policías le pidió a Marcos que pusiera las manos detrás de la espalda.
Yo me quedé paralizada.
Después le colocaron las esposas.
—¡No! —grité.
Marcos me miró.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
Nunca lo había visto llorar así.
—Yo lo amo, mamá —dije mientras lloraba—. ¡Y si usted cree que metiéndolo preso va a cambiar algo, está equivocada! ¡No va a cambiar nada!
Mi mamá no respondió.
Yo corrí hacia Marcos y lo abracé.
Como tenía las manos esposadas detrás de la espalda, no podía abrazarme.
Entonces lo agarré fuerte de la camisa.
—Te amo, mi vida —le dije entre lágrimas.
Marcos bajó la cabeza para mirarme.
—Yo también te amo.
Me acerqué y me dio un beso en los labios.
—No llores, por favor.
—¿Cómo querés que no llore?
Él intentó sonreír, aunque también estaba llorando.
—¿Te acordás de la última promesa que te hice?
Asentí.
—Sí.
—¿Cuál era?
Me limpié las lágrimas.
—Que siempre me ibas a amar.
—Exactamente, mi reina.
Me quedé mirándolo.
—Siempre te voy a amar, mi amor.
Marcos respiró profundo.
—Y cuando salga de los tombos, yo te voy a buscar. Te lo prometo.
—No sé...
—¿Qué pasa?
—Me prometiste que íbamos a estar juntos para siempre.
Él me miró fijamente.
—¿Cuándo te he roto una promesa?
Negué con la cabeza.
—Nunca.
—Entonces confiá en mí.
Lo agarré todavía más fuerte de la camisa.
—Tengo miedo.
—Yo también, pero vamos a salir de esto.
Uno de los policías se acercó.
—Señor, tenemos que irnos.
Sentí que me faltaba el aire.
—¡Espere!
Miré nuevamente a Marcos.
—No quiero que te vayas.
—Yo tampoco quiero irme.
—¿Y si no te dejan volver?
—Voy a volver.
—¿Me lo prometés?
—Te lo prometo.
Mis lágrimas no paraban.
Marcos bajó la mirada hacia mi vientre.
—Entonces cuidá mucho al bebé, ¿sí?
Me quedé callada unos segundos.
—Lo voy a cuidar.
—Y cuidate vos también.
—Te lo prometo.
El policía volvió a tomarlo del brazo para llevárselo.
Yo no quería soltarlo.
Seguía agarrada de su camisa con todas mis fuerzas.
—¡No!
—Dani, soltame.
—No quiero.
—Mi reina, tenés que hacerlo.
—¡No quiero soltarte!
El policía comenzó a separarnos.
Yo finalmente tuve que soltar su camisa.
Marcos empezó a caminar hacia la puerta.
—¡Marcos!
Él volteó.
—¡Te amo!
—¡Yo también te amo!
Lo vi alejarse.
Antes de salir, volvió a mirarme una última vez.
Yo estaba llorando en medio de la sala.
Él simplemente asintió, como queriéndome decir que cumplirá su promesa.
Después salió.
La puerta se cerró.
Me quedé completamente quieta.
Sentí que las piernas ya no me respondían y terminé sentándome en el suelo.
Me llevé una mano al vientre.
—Tu papá te ama —susurré.
Miré hacia la puerta por donde se habían llevado a Marcos.
—Y yo voy a esperarlo.
Porque él me había hecho una promesa.
Y yo confiaba en que algún día volvería.