Perdí cinco años de mi vida en una prisión de máxima seguridad, acusada de un crimen que jamás cometí. Me arrebataron mi libertad, mi nombre y mi futuro... pero no pudieron romperme. Hoy he vuelto. Aquellos que conspiraron para hundirme, que sonrieron mientras me juzgaban, pagarán cada día de mi encierro. No vengo a pedir justicia; vengo a cobrar la deuda. Me llamo Esther Vane, y su pesadilla acaba de comenzar.
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Capítulo XXIV El tiempo no se detiene
Punto de vista de Esther
Tres meses.
Noventa días habían transcurrido desde aquella mañana en la que firmamos la enmienda de Alberto Fernández en el bufete. El tiempo, que en la celda de prisión se arrastraba con una lentitud tortuosa, en la residencia Vane había adquirido un ritmo acelerado, impulsado por la gran cantidad de las citaciones judiciales y suspendido en una rutina doméstica que ninguno de los dos previó.
La residencia Vane ya no era el terreno hostil y frío de los primeros días. Se había convertido en un territorio de coexistencia, transformado por la fuerza de la costumbre y la convivencia cotidiana.
Erán las seis y media de la mañana. El sol apenas despuntaba sobre los jardines traseros cuando salí del vestidor luciendo un traje de corte impecable en tono azul marino. En el centro de la suite, la enorme cama matrimonial esa misma que al principio parecía una frontera insalvable estaba destendida de ambos lados.
Felipe estaba de pie frente al espejo de pared, intentando acomodarse el nudo de la corbata con cierta prisa mientras revisaba una tabla digital apoyada sobre la peinadora. Tenía el ceño fruncido, su gesto habitual cuando las actas de la fiscalía no cuadraban como él quería.
—El nudo te está quedando torcido —dije en voz baja, acercándome a él sin dudarlo.
Felipe detuvo el movimiento de sus manos y me miró a través del espejo. No hubo rigidez ni sobresalto. La cercanía física, que semanas atrás provocaba un aire sofocante entre nosotros, se había vuelto un lenguaje fluido, casi involuntario.
Se giró hacia mí despacio. Extendí las manos y tomé los extremos de la seda oscura, deshaciendo el nudo imperfecto para rehacerlo con destreza. Mis dedos rozaron la tela de su camisa y el calor firme de su cuello.
—La fiscalía confirmó la citación de Victoria para las diez —murmuró Felipe, manteniendo la vista fija en mi rostro mientras yo ajustaba la corbata—. Sus abogados intentaron presentar un recurso de salud para posponerla, pero el peritaje médico independiente que solicitamos desestimó el cuadro de estrés.
—Victoria no va a aguantar un interrogatorio de cuatro horas sin contradecir la versión de Gabriel —respondí, alisando el cuello de su camisa con una palmadita suave—. Ella busca salvarse a sí misma, no a los Linares. Lo vimos en el último escrito.
—Eres implacable analizando a la defensa, Sra. Vane —comentó Felipe, y en la comisura de sus labios se dibujó una pequeña sonrisa, franca y casi imperceptible, que tiempo atrás jamás me habría mostrado en la intimidad de la habitación.
—Aprendí del mejor —repliqué con una leve inclinación de cabeza, aunque sin perder la frialdad que protegía mi corazón.
Nos miramos durante un segundo largo. Un observador externo habría jurado que éramos el retrato perfecto de un matrimonio consolidado: la complicidad en los gestos, la coordinación en los horarios, el conocimiento exacto de cómo el otro tomaba el café o en qué momento necesitaba silencio. Pero debajo de esa superficie impecable, la línea que fijamos en el ascensor seguía ahí, invisible pero presente. No habíamos vuelto a besarnos. No habíamos cruzado el límite físico. Sin embargo, la brecha emocional se había acortado de una forma peligrosa.
Bajamos juntos la escalinata principal hacia el comedor. El aroma a café recién colado y tostadas llenaba el vestíbulo.
Al entrar, nos encontramos con Erika sentada a la mesa. Lucía un conjunto de blazer blanco, revisando su teléfono con una mano mientras con la otra sostenía una taza. A su lado, para sorpresa de nadie a estas alturas, descansaba un ramo enorme de orquídeas blancas con una tarjeta dorada.
—Buenos días a la pareja del año —saludó Erika sin levantar la vista del teléfono—. Si van a empezar a hablar de la causa penal contra los Linares antes del segundo café, me retiro a la terraza.
—Buenos días, Erika —sonreí levemente, tomando mi lugar habitual en la mesa. Ana se acercó de inmediato para servirme el café negro—. Veo que los "cortejos" de Marcos Maldonado siguen siendo bastante puntuales.
Erika dejó el teléfono sobre la mesa y rodó los ojos con una teatralidad estudiada, aunque no pudo ocultar el ligero rubor que apareció en sus mejillas.
—Ese hombre es un peligro público —dijo ella, tomando una de las orquídeas para olerla—. Anoche en la gala de la fundación del club, actuó tan bien el papel de prometido devoto que casi me lo creo yo misma. Le dijo al abuelo que estábamos considerando posponer la fecha de la boda para el próximo año porque mi marca de ropa necesita mi atención absoluta. El viejo casi se ahoga con el champán, pero no pudo decir nada porque Marcos acababa de asegurarle una participación en el nuevo fideicomiso de su firma.
Felipe soltó una risa baja mientras tomaba un sorbo de su taza.
—Maldonado resultó ser un aliado más hábil de lo que pensaba. Te dije que no lo subestimaras.
—Es un calculador insoportable —repuso Erika, aunque la chispa en sus ojos delataba algo que iba mucho más allá de una simple alianza táctica de conveniencia—. Pero debo admitir que tenerlo de mi lado ha hecho que las reuniones familiares sean infinitamente más tolerantes. Además, gracias a sus contactos, ayer logré traspasar la última cuenta de mi marca a la banca internacional. En pocos meses seré completamente independiente del abuelo.
—Nos alegra mucho, Erika —dije con sinceridad, cruzando una mirada rápida con Felipe—. La independencia vale cada minuto de estrategia.
—Lo sé —asintió Erika, mirándome a los ojos con una calidez genuina que se había construido a fuerza de convivir bajo el mismo techo durante estos tres meses—. Y ustedes dos... deberían tomarse un descanso este fin de semana. Han pasado semanas entre tribunales, peritos y la prensa acechando la entrada de la mansión. Parecen una maquinaria perfecta, pero hasta las máquinas se desgastan.
El comentario de Erika flotó en el aire del comedor. Felipe y yo nos miramos. La "maquinaria perfecta". Eso era en lo que nos habíamos convertido. Un equipo coordinado que funcionaba con la precisión de un reloj suizo. Nos cuidábamos las espaldas en los eventos públicos, repasábamos las pruebas por las noches en la suite y sosteníamos la casa con una armonía que sorprendía a los propios sirvientes.
Pero el calendario no se detenía. Todavía faltaban nueve meses para que se cumpliera el año impuesto por el contrato de Alberto Fernández. Nueve meses para que el divorcio fuera legalmente posible y la libertad prometida volviera a estar al alcance de mi mano.
—No hay tiempo para descansos, Erika —respondió Felipe, rompiendo el silencio con su voz grave mientras se ponía de pie y ajustaba el botón de su saco—. Hoy es un día crucial en la fiscalía.
Felipe caminó rodeando la mesa y se detuvo a mi lado. Extendió su mano y la apoyó suavemente sobre mi hombro. El contacto fue firme, cálido, transmitiéndome esa fuerza silenciosa que se había vuelto mi único refugio en medio de la tormenta.
—¿Lista, Esther? —preguntó mirándome a los ojos.
Me puse de pie, tomé mi bolso y el expediente de la peinadora, y le sostuve la mirada con la misma determinación del primer día.
—Lista —contesté.
Salimos juntos a la luz de la mañana. La dinámica familiar que habíamos construido en estos tres meses era nuestra mejor armadura, y estábamos a punto de asestar el golpe definitivo que destruiría a nuestros enemigos de una vez por todas.
no soporto esto
Llegan a la cabaña y lo primero que soltó Felipe fue a Melisa si algo está ocultando Esther es la atracción que siente y Felipe se dió cuenta y quiere enmendar su error veremos qué pasará allí y como saldrán.
Que astuto el viejo quiere tener ojos en la casa de Felipe y Esther como dijo Erika tienen química se atraen pero no lo reconocen 🤣😂🤣😂
y los e melissa tienes que pi er todo claro con ella Felipe si no quieres perder a Esther
por que que otra cosa
Si escarban el pasado encontrarán más pruebas de la que no imagina Felipe con la muerte de Melisa.
Veremos con que artimañas salen los Linares 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓