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Vendida Al Rey Dragón

Vendida Al Rey Dragón

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Dragones
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Isabela es vendida en matrimonio por su padre, al rey de los dragones, luego de qué su reino cayera en una profunda ruina. Su pueblo se moría de hambre y de frio, así que a la princesa del norte deberá elegir entre traicionar todo lo que conoce, o entregarse al hombre que la compró y salvar a su pueblo de la extinción.

Pero un veneno en su cuerpo, la hace perder completamente la vida y reencarnar en el cuerpo de una sirvienta de su propio palacio.

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Capítulo 17

El rey detuvo el movimiento a escasos milímetros, con los labios a punto de rozar los de ella, mientras el peso de su aliento cálido se mezclaba con el aire denso de la caverna. Los ojos ámbar de Malakor se clavaron en los suyos con un brillo de pura sorpresa antes de transformarse en una media sonrisa astuta y divertida.

—¿Un beso a regañadientes? —murmuró él con voz ronca, separándose apenas lo justo para mirarla de arriba abajo con una chispa de desafío en la mirada—. Creí que te estabas rindiendo ante el fuego, fiera del norte.

Isabela dio un paso atrás, recuperando el espacio con un movimiento altivo, y se cruzó de brazos, negándose a caer en su juego tan fácilmente.

—No te equivoques, Malakor. Sobrevivir a tus bestias no significa que me vaya a entregar en el primer rincón oscuro de una montaña —replicó ella con la barbilla en alto, dándole la espalda a la nidada humeante—. Si crees que vas a reclamar a tu reina como a un trofeo más de tus conquistas, vas a tener que esforzarte mucho más. Las reglas de este juego las marcamos los dos, ¿o es que el gran rey de Asgardia le teme a un poco de protocolo?

Malakor soltó una carcajada profunda que retumbó en las paredes de obsidiana, lejos de molestarse; su fascinación por ella parecía crecer con cada desplante.

—¿Protocolo en la horda? —respondió el rey con una sonrisa peligrosa, dando un paso lento hacia ella—. Aquí no negociamos con firuletes del sur, princesa.

—Pues vas a tener que aprender —lo cortó Isabela con una frialdad tajante, girándose para encararlo de nuevo—. Si se supone que soy tu reina ante tu pueblo, no me presentaras como una prisionera rescatada del hielo. Exijo una ceremonia. Una que esté a la altura de lo que significa unir dos reinos... y a la altura de mi orgullo.

El silencio se cernió sobre la cueva por un instante, pesado y eléctrico. Malakor la analizó en silencio, evaluando la audacia de sus exigencias. Nadie, en toda la historia sangrienta de Asgardia, se había atrevido a plantarle cara de esa manera en el corazón mismo del nido.

Lentamente, una sonrisa torcida y genuina se dibujó en los labios del rey.

—¿Una ceremonia? —repitió él con tono socarrón, dando un rodeo a su alrededor como un depredador analizando a su presa—. Quieres que todo el imperio te vea caminar hacia mí, ¿verdad? Quieres que la horda entera presuma el trofeo que no pudieron quemar. Muy bien. Si de tradiciones se trata, Asgardia tiene las suyas propias.

Malakor se detuvo frente a ella, inclinándose ligeramente hacia su oído para susurrarle con una aspereza que le recorrió la columna:

—Mañana, cuando caiga el sol, celebraremos la Danza de las Cenizas. Un baile de máscaras donde nadie es quien dice ser, y donde las reglas de la corte se queman bajo el fuego de las antorchas. Ahí veremos si tu hielo es capaz de resistir la noche más oscura de mi imperio, Isabela.

El rey se apartó, dejando que el calor de su cuerpo se desvaneciera lentamente del espacio entre ambos.

—Prepara tu mejor armadura, reina mía —añadió Malakor con una mirada cargada de promesa y advertencia, dándose la vuelta para comenzar el ascenso fuera de la caverna—. Porque en ese baile, la única máscara que me importará arrancar... será la tuya.

El gran salón de piedra volcánica de Asgardia había sido transformado para la noche. Las antorchas habituales fueron reemplazadas por cientos de braseros suspendidos que proyectaban una luz ámbar y danzante sobre los tapices oscuros. El aire estaba impregnado de un aroma pesado a incienso de sándalo y vino especiado, mientras los murmullos ahogados de la horda y la nobleza resonaban entre las columnas, todos ocultos tras intrincadas máscaras de metal, cuero y pedrería.

Isabela se contempló por última vez frente al gran espejo de obsidiana. No llevaba la túnica rígida de la prueba, sino un vestido de terciopelo negro y profundo que ceñía su cintura con precisión letal, con mangas abullonadas en gasa color vino y una falda pesada que arrastraba con elegancia gótica. Sobre su rostro descansaba una máscara de filigrana oscura, adornada con sutiles detalles que recordaban a escamas heladas, cubriendo sus facciones pero dejando al descubierto sus labios tensos y sus ojos oscuros, rebosantes de un orgullo indomable.

A pocos pasos de distancia, en el centro de la sala donde la música de cuerdas graves y tambores ceremoniales comenzaba a elevar su ritmo, Malakor la esperaba. El rey de los dragones vestía una casaca de cuero oscuro sin mangas, con runas grabadas en oro antiguo, y una máscara pesada de hierro y cuernos esculpidos que ocultaba la mitad superior de su rostro, dejando visibles únicamente su mandíbula marcada y sus ojos encendidos como brasas vivas.

Al verla descender por la escalinata principal, la multitud de guerreros y cortesanos pareció contener la respiración. Isabela caminaba con la espalda recta, midiendo cada paso con la frialdad de una reina que no venía a pedir permiso, sino a reclamar su territorio.

Malakor dio un paso al frente para interceptarla justo cuando ella ponía un pie en el suelo de la pista.

—Debo admitir que el negro te sienta mejor que el hielo, princesa —susurró el rey con voz ronca, inclinándose lo suficiente para que solo ella pudiera escucharle por encima del redoblar de los tambores—. Aunque esa máscara intenta ocultar el desafío, tus ojos te delatan.

Isabela alzó la barbilla, sosteniéndole la mirada a través de los orificios de su máscara, sin ceder ni un ápice ante la abrumadora presencia del monarca.

—Guarda tus halagos para cuando termine la noche, Malakor —respondió ella con una sonrisa afilada y contenida—. He venido a tu baile de máscaras tal como lo exigiste, pero no olvides que en este juego nadie es quien dice ser... y cualquiera puede clavar un puñal por la espalda.

Malakor soltó una carcajada baja y gutural, un sonido cargado de una peligrosa fascinación, y deslizó una mano firme sobre la curva de su cintura, atrayéndola con fuerza hacia su cuerpo al compás de la música que comenzaba a envolver el salón.

—Que lo intenten —murmuró él contra su oído, rozando con sus labios la línea de su máscara—. En este nido, el único fuego que va a consumir a quien se atreva a tocarte... seré yo.

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Dulce maria Canelon
hayyyy espero que no se la tome algo debe saber ella, algo le debió de transferir la dragona cuando la toco no o se digo yo
Flæka Caviedez
Ayyyyy que no se la tomé
Nena
Uf!!! De una se la soltó
Natalia Vasquez
tantas pruebas que le pone Malakor a Isabela😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏quieres una reina o es una competidora 😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
uppppps valla ese hombre va al punto 😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏.
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Natalia Vasquez
ambos son orgullosos y mandones😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
se quedó mamando la otra pendeja, toma pa que lleves 😂😂😂😂👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Yolanda Plazola Arroyo: jajajaja y si valla babosada pará que se entretenga 😂😂
total 1 replies
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