Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo:31
ISABELLA:
El resto de la tarde me la paso en preparación para el evento de esta noche y también comiendo varios bocadillos que me concienten las chicas que me están atendiendo para verme bella y fabulosa.
—Está hermosa señora Ossorio.
Dice la chica que terminó de darme los últimos retoques y sonrío agradecida mientras miro complacida como me ha dejado.
—Has hecho un buen trabajo, gracias.
Ella me sonríe de vuelta para luego recoger sus cosas y marcharse.
—Está hermosa señora Isabela, las chicas hicieron un buen trabajo con usted.
Dice Martha ingresando a la habitación con una sonrisa.
—Sí, a mí también me ha encantado como quedé.
Sonrío mirando cada detalle en el espejo.
—El señor me mandó por usted, dice que ya es hora de ir.
—Bien.
Doy un último vistazo al espejo para luego bajar por las escaleras como toda una emperatriz.
Observo como Román me observa desde abajo y una sonrisa cargada de deseo se forma en sus labios y antes de bajar el último escalón me tiende su mano.
—Mi reina, me has deslumbrado con tu belleza.
Susurra besando el dorso de mi mano como un príncipe y una sonrisa se forma en mis labios sin poder evitarlo mientras siento como un sonrojo sube por mis mejillas.
—Gracias.
Es lo único que digo cuando ya tengo sus labios sobre los míos con un ardiente y deseable beso.
—Me vas a dañar el maquillaje.
Le digo separándome un poco antes de dejarle un último beso.
—Eso es lo de menos, no te imaginas las ganas que tengo de arrancarte ese vestido y hacerte mía en cada rincón de la casa.
Su propuesta llama mi atención y relamo mis labios sintiendo como mi corazón comienza a latir con fuerza.
—Llama a tus abuelos y diles que no podremos ir.
Román se ríe y me toma de la cintura dejando un beso en mi cuello.
—Eso no será posible belleza, es hora de irnos.
Él entrelaza nuestros dedos y me lleva trás él mientras en mi cabeza no deja de sonar su propuesta.
(...)
Horas después estamos frente a una lujosa residencia que desprende lujo y elegancia.
—Wao.
Atino a decir mientras observo la entrada que está llena de reporteros, varias cámaras y flashes.
—¿Lista?
—Siempre.
Román es el primero en bajar y luego me extiende la mano el cual tomo sin problemas mientras sonrío para las cámaras.
Varios guardias nos rodean y hacen un círculo de protección hasta que llegamos a la puerta del gran salón.
Antes de entrar mi esposo rodea mi cintura y entramos a un enorme salón rodeado de personas que desbordan dinero hasta por los poros.
—Primero saludaremos a los abuelos, y luego al resto.
Me susurra y yo solo asiento dejando que me guíe.
Abrimos paso en medio de la multitud hasta llegar frente a dos señores mayores, que gritan dinero y elegancia.
—Abuelo, abuela.
Dice Román y los ojos de los señores se iluminan con felicidad.
—Mi muchacho, pensé que esta vez tampoco vendrías... Ven y dale un abrazo a esta anciana.
Dice la señora ignorando toda la rígida etiqueta del lugar para estrechar a Román en un abrazo lleno de genuino afecto.
Al separarse, sus ojos perspicaces y amables se posan en mí.
Esperaba una mirada fría, un escáner despectivo de la alta sociedad, pero lo que encuentro en sus ojos es una calidez que me descoloca por completo.
—Pero miren a quién tenemos aquí... Isabela, mi niña.
La abuela da un paso al frente y sin darme tiempo a reaccionar, me rodea en un abrazo suave que huele a lavanda y hogar.
Por instinto me quedo rígida un segundo, con el corazón dándome un vuelco ¿Dónde están los monstruos que venía dispuesta a aplastar?
—Abuela, abuela, cuidado con el heredero.
Bromea Román con voz baja rodeando mi cintura con orgullo.
El señor Ossorio, un hombre de setenta años de porte imponente y cabello blanco como la nieve, suelta una carcajada ronca y me toma de la mano con un respeto profundo.
—¡Un bisnieto! Cuándo lo supe, fue la mejor noticia que este viejo ha recibido en años... Isabela, estás radiante. Tu suegra Elisa ha estado sembrando rumores de que no te sentías bien, pero veo que tienes el brillo de una verdadera reina, qué alegría nos da ver que cuidas de nuestro muchacho.
Miro a Román de reojo completamente desarmada... La antigua Isabela los evitaba por timidez y miedo, pero yo... Yo venía armada para una guerra y me acaban de recibir con flores y siento una extraña punzada de culpa en el pecho; estas personas realmente tienen un corazón de oro.
—Muchas gracias abuelos.
Logro decir forzando una sonrisa que, por primera vez no es una máscara de frialdad.
—Es un honor estar aquí con ustedes.
—¡Vaya, pero qué hermosa escena familiar!
Una voz chillona y cargada de una falsa modestia que reconozco al instante, interrumpe el momento desde mis espaldas.
Me giro despacio y la calidez que acababa de sentir se evapora reemplazada por una corriente de hielo y rabia pura.
Caminando hacia el reservado donde estamos y luciendo joyas exageradas que gritan desesperación por atención, está mi madrastra, a su lado mi padre que avanza con su habitual aire de superioridad barata y un paso atrás, mi hermana, mi querida hermanita que me mira de arriba abajo con una envidia mal disimulada.
Mi "querida" familia biológica... Los mismos que vendieron a la antigua Isabela a los Osorio como mercancía para salvar sus propios negocios.
—Señores Osorio, un absoluto honor.
Dice mi padre inclinándose de manera lambiscona ante el patriarca Ossorio.
—Vinimos en cuanto supimos de la gala... No podíamos faltar al evento de los abuelos de nuestro querido yerno.
La vieja estirada de mi madrastra se acerca a mí con los brazos abiertos, fingiendo una emoción que me da náuseas.
—¡Isabela mi amor! Qué milagro que te dejas ver... Desde ese accidente te has olvidado de tu propia sangre y ahora que sabemos lo del bebé...
Mira mi vientre con una codicia económica que no puede ocultar.
—Bueno, vinimos a asegurarnos de que nuestra... De que nuestra hija esté recibiendo los cuidados que merece la familia de un Osorio.
Mi querida hermana se cruza de brazos mirando mi vestido verde esmeralda con desprecio.
—Un color muy llamativo para alguien que solía esconderse en los rincones de la casa ¿No crees hermanita? Espero que el dinero de Román te esté comprando un poco de clase también.
Siento cómo la mandíbula de Román se tensa a mi lado y sus dedos se clavan con fuerza protectora en mi cadera listo para hacer una señal a los guardias y destrozarlos socialmente con una sola orden, pero le pongo una mano en el pecho, deteniéndolo.
Ellos creen que siguen tratando con la Isabela débil y sumisa del pasado, pero no tienen idea de que esta fiera muerde.
—Clase es lo que te hace falta a ti para no husmear en los bolsillos de mi esposo hermanita.
Respondo con una voz tan gélida y afilada que mi hermana da un paso atrás impactada.
—Y en cuanto a ustedes...
Miro a mi padre y a mi madrastra con absoluta indiferencia.
— No recuerdo haberlos visto en la lista de invitados de honor... Esta es una gala benéfica de alto nivel, no un mercado de pulgas para hacer negocios.
El rostro de mi padre pasa de la arrogancia a una humillación roja en un segundo y los abuelos de Román observan la escena en silencio con una ceja levantada, visiblemente impresionados por mi repentina y aplastante autoridad.
—¿Problemas con la seguridad grandulón?
Esa voz femenina, vibrante y cargada de una diversión peligrosa, hace que Jhonatan, quien estaba parado un paso detrás de nosotros sosteniendo su teléfono, se ponga completamente pálido.
Me giro junto con Román y caminando hacia el reservado con paso firme está el señor García, el poderoso fabricante de armas con el que la empresa cerró trato ayer.
Pero mi atención se clava por completo en la mujer que lo acompaña.
Luce un espectacular vestido rojo fuego que contrasta de forma violenta con mi verde esmeralda.
Tiene una cascada de rizos castaños perfectos, ojos cafés claros que desbordan una audacia tremenda y una sonrisa traviesa que parece analizar cada rincón del salón.
Ella no mira a Román, no me mira a mí... Sus ojos están fijos en Jhonatan, quien parece estar rogándole a la tierra que se lo trague vivo mientras se acomoda el cuello de la camisa varias veces.
—Señor y señora Ossorio,buenas noches.
Saluda el señor García estrechando la mano de los abuelos.
—Esta vez les quiero presentar a mi hija y mano derecha en la compañía... Xiomara García.
—Un placer, señores.
Dice Xiomara con una elegancia felina, para luego pasear su mirada por nuestra tensa situación familiar y detenerse de nuevo en Jhonatan.
—Aunque veo que el ambiente aquí está un poco... sobrecalentado... Si necesitan sacar la basura de este reservado, yo conozco a un par de hombres de seguridad muy eficientes... ¿Verdad, Jhonatan?
Miro a la mujer de rojo, luego miro la cara de pánico de Jhonatan, y finalmente a Román, quien intenta disimular una sonrisa de pura diversión... No tengo idea de quién es esta Xiomara García, pero el juego de poder en este salón acaba de ponerse increíblemente interesante y esta mujer me encanta, creo que podemos a llegar a ser grandes amigas.