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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

EL BESO QUE NO DEBIÓ OCURRIR

El coche avanzaba por las calles oscuras, alejándose de la residencia familiar. El silencio en el interior pesaba, cargado de todo lo que no se habían atrevido a decir. Katherine miraba por la ventana, con la mano apretada sobre el regazo, sintiendo aún el calor de los dedos de Leonardo en su cintura, el roce de sus labios en la sien, la promesa oscura escondida en su mirada.

—Lo hiciste bien —dijo él de pronto, rompiendo el silencio. Su voz sonaba más grave, más tensa de lo habitual—. Demasiado bien.

Katherine giró hacia él. La luz tenue del tablero iluminaba su perfil, marcando la mandíbula rígida, los labios apretados.

—¿Te sorprende? —preguntó ella, con un dejo de desafío—. No soy tan débil como creen.

—Lo sé —respondió él, sin apartar la vista de la carretera—. Eso es lo que me preocupa. Porque cuando te miro… no veo solo a la chica que quiere venganza. Veo algo más. Algo que me llama demasiado.

El corazón le dio un vuelco.

—Leonardo…

—No hables —la interrumpió suavemente—. No digas nada que no podamos deshacer.

Pero las palabras ya no importaban. El aire entre ellos se había vuelto denso, irrespirable, lleno de chispas que amenazaban con prender fuego a todo. Cuando el coche se detuvo frente a la casa de ella, ninguno se movió de inmediato. El motor se apagó, y el silencio volvió a caer, más pesado que antes.

Leonardo giró hacia ella. Sus ojos oscuros la recorrieron despacio, desde los labios entreabiertos hasta el brillo en su mirada.

—Te llevo hasta la puerta —dijo, con voz ronca.

Bajaron juntos. El jardín estaba en sombras, solo iluminado por la luz tenue del porche. Caminaron despacio, paso a paso, como si ambos supieran que al llegar a la puerta algo cambiaría. Cuando se detuvieron frente a ella, ninguno se apartó. Estaban tan cerca que Katherine podía sentir el calor de su cuerpo, el aroma de su piel, la respiración entrecortada que él intentaba controlar.

—Aquí termina la noche —murmuró él, pero no se movió—. Mañana nos vemos.

—¿Eso quieres? —preguntó ella, sin saber de dónde sacaba el valor—. ¿Que termine?

Leonardo cerró los ojos un instante, como si luchara contra algo más fuerte que él. Cuando los abrió, la miraba con una intensidad que la hizo temblar.

—No —confesó, casi en un susurro—. No quiero. Pero sé que debería.

—¿Por qué? —dio un paso hacia él, sin apartar la vista—. ¿Por qué luchar contra esto? Todo es falso, ¿recuerdas? Podemos fingir un poco más.

Él soltó una risa amarga, baja y ronca.

—Katherine… si te beso ahora, ya no será actuación. No podré fingir que no te deseo. Y eso… eso nos destruirá a los dos.

—Bésame —susurró ella, con la voz temblorosa pero firme—. Bésame y veremos.

No esperó a que él respondiera. Se acercó, levantó la cara y sus labios se rozaron, apenas un instante, un roce suave, tentativo, que los dejó sin aire. Entonces Leonardo perdió la batalla. La tomó por la cintura con ambas manos, la atrajo contra sí con fuerza desesperada y la besó de verdad.

Fue un beso que lo rompió todo. No suave, no delicado: hambriento, feroz, desbordante. Sus labios se movieron sobre los de ella con una urgencia que hizo que las piernas le fallaran. Él la sostuvo con firmeza, una mano en la espalda, la otra en la nuca, acariciando su cabello, atrayéndola más y más cerca, como si quisiera fundirse con ella. Katherine rodeó su cuello con los brazos, respondiendo con la misma intensidad, olvidando el trato, olvidando la venganza, olvidando todo excepto el sabor de su boca, el calor de su piel, la forma en que pronunciaba su nombre entre besos, como si fuera algo sagrado y prohibido a la vez.

Cuando se separaron, ambos respiraban agitadamente, con las frentes juntas, los labios hinchados, las miradas enlazadas, incrédulos de lo que acababa de ocurrir.

—Dijiste que no mezclaríamos —susurró ella, con una media sonrisa temblorosa.

Leonardo le acarició la mejilla con el dorso de los dedos, despacio, con ternura y fuego a la vez.

—Lo sé —reconoció él, con voz áspera—. Y mentí. Porque desde el primer momento en que te vi… no he podido pensar en otra cosa que no sea tocarte así.

La besó de nuevo, más suave esta vez, lento, profundo, como si quisiera grabarse el recuerdo para cuando no estuvieran juntos.

—Esto es peligroso —dijo contra sus labios—. Más peligroso que todo lo que haremos.

—Lo sé —respondió ella, apretándolo más—. Pero no me importa.

Leonardo la miró largo rato, con una expresión que mezclaba deseo y temor.

—Entonces recuerda mis palabras —dijo, tomándola de la mano—. Cuando todo se queme… no te vayas.

—No me iré —prometió ella.

Se separaron con esfuerzo. Él la acompañó hasta la puerta, le rozó los labios por última vez con un beso breve, casi doloroso, y retrocedió.

—Entra —dijo—. Y cierra la puerta. Antes de que decida quedarme.

Katherine asintió, entró y se apoyó contra la madera cerrada, con la mano en los labios, aún sintiendo el beso, el fuego, la verdad que ninguno de los dos quería decir en voz alta. Miró por la ventana: él seguía allí, inmóvil, mirando la puerta, como si luchara consigo mismo. Poco después, arrancó el coche y se fue, dejándola sola con el corazón desbocado y la certeza absoluta: la farsa había terminado. Lo que empezaba ahora era mucho más real, mucho más arriesgado… y mucho más peligroso.

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Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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