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Un Mafioso en el Convento

Un Mafioso en el Convento

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:29.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Gizelly Ladislau

Dante Herrera es el jefe de la mafia más temida de España: frío, implacable, dueño de todo lo que desea. Hasta que una emboscada lo deja al borde de la muerte y el destino lo arroja al último lugar donde alguien como él debería aparecer… el patio de un convento.

Quien lo encuentra medio muerto es Mary, una novicia de dieciocho años criada entre rezos, huérfana y entregada por completo a Dios. Ella jura salvarlo. Nunca imaginó que, al hacerlo, pondría en peligro lo único que creía intocable: su fe, sus votos y su propio corazón.

Él aprendió a sobrevivir en un mundo de sangre y traición. Ella aprendió a amar sin pedir nada a cambio. Entre ellos hay un abismo —el altar y el crimen, el cielo y el pecado— y una atracción que ninguno de los dos sabe cómo detener.

Pero los enemigos del pasado no olvidan, y una venganza silenciosa se acerca a la familia Herrera. Cuando la guerra estalle, Mary tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por un hombre que jamás debió amar.

NovelToon tiene autorización de Gizelly Ladislau para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — Un Mafioso en el Convento

Dante:

El amor tiene una manera cruel de instalarse.

Llega sin pedir permiso, sin avisar, sin respetar reglas, promesas ni juramentos.

Y cuando te das cuenta…

Ya es demasiado tarde.

Yo lo descubrí aquella semana.

Desde el domingo en que besé a Mary por segunda vez y le pedí que se casara conmigo, mi vida entera pareció girar en torno a ella.

No importaba cuántas reuniones tuviera.

No importaba cuántos problemas surgieran en las obras del hospital.

No importaba cuántos hombres de la organización exigieran mi atención.

Mi pensamiento siempre volvía a ella.

Mary Méndez.

La novicia que me robó la paz.

Todas las tardes, exactamente a las cuatro, el auto de mi madre paraba frente a la mansión.

Las cuatro jóvenes bajaban juntas.

Siempre cansadas.

Siempre sonrientes.

Pasaban el día entero visitando el espacio provisional donde estaban acomodados los niños mientras se terminaban las obras del hospital.

Ver a Mary trabajando con aquellos niños era algo imposible de olvidar.

Parecía hecha para eso.

Los pequeños corrían hacia ella.

Le abrazaban las piernas.

Le tiraban del hábito.

Le pedían cuentos.

Le pedían oraciones.

Le pedían que los cargara.

Y ella lo daba todo.

Cariño.

Atención.

Amor.

A veces yo la observaba de lejos.

Sin que ella lo notara.

Y cada vez que lo hacía, mi corazón quedaba aún más perdido.

Durante aquella semana compartimos pequeños momentos.

Miradas durante la cena.

Sonrisas discretas.

Conversaciones rápidas en los pasillos.

Roces accidentales que hacían estremecer todo mi cuerpo.

Era poco.

Muy poco.

Pero para alguien enamorado cualquier segundo vale una eternidad.

Mary aún parecía asustada.

Yo podía verlo.

Ella me amaba.

De eso estaba seguro.

Pero también amaba su fe.

Y luchaba contra aquello todos los días.

Por eso no la presionaba.

Yo esperaría.

El tiempo que hiciera falta.

Porque por primera vez en la vida no quería conquistar a una mujer.

Quería merecerla.

Aquella noche mi madre parecía extrañamente satisfecha.

Sentada en el salón, tomaba su té mientras observaba la casa.

Una sonrisa misteriosa bailaba en sus labios.

La misma sonrisa que ponía cuando estaba tramando algo.

—¿Qué pasa ahora? —pregunté.

Ella solo se encogió de hombros.

—Nada.

Eso significaba absolutamente todo.

Pero decidí no insistir.

Poco sabía yo que, en ese mismo instante, en la habitación de las chicas, una conversación lo cambiaría todo.

Mary estaba sentada en la cama.

Sus manos apretaban el rosario.

Parecía nerviosa.

Las otras tres ya estaban ahí.

Natalia estaba tirada sobre un montón de cojines.

Graziela leía un libro.

Entonces la puerta se abrió.

Bárbara entró.

Furiosa.

Pero cargando una enorme bandeja de rosquillas cubiertas de chocolate.

—Si la hermana Mary convocó una noche de chicas es porque viene drama —anunció.

Natalia soltó una carcajada.

—Y tú trajiste munición.

—Las rosquillas son más importantes que la munición.

La tensión bajó de inmediato.

Era imposible no reír con Bárbara.

Mary respiró hondo.

Miró a cada una de ellas.

Entonces habló.

—Creo que me arrepiento de haber aceptado venir a la mansión.

Cayó el silencio.

Natalia frunció el ceño.

—¿Por qué?

Mary bajó los ojos.

El corazón le latía tan fuerte que casi podía oírse.

—Porque estoy enamorada de Dante Herrera.

Las tres se quedaron heladas.

—Y me besó…

Otra pausa.

—Y me pidió matrimonio.

Natalia dio un salto.

—¡LO SABÍA!

Mary casi se cae hacia atrás.

—¡Natalia!

—¡Lo sabía! ¡Por eso desaparecieron aquella tarde de cine!

La habitación se sumió en el silencio.

Nadie sabía qué decir.

Hasta que Bárbara tomó una rosquilla.

Mordió.

Masticó con calma.

Y dijo:

—Tal vez tengas razón.

Todas la miraron.

—Giovanni también me besó.

—¿¡Qué!? —dijeron a la vez.

Bárbara suspiró dramáticamente.

—Según él, era la mejor manera de probar el glaseado de mi rosquilla.

Por unos segundos hubo silencio.

Entonces todas empezaron a reír.

Mary incluida.

La risa era tan fuerte que le brotaron lágrimas de los ojos.

—Eso es exactamente algo que Giovanni diría —logró decir Natalia entre carcajadas.

—Lamentablemente —respondió Bárbara.

Cuando la diversión bajó, Graziela cerró el libro.

Sonrojada.

Mucho.

—Creo que yo también tengo que confesar algo.

Las tres la miraron.

—Kevin cayó encima de mí.

Natalia arqueó una ceja.

—¿Cayó?

—No sostuve bien la escalera.

—Continúa.

—Fue a buscar un libro.

—Continúa.

—Perdió el equilibrio.

—Continúa.

—Y me besó.

Natalia aplaudió.

—Aquí hay un patrón.

Graziela escondió el rostro.

—Fue sin querer.

—Claro que sí —respondió Bárbara.

Nadie lo creyó.

Ni ella misma.

Entonces todas las miradas se volvieron hacia Natalia.

Ella estaba extrañamente callada.

Comiendo una rosquilla.

Pensativa.

—¿Y tú? —preguntó Mary.

Natalia suspiró.

Sonrió.

Y por primera vez parecía vulnerable.

—Yo besé a Pietro.

Silencio.

—Le gané en la Sueca.

—¿Y…? —preguntó Bárbara.

—Y fui a cobrar mi premio.

Las chicas volvieron a reír.

Pero Natalia continuó.

Esta vez más seria.

—Estuvo bien.

Aquellas dos palabras cambiaron el clima de la conversación.

—Muy bien.

Bajó los ojos.

Apareció una sonrisa enamorada.

—Y no me arrepiento.

Mary sintió que el corazón se le aceleraba.

Porque conocía esa mirada.

Era la misma que veía en el espejo.

Natalia siguió:

—Quiero dejar el hábito.

Las otras se quedaron inmóviles.

—Quiero vivir este amor. Quiero ser la señora Herrera no por el dinero ni por el apellido. Sino por el hombre que es Pietro. Por la forma en que me mira. Por la forma en que me respeta. Por la forma en que me hace sentir especial.

Ella sonrió.

—Y también porque es absurdamente guapo.

Bárbara casi se atraganta.

—Por fin alguien lo dijo.

Natalia la ignoró.

—Es demasiado serio. Eso me irrita. Pero ese perfume que usa… Dios mío. No existe oración suficiente para salvarme de ese perfume.

Las chicas soltaron otra carcajada.

Pero pronto la risa desapareció.

Porque la verdad estaba ahí.

En medio de ellas.

Demasiado grande para ignorarla.

Mary miró a cada amiga.

Bárbara.

Graziela.

Natalia.

Y finalmente a sí misma.

Tal vez el problema no era la mansión.

Tal vez el problema era que todas ellas habían encontrado algo que jamás esperaban encontrar.

Amor.

Y en aquel cuarto iluminado apenas por la luz suave de las lámparas, compartiendo rosquillas de chocolate y secretos peligrosos, ninguna tuvo el valor de admitirlo en voz alta.

Pero todas lo sabían.

Sus corazones ya habían tomado una decisión.

Y por una ironía del destino…

Mientras ellas intentaban entender sus sentimientos…

Consuelo Herrera, del otro lado de la casa, seguía tramándolo todo en silencio.

Con la paciencia de una madre.

Y la determinación de una mujer que ya había decidido quiénes serían sus futuras nueras.

1
Yrma Laya
gracias me gustó mucho
Princesa
Se está enamorado
Princesa
La señora Herrera, es increíble
Princesa
Esto se está poniendo bueno jejeje
Princesa
Los hermanos están todo que ver 🥰🥰
Princesa
Presiento que van a terminar enamorados 🥰🥰
Jenny Jimenez
Más guapas las amigas que la protaginista
Ines Arce
sienpre Dios te pone en el camino ka indicada
Ines Arce
me facina consuelo q mama mas conpinche super chebere🥰
Ines Arce
q lindo q sra mas conpinche buenusimis
Alexandra Muñoz
no me dan los cálculos de las edades de madre e hija ?
Maris Benitez
interesante comienzo, creo que la monjita va a colgar los hábitos 🫠🤭🤭
Maris Benitez
UPS 🫪 sr irán a enamorar 😍
Graciela Saiz
excelente 👏👏👏👏👏
Graciela Saiz
🤭🤭😂😂 tremenda la suegra 🤭😂😂😂,cuando se entere la madre superiora ! 😂😂😂😂les corrompió a las cuatro monjas 😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Graciela Saiz
cómo así, saben que son mafiosos? y la madre como que las recibió al llegar, así ella venía con ellas , 🫣🤭😂
Graciela Saiz
pero que pensarán las monjas si se enteran que son mafiosos 🤷
Graciela Saiz
pero lo que no sabes Consuelo , es que la monja será transferida 🤷
Graciela Saiz
no sé ve ninguna foto 🙂‍↕️
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