Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 2: Ella es mía...
ADLER
La miré salir del hospital. No había cambiado nada en estos dos meses. Seguía caminando con la misma elegancia discreta que había conseguido quedarse grabada en mi mente.
Ella estaba exactamente donde la quería. Donde sabía que estaría.
Apoyado contra mi automóvil, con las manos de los bolsillos de mi abrigo, observé a Kaelyn bajar las escaleras con una expresión tranquila, pero a la vez distraída, con el tiempo aprendí a reconocer incluso desde lejos.
Dos meses desde que aquella noche. Desde que desperté en una habitación de hotel con un espantoso dolor de cabeza y recuerdos fragmentados.
Al principio pensé que solamente había cometido una estupidez. Hasta que descubrí la verdad. Me habían drogado.
La mujer que había provocado aquella situación resultó ser una oportunista que había intentado aprovecharse de mí. Por suerte, para mí, esa mujer ya estaba en la cárcel.
Pero había algo que ella no pudo borrar. Las cámaras de seguridad. Después de ver las grabaciones del hotel, descubrí quién había estado conmigo aquella noche.
Ella. Kaelyn.
La mujer que durante semanas había estado trabajando frente a mí sin que yo comprendiera quién era en verdad.
Mi secretaria.
La mujer que apenas levantaba la vista cuando entraba a mi oficina. La misma que creía que yo no la notaba. Pero qué equivocada estaba ella.
Desde el instante en que vi las grabaciones, algo dentro de mí cambió. Pedí que investigaran con discreción su identidad. Su vida. Su familia. Sus hábitos. Sus horarios. Todo.
Y entonces llegó la noticia.
Estaba embarazada. Mi hijo. Mi sangre.
Por primera vez en mucho tiempo, me quedé sin palabras. No porque me haya sorprendido la noticia. Si no porque, en el fondo, deseaba algo parecido desde esa noche.
No sabía de qué manera explicarlo.
Su voz. Su mirada. Su cuerpo.
No recordaba cada detalle de esa noche. Pero recordaba lo suficiente. Y ahora sabía que ella era la mujer que había aparecido tantas veces en mis sueños. La mujer que había deseado sin conocer. La mujer que había estado buscando sin saber que estaba tan cerca de mí. Aquella mujer había quedado grabada en mi mente desde el primer momento.
Kaelyn. Mi Kaelyn.
Mi mirada bajó lentamente a su vientre. Todavía no había un cambio evidente. Para cualquiera, esa mujer simplemente parecía salir de una consulta médica.
Pero yo ya sabía la verdad. Dentro de ella crecía mi hijo. Mi sangre. Una parte de mí. Y no pensaba permitir que nadie se interpusiera. La observé guardar algo dentro de su bolso. Una fotografía. Probablemente era la ecografía. Mis labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible. Así que ya lo había visto. A nuestro hijo.
Por un momento imaginé cómo sería cuando naciera. Sí tendría sus ojos. Su sonrisa. Mi cabello. Su carácter. O sí sería una peligrosa combinación de ambos.
La idea me produjo una sensación muy extraña. Algo parecido a la satisfacción. Kaelyn levantó la cabeza. Por un segundo nuestras miradas estuvieron a punto de encontrarse. Me aparté ligeramente de su vista.
Todavía no. No quería acercarme. No todavía. Había esperado demasiado para arruinarlo todo por mi impaciencia.
Ella debía acostumbrarse primero a la idea de que yo estaba cerca. A la sensación de ser observada por mí. A mi presencia. Quería que comenzara a preguntarse quién estaba detrás de aquella sensación.
Quería que pensara en mí incluso cuando no pudiera verme. Entonces, finalmente, Kaelyn giró la cabeza.
Miró alrededor. Sentí una satisfacción oscura al comprobar que se había percatado de mi presencia. Pero no pudo encontrarme. Perfecto. Volvió a caminar.
La seguí con la mirada hasta que desapareció entre las personas. No necesitaba correr detrás de ella. No necesitaba obligarla a regresar. Todavía. Porque sabía algo que ella desconocía.
Yo ya había encontrado la forma de permanecer en su vida. Y esta vez no pensaba desaparecer. Aquella noche no había sido un accidente. Al menos para mí no.
Quizá ella creería que había sido una aventura. Un error. Una noche que debía quedar en el pasado. Pero estaba completamente equivocada.
Porque mientras ella llevaba a mi hijo dentro de su vientre, yo ya había tomado una decisión.
Kaelyn sería mía. No me importaba cuánto tardara. No me interesaba cuánto tuviera que esperar. No importaba cuántos muros levantará.
Los derribaría uno por uno. Porque desde el momento en que descubrí quién era aquella mujer de mis sueños...
Supe que finalmente la había encontrado. Y cuando un Schneider encuentra aquello que considera suyo...
No lo pierde. Jamás.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂