Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.
NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
Capítulo 24
La exesposa que no logra entender
Emilia se fue llorando.
Los empleados comentaron a escondidas que cada visita suya terminaba igual: un escándalo y un llanto. Parecía que llegaba a la casa para ensayar una tragedia.
Alejandro permaneció mucho rato sentado, mirando el traje destrozado.
Mercedes entró con leche caliente.
—Es tarde. Beba un poco y descanse.
Al ver la ropa, suspiró.
—Qué lástima.
No hablaba solo del traje.
—La próxima vez que venga Emilia, no la deje entrar en mi dormitorio ni en el estudio —ordenó Alejandro—. Tampoco en la habitación de Clara.
Mercedes se mostró aliviada.
—Con esa orden, no va a entrar. Hoy cerré la habitación de la señora por precaución. Quién sabe qué más habría hecho.
—No hable así. Emilia no es tan mala. Yo le hice perder tres años.
Mercedes alzó la voz.
—¿Y la señora? ¿Qué hizo ella para merecer esto? ¿No siente que también le debe algo?
—Mi abuelo me obligó a mí, no a ella. Clara podía haber decidido no casarse.
—¿Está diciendo que se lo buscó?
Alejandro apretó los labios.
No respondió.
Mercedes recogió el vaso.
—Descanse. No voy a molestarlo más.
Salió con la leche.
Alejandro la vio marcharse, desconcertado.
¿Estaba enfadada?
Él sí quería beberla.
¿Desde cuándo Clara tenía de su lado a la persona más cercana a él?
Qué habilidad para ganarse a la gente.
* * *
Emilia volvió a casa con la mala noticia.
Sin el apoyo de los Montenegro, el negocio de los Rivas quedaba al borde del desastre.
Bruno rompió un cenicero contra el suelo.
—¡Maldito Alejandro! Dice que te ama y luego nos deja solos. ¿Cree que puede tratarnos como quiera?
—Me ama. Se separó de ella por mí…
Emilia intentó defender lo poco que le quedaba de orgullo.
—¡Porque le convenías más! Tú eres una heredera. Clara no tiene nada. Hasta un idiota habría elegido.
Emilia sabía que su hermano quería apoyarla, pero aquello sonaba más a insulto que a elogio.
Su padre intervino, nervioso.
—¿Qué pasó para que cambiara de opinión?
—No lo sé. Hoy fue a ver a Valeria Duarte y volvió distinto. Ya no quiere ayudarnos.
Emilia miró a los dos.
—¿Hicieron algo a escondidas y él se enteró? Parecía muy molesto con nosotros.
Bruno abrió los ojos.
—¡A lo mejor es por Clara!
Emilia se tensó.
—¿Qué quieres decir?
—La vi hace unos días en el club nuevo de Héctor. La loca vino a buscarme problemas. Alejandro apareció, la defendió y hasta me obligó a pedirle disculpas.
Todavía le ardía aquella humillación.
A Emilia se le heló el pecho.
¿Empezaba a sentir algo por Clara?
No podía permitir que volviera a ocupar un lugar en su vida.
La señora Rivas intentó tranquilizarla.
—Cuando te cases con él, podremos recuperarnos. Clara ya fue abandonada. No tiene cómo cambiar eso.
Su mirada se volvió calculadora.
—Ahora necesitamos limpiar la imagen del negocio. Hay que encontrar a alguien que cargue con la culpa.
Bruno sonrió lentamente.
—Sé quién puede hacerlo.
* * *
La reputación de Élite estaba por los suelos.
Las decenas de tiendas que tenía en Santa Aurelia estaban casi vacías.
Alejandro había retirado su apoyo. Si no encontraban una salida antes de gastar el último dinero que les había dado, todo terminaría.
El Grupo Duarte, en cambio, había ganado el reconocimiento del público por denunciar los productos de mala calidad.
KS World volvía a despertar interés.
—Como pidió, seguimos a González desde que salió del hotel —informó Tomás—. Se ha reunido con Bruno varias veces.
Mientras hablaba, aplicaba aceite de cuidado sobre la manicura color vino de Valeria.
—Usted ya sabía lo que iba a hacer.
Ella sonrió, satisfecha con la atención.
—Se enriquecieron juntos a costa del hotel. No iban a dejar de hablar de un día para otro.
Miró sus uñas.
—El fin de semana harán una conferencia de prensa. Vas a ver cómo uno de los dos intenta salvarse hundiendo al otro.
* * *
Los colchones nuevos llegaron aquel día.
Valeria quiso ir personalmente a revisar la entrega en la parte trasera del hotel.
—No tiene que hacer estos trabajos —le dijo Tomás—. Podemos ir el encargado de habitaciones y yo.
—No soy una muñeca delicada. He disparado en una zona de guerra. Después de una batalla cargué a más de diez heridos y atendí a más de cien. Revisar colchones no va a agotarme.
Una sombra triste le cruzó los ojos.
Entre los heridos que había rescatado en Kalia estaba Alejandro.
Las balas le habían alcanzado la pierna y el hombro. Estaba caído en un charco de sangre. Le gritó varias veces que lo dejara.
«¡No te quedes por mí! ¡Vete!»
«¡Te dije que te fueras!»
Ella se negó.
«¡No voy a abandonarte! Si no puedo sacarte de aquí, me quedo contigo. Nos vamos juntos.»
Valeria había estado dispuesta a morir.
Llevar a un hombre de casi un metro noventa hasta un lugar seguro parecía imposible.
En medio del miedo, había llegado a preguntarse si aquello significaba que por fin estaban juntos.
Sufrir a su lado. Morir a su lado.
Entonces habría aceptado ese destino sin arrepentirse.
Ahora sonrió con amargura.
El corazón seguía doliéndole.
¿Cómo podía seguir reaccionando por él después de tanto daño?
Quizá nunca debió conocer a alguien que la marcara tan joven.
* * *
En la zona de carga, los trabajadores bajaban la mercancía.
El encargado de habitaciones admiró que la gerente quisiera revisar todo por sí misma.
Tomás ayudó a Valeria a subir al camión.
Ella abrió al azar uno de los colchones, palpó la superficie y se sentó para probarlo.
Sonrió.
—Bien. Pueden descargar el resto.
Un Lamborghini azul eléctrico llegó rugiendo.
La entrada del estacionamiento quedaba cerca. Ver autos de lujo por allí no era raro.
Pero en ese iba Héctor Salazar.
Llevaba lentes oscuros y una mujer junto a él. Después de pasar la noche juntos y dormir hasta tarde, habían salido a comer.
Héctor miró por la ventanilla, aburrido.
Entonces vio a Valeria ayudando a mover un colchón.
En el club había parecido una rosa brillante en medio de la noche. Ahora, con ropa de trabajo, resultaba igual de hermosa. Más firme. Más segura.
Se movía con rapidez, sin quejarse ni temer ensuciarse.
No se parecía a las mujeres que él conocía, incapaces de hacer algo con sus propias manos.
Héctor sonrió, interesado.
—La chica del pueblo sí sabe trabajar.
Que extraño Mateo Duarte quiere ser pastor de una iglesia y Nicolás es Fiscal 🤔🤔🤔❓❓❓