Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido
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LA NOCHE QUE NASIO EL ODIO
La Luna Roja dominaba el cielo.
Su resplandor carmesí teñía los bosques, las montañas y los antiguos castillos de ambos reinos.
Era una noche que solo aparecía unas cuantas veces cada siglo.
Los hombres lobo fortalecían sus patrullas.
Los vampiros aprovechaban la oscuridad para alimentarse lejos de las aldeas humanas.
Y ninguno de los dos clanes imaginaba que aquella misma luna cambiaría su destino para siempre.
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En el Reino Nocturno...
La pequeña Aylin dormía profundamente en una elegante cuna de madera negra tallada con rosas y lunas crecientes.
Su diminuto pecho subía y bajaba lentamente.
Una pequeña mano descansaba sobre la manta de terciopelo.
La reina Seraphina no podía apartar la mirada de su hija.
Una sonrisa dulce iluminó su rostro.
—Es tan hermosa...
El rey Draven se acercó por detrás y rodeó suavemente la cintura de su esposa.
—Se parece mucho a ti.
Seraphina soltó una pequeña risa.
—No...
Tiene tus ojos.
Draven volvió a observar a la bebé.
Los ojos de Aylin permanecían cerrados, pero sabía perfectamente que, cuando despertara, aquellos pequeños ojos serían del mismo rojo intenso que los suyos.
El rey acarició el cabello plateado de su esposa.
—Aún deberías descansar.
Ella negó despacio.
—Necesito salir.
Draven frunció ligeramente el ceño.
—¿Esta noche?
Seraphina asintió.
—Perdí mucha s@ngr3 durante el parto.
Necesito alimentarme para recuperar fuerzas.
Solo cazaré algún ciervo o un jabalí.
No tardaré.
Draven permaneció en silencio unos segundos.
Sabía que tenía razón.
Los vampiros podían sobrevivir alimentándose de s@ngr3 animal durante largos periodos.
Era suficiente para mantenerse fuertes.
Solo en circunstancias extremas recurrían a la s@ngr3 humana.
Finalmente sonrió.
—Entonces iré contigo.
Seraphina negó con dulzura.
—No.
Quédate con nuestra hija.
Ella te necesitará si despierta.
Draven volvió a mirar la cuna.
La pequeña Aylin dormía tan tranquila que parecía ajena al mundo.
—Está bien.
Pero prométeme que regresarás antes del amanecer.
Seraphina tomó su rostro entre las manos.
—Te lo prometo.
Después besó su frente.
Caminó hasta la cuna.
Con infinita ternura acarició la mejilla de su pequeña.
—Volveré muy pronto...
Mi princesa.
Aylin hizo un pequeño sonido mientras dormía.
Como si reconociera la voz de su madre.
Seraphina sonrió.
Después tomó una larga capa negra.
La capucha cubrió su cabello plateado.
Y salió del castillo.
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Al mismo tiempo...
En el territorio de los hombres lobo...
Selene caminaba junto al lobo llamado Darian.
Ambos se internaban cada vez más en el bosque.
—Ya no hay vuelta atrás... —susurró Darian.
Selene negó lentamente.
—Nunca la hubo.
Durante años fingí ser la Luna perfecta.
Pero jamás dejé de amarte.
Darian tomó su mano.
—Ahora nadie volverá a separarnos.
Los dos llegaron al lugar donde habían preparado todo.
Entre unos arbustos descansaba el falso cu3rpø.
Selene lo observó unos instantes.
Era idéntico a ella.
Mismo cabello.
Misma ropa.
Mismo collar.
Darian tomó un recipiente con s@ngr3 animal.
La derramó cuidadosamente sobre la ropa.
Después marcó el cuello del falso cu3rpø para que pareciera la mordida de un vampiro.
Selene respiró profundamente.
—Cuando Kael lo encuentre...
Pensará que fui atacada durante la cacería.
Darian asintió.
—Y culpará a los vampiros.
Ella cerró los ojos.
No respondió.
Su mirada viajó por un instante hacia la fortaleza.
Allí...
Dormía el pequeño Lev.
Su hijo.
El cachorro que apenas había nacido el día anterior.
Darian notó su expresión.
—¿Lo lamentas?
Selene permaneció en silencio.
Luego habló con una frialdad que sorprendió incluso a su amante.
—No.
Solo esperé a que naciera.
Si me hubiera ido antes...
Kael me habría buscado hasta encontrarme.
Ahora...
Ese cachorro crecerá con su padre.
Yo comenzaré una nueva vida.
Darian suspiró aliviado.
Tomó la mano de Selene.
—Entonces vámonos.
Los dos desaparecieron entre los árboles.
Sin mirar atrás.
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Mientras tanto...
Seraphina corría entre los bosques cercanos al territorio vampiro.
Sus sentidos estaban más agudos gracias a la Luna Roja.
Escuchó el sonido de unas pezuñas.
Un joven ciervo bebía agua junto a un arroyo.
La reina descendió silenciosamente de una roca.
Era tan veloz que el animal apenas levantó la cabeza.
En cuestión de segundos ya había terminado de alimentarse.
Solo tomó la cantidad necesaria.
Después se apartó.
El ciervo escapó internándose en el bosque.
Seraphina limpió cuidadosamente sus labios.
La fuerza comenzaba a regresar a su cuerpo.
Sonrió con alivio.
—Mucho mejor...
Miró la luna.
Aún tenía tiempo para regresar.
Comenzó el camino de vuelta completamente ajena a lo que estaba ocurriendo varios kilómetros más al norte.
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En el territorio de los hombres lobo...
Un grupo de centinelas patrullaba el bosque.
Uno de ellos se detuvo de golpe.
—¿Perciben ese olor?
Otro levantó la cabeza.
—Sí...
Huele a...
S@ngr3.
Los tres guerreros siguieron el rastro.
Hasta llegar a un pequeño claro.
El más joven dejó escapar un grito.
—¡Por la Diosa Luna!
Frente a ellos...
Yacía el falso cu3rpø de Selene.
Cubierto de s@ngr3.
Con una profunda marca en el cuello.
Uno de los guerreros cayó de rodillas.
—La... Luna...
Otro observó la aparente mordida.
Su rostro perdió el color.
—Es una mordida de vampiro...
El capitán de la guardia apretó los puños.
—¡Corran!
¡Avisen al Alfa!
¡Ahora!
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Kael llegó pocos minutos después.
Aún llevaba a Lev dormido entre sus brazos.
No había querido dejar solo a su cachorro.
Cuando vio el supuesto cu3rpø...
Sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—...Selene...
Sus piernas cedieron.
Cayó de rodillas sobre la nieve.
Con sumo cuidado dejó al pequeño Lev en brazos de una anciana.
Después se acercó lentamente.
Temblando.
Tomó la mano inmóvil del falso cu3rpø.
Estaba fría.
El Alfa rompió en un desgarrador aullido.
Todo el bosque respondió al eco.
Los lobos inclinaron la cabeza.
Algunos comenzaron a llorar.
El anciano consejero observó la marca del cuello.
—Los vampiros...
La m@t@r0n...
Kael levantó lentamente la cabeza.
Sus ojos dorados comenzaron a oscurecerse por la rabia.
Miró la aparente mordida una vez más.
Después cerró los puños.
—Draven...
Pagará por esto.
Aunque tenga que acabar con todo su clan.
Los guerreros rugieron con furia.
La noticia se extendió por todo el territorio.
Aquella misma noche...
El odio entre los dos pueblos acababa de nacer.
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Al amanecer...
Seraphina regresó al castillo.
Entró silenciosamente en la habitación.
Draven permanecía sentado junto a la cuna.
No había dormido.
Sonrió apenas la vio.
—Volviste.
Ella dejó la capa sobre una silla.
—Te lo prometí.
El rey la abrazó.
—¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor.
La s@ngr3 animal fue suficiente.
Después ambos se acercaron a la cuna.
La pequeña Aylin acababa de despertar.
Abrió lentamente sus brillantes ojos rojos.
Estiró sus diminutos brazos.
Seraphina la tomó entre los suyos.
—Buenos días...
Mi pequeña.
Aylin sonrió por primera vez.
Una sonrisa tan inocente que hizo reír a sus padres.
Ninguno de los tres sabía que, en ese mismo instante...
A cientos de kilómetros...
Un Alfa acababa de jurar que algún día d3stru1ría al Clan de los Vampiros.
Y que aquella mentira, nacida bajo la Luna Roja, perseguiría a sus hijos durante toda la vida.